9 de diciembre 2005 - 00:00

Votan el domingo en Chile: se habla más de ballottage

Caso atípico en la región, el presidente de Chile que salga de las urnas no tendrá ante sí una titánica tarea fundacional sino, simplemente, velar por el brillante legado económico que le permitió al país crecer 5,8% promedio en los últimos 16 años y ponerse al borde mismo del desarrollo. Todas las encuestas auguran el domingo un triunfo de Michelle Bachelet, pero parece firme la posibilidad de que deba esperar a una segunda vuelta el 15 de enero para convertirseen la primera mujer en gobernar su país. Es una socialista moderna y moderada, defensora del modelo económico en curso. Sus rivales, Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, más liberal el primero y más conservador el segundo, pelean entre sí para quedar segundos. Eso les permitirá competir en el ballottage con la esperanza de, uniendo fuerzas, batir todos los pronósticos. Dirimirán, además, el liderazgo de la derecha local para los años por venir.

Votan el domingo en Chile: se habla más de ballottage
Santiago - La singularidad del progreso que marcan los números de la economía cambió el ánimo y, en parte, la estima que muchos chilenos dicen tener de sí. Así, con un consenso amplio en cuanto a que sólo hay que profundizar la tendencia general que lleva el país y con pocas diferencias expresadas a los gritos, 8,2 millones de chilenos se aprestan el domingo a elegir al cuarto presidente de la democracia recuperada en 1990.

Como es tradición, el país presenta un abanico ideológico «a la europea», en cuanto a que abarca propuestas que se definen claramente de izquierda a derecha, más allá de las particularidades que encierra cada formación.

En la centroizquierda se ubicala Concertación por la Democracia, que gobierna el país desde hace casi 16 años y que hegemonizan en relativa paridad de fuerzas el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, dos formaciones que supieron ser férreas rivales antes del régimen de Augusto Pinochet. Allí conviven con alguna tirantez sectores de centro, liberales en lo económico, con socialdemócratas un poco menos convencidos de las bondades de la economía de mercado y más atentos a cuestiones sociales y de derechos humanos.

La médica, ex ministra de Defensa e hija de un militar muerto por torturas durante la dictadura, Michelle Bachelet, encabeza la candidatura del oficialismo. Es agnóstica y se convertiría en la primera presidenta de un país que tiene fama, según muchos admiten aquí, de acartonamiento y cierta predominancia de machismo.

• Objetivos

A tono con el momento que vive Chile, la candidata dedicó anoche su discurso de cierre de campaña en el ex edificio del Congreso a definir los objetivos de su eventual gobierno, sin alusiones al pasado: «Queremos servicios públicos de calidad, no sólo viviendas populares, sino barrios nuevos con plazas y jardines, y que no se pida foto en los currículum».

Bachelet habló en un acto VIP, pequeño pero emotivo, en el que estaban sus tres hijos, su madre, personalidades de la política y la cultura como
Patricio Aylwin y las dos Isabel Allende (la hija de Salvador y la famosa escritora). Soledad Alvear, la ex canciller que bajó su candidatura para dar paso a la de la médica socialista, dijo en un breve diálogo con este diario que «no tiene ninguna duda» en que «la Democracia Cristiana va a votar por Michelle Bachelet». Dadas las críticas esgrimidas por la oposición, ¿le hubiera molestado la visita de Cristina de Kirchner al acto de cierre? «No, para nada, en lo más mínimo», concluyó Alvear.

En tanto, el ingeniero y empresario
Sebastián Piñera, que también cerró su campaña con un acto, se había distinguido en la extinta Alianza por Chile por no revindicar demasiado el largo período pinochetista. Hacia allí apuntó cuando este año vio una veta, llevó a Renovación Nacional (RN) al centro, deshizo el acuerdo con sus socios de la Unión Demócrata Independiente (UDI) y podría estar a las puertas de pasar al ballottage y competir sin complejos frente a la Concertación. Del lado de la UDI quedó Joaquín Lavín, el ex alcalde de Santiago que dio la sorpresa en 2000, cuando, a caballo de una estrategia de campaña efectiva que hizo anclaje en la inseguridad, estuvo a punto de birlarle la presidencia a Ricardo Lagos.

Por último, la alianza Juntos Podemos Más, de comunistas y humanistas, postula al fotógrafo
Tomás Hirsch. Esta sociedad tuvo un buen resultado en las pasadas municipales (9,8%) y hace pie en la franja minoritaria que no comparte el optimismo mencionado y que, por el contrario, denuncia marginación, negociados y falta de justicia en relación con el pasado.

La última encuesta conocida ayer, realizada por el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC, 1.200 personas, hasta el 3 de diciembre), dio a Bachelet 41% de las intenciones de voto, contra 22% de Piñera, 19% de Lavín y 7% del humanista Hirsch.

Con un porcentaje de indecisos en torno a 7%, esos números no serían malos para Bachelet, en la medida en que Piñera no despegaría por mucho de 20%. Además, se descuenta que los votos de Hirsch irán para Bachelet en una segunda vuelta, pese a que el postulante izquierdista jura que no le dará su apoyo. El sondeo marca una
eventual victoria de la Concertación en segunda vuelta por 56% a 27% contra la UDI y 50% a 35% contra RN, pero es previsible que de cara al 15 de enero se hayan superado las heridas que hoy están abiertas entre los ex aliados.

Muchas incógnitas hay en torno a la elección de los 120 diputados y de 20 senadores de 10 circunscripciones que este año se votan junto con la elección del presidente. El sistema electoral impide la representación de los partidos menores y se estima que pueden darse muchas sorpresas aun dentro de las propias coaliciones.

• Mejor indicador

Chile exhibe un pronóstico de crecimiento de entre 5% y 6%, el ingreso per cápita de u$s 6.000 es el más alto de la región y sus exportaciones llegarían al récord anual de u$s 40.000 millones en 2005. Los números también marcan el mejor indicador regional de mortalidad infantil y, en la cuenta del debe según admite el propio presidente, una brecha entre los deciles más rico y más pobre que compite con la de Brasil.

Tantos años de progreso desde el reinicio democrático -y aun antes-cambiaron la cara del centro de Santiago y de algunos barrios. El país es otro. Claro que se ven mendigos y linyeras por la calle, amén de una alta dosis de economía informal. Pero ¿cuántas grandes ciudades pueden declarar que no los tienen?.

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