27 de octubre 2004 - 00:00

Acuerdo por deuda no garantiza confianza

Los economistas Luis Secco y Federico Sturzenegger exponen su visión de lo que debe hacerse para reestructurar la deuda. El primero advierte que si el gobierno no acelera las reformas pendientes, el efecto positivo de un acuerdo con bonistas se esfumará. Incluso lo relaciona con el llamado "blindaje-" de la gestión De la Rúa, cuyo efecto en la economía fue fugaz. Sturzenegger, por su parte, hace un importante análisis en función de las operaciones encaradas por otros países que cayeron en cesación de pagos. Obviamente, la Argentina se convertirá en el caso en que se aplique una quita mayor. Como conclusión, da diferentes alternativas para mejorar levemente la oferta, que optimizan la operación. La sensación en los mercados es que la oferta del gobierno no refleja "lo que puede pagar", sino "lo que quiere pagar" y por ello la utilidad de estos análisis.

La salida del default representa una condición necesaria para iniciar el camino de la reconstrucción de la confianza de consumidores e inversionistas, dentro y fuera de la Argentina. Sin embargo, un acuerdo no asegura que dicha reconstrucción se produzca ni indefectible, ni rápidamente.

En efecto, la velocidad a la cual se recompondrán las expectativas depende en buena medida de las características del acuerdo alcanzado y de las políticas implementadas durante y luego del default. Si el tiempo y los excedentes fiscales temporarios que deja el default son utilizados para hacer los deberes en materia estructural; si el acuerdo es amigable y, luego de él no se abandonan las reformas, la recuperación de la confianza puede producirse de manera acelerada, con efectos más que positivos en materia económica y social.

Un caso paradigmático en este sentido ha sido la recuperación de la economía rusa luego del default de agosto de 1998. Por aquellos días, y frente a un contexto caracterizado por un elevado déficit fiscal, retraso en las reformas estructurales pendientes y caída en los precios internacionales del petróleo, el gobierno ruso decidió la devaluación de la moneda (el rublo), la reestructuración de la deuda denominada en moneda doméstica con vencimiento anterior al 31/12/99 y una moratoria de 90 días de los pagos externos del sector privado.

A pesar de que inicialmenteestas medidas provocaron la insolvencia de gran parte del sistema financiero, la paralización de la cadena de pagos,un aumento de la inflación, y una fuerte caída del nivel de actividad, a partir de 1999 la economía rusa inició el camino de la recuperación que aún hoy perdura. La excelente performance posdefault permitió que Rusia lograra alcanzar el «investment grade» en 5 años.

Si se toman en cuenta factores como el cambio de precios relativos posdevaluación, la mejora de la economía mundial y el aumento en el precio de los commodities de exportación, el caso ruso se asemeja al argentino. Pero existen diferencias fundamentales en la velocidad de la salida del default, en la ausencia de reformas estructurales y en el apoyo brindado por los organismos internacionales de crédito. Rusia alcanzó un rápido (el default duró sólo 18 meses) y razonable (la quita en valor presente estuvo en el orden de 47%) acuerdo con los acreedores privados. Además, desde que se declaró el default hace 33 meses y a diferencia del caso ruso, los avances en materia de reformas estructurales en la Argentina han sido realmente escasos y, precisamente, dicha falta de avances ha hecho transitar las relaciones con los multilaterales y el G-7 al borde de la ruptura y el default.

• Incógnita

Si bien las autoridades alcanzaron un acuerdo con los fondos de pensión que les permite un «piso» de aceptación a la propuesta del orden de 20%, lo cierto es que la participación de los acreedores extranjeros sigue siendo una incógnita y, por el momento, el éxito del canje no puede darse por sentado.

El mercado sigue esperando una mejora, mientras las autoridades económicas argentinas siguen mostrándose inflexibles. La Argentina necesita cerrar el canje con un nivel de aceptación elevado (del orden de 80%) para dar por cerrado definitivamenteel capítulo del default.-Vale la pena recordar que Rusia logró 100% de aceptación y Ecuador, para citar otro caso exitoso, 97%. Asimismo, en cuestiones estructurales fundamentales, la Argentina sigue a fojas cero. En materia de renegociación de los contratos con las privatizadas, lo único que existe es un proyecto de nuevo marco regulatorio con olor a viejo e iniciativas que no hacen más que generar incertidumbre y un clima muy negativo para la inversión de riesgo (como el proyecto aprobado en Senadores por el cual no se puede cortar un servicio por falta de pago).

• Coparticipación

Por su parte, el proyecto para establecer un nuevo Régimen de Coparticipación Federal de Impuestos quedó definitivamente en el olvido, mientras la adhesión de las distintas provincias a la sancionada Ley de Responsabilidad Fiscal avanza a paso muy lento. La experiencia rusa demuestra que el default en sí mismo, si bien siempre acarrea costos, no resulta una situación insalvable para el futuro (y la reputación) de una economía. Al igual que sucediera con Rusia, «la suerte» de una economía internacional que juega a favor estuvo (y aún está) del lado argentino.

Sin embargo, la Argentina no avanzó en la puesta en marcha de políticas económicas que permitan consolidar la confianza y el crecimiento. El alivio que trajeron la recuperación económica y la estabilidad financiera y cambiaria desde mediados de 2002 se transformó rápidamente en complacencia y la estrategia de «patear para adelante» los problemas sigue vigente. Aún cuando resulta prematuro hablar de la Argentina posdefault, por cuanto el futuro del canje sigue siendo incierto, sólo habrá crecimiento sustentable si el tiempo de la gestión finalmente llega.

No existe otra forma de descontar el tiempo perdido si no es a través de la gestión de las cuestiones que siguen haciendo de la Argentina una economía frágil y vulnerable.

Todavía no está todo perdido. Pero cuidado. Aún sigue fresco en la memoria lo que aconteció después del «blindaje» del verano de 2000/2001: la euforia hizo creer que ya estaba, que se llegaba a las elecciones en piloto automático y, producto de la ausencia de gestión, no fue así. Las perspectivas posdefault dependen crucialmente de si el alivio que traerá el arreglo de la deuda se transformará en renovada complacencia o en gestión.

(*) Director de Perspectiv@s Económicas.

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