Abandonar el tren de la decadencia

Opiniones

El acuerdo en la negociación con la deuda era una condición necesaria pero no suficiente para que Argentina abandone el tren de la decadencia. Ahora tiene la posibilidad de aprovechar una nueva oportunidad: el acuerdo Mercosur-UE.

Luego del acuerdo en la negociación de la deuda con los bonistas de ley extranjera, el Gobierno se encuentra ahora negociando con bonistas que responden a la ley local. Luego, quedará afrontar una dura negociación con el FMI. Hasta aquí, se ha logrando un buen primer paso, pero es el primero de varios que hay que dar. El acuerdo en la negociación con la deuda era una condición necesaria pero no suficiente para que Argentina abandone el tren de la decadencia. No obstante, Argentina tiene la posibilidad de aprovechar una nueva oportunidad: el acuerdo Mercosur-UE. De concretarse, el acuerdo es de gran relevancia por el peso económico que tiene. Concentra un 25% del PBI mundial, una población de 750 millones de personas, un 34% del stock de la IED mundial, el 37% de las exportaciones mundiales y u$s95.000 millones de comercio entre bloques. La pregunta es, ¿Argentina se encuentra preparada para competir en el mundo?

Lamentablemente, la respuesta es no. Sin embargo, una de las ventajas del acuerdo es que su implementación es gradual (dando 15 años de gracia) para que Argentina recupere la competitividad y pueda aprovechar las ventajas de un mercado mucho más grande, pero hay que hacer los deberes. ¿En qué consisten estos deberes?

La lista es amplia, por lo que el esfuerzo deberá ser grande, pero también lo es su recompensa. Son varios los factores que atentan contra la competitividad de Argentina, por lo que aquí se destacaran los más graves: El tamaño del Estado, la elevada presión tributaria, la litigiosidad laboral y la elevada burocracia y costos del comercio.

El talón de Aquiles de Argentina es el elevado gasto público, que se encuentra por encima del 40% del PBI en términos consolidados (Nación, Provincias y Municipios). Si bien se observa una leve baja en los últimos años, aún se encuentra muy por encima del promedio histórico del 30% del PBI. Además, Argentina no posee los recursos (a pesar de su presión tributaria récord) para financiar estas magnitudes elevadas de gasto público. La consecuencia: sesenta años de déficit fiscal, lo que se convierte en un problema de carácter estructural.

Por otro lado, los juicios laborales continúan siendo un problema. Mientras que en el 2003 se iniciaron poco más de 3.000 juicios por ART, en el 2017 la cifra escaló a más de 130.500 juicios. No se observaba el mismo correlato en los accidentes de trabajo. Este problema ha empezado a corregirse y en el 2019 la cifra se redujo a alrededor de 68.000, pero resta mucho por recorrer aún en esta materia.

Existen más razones que deterioran la productividad de Argentina. Por ejemplo, los elevados costos de comercio actúan como barrera de competitividad también. Podemos destacar aranceles a la importación en un nivel del 14%, entre los más altos del mundo. En cuanto a las exportaciones, las noticias tampoco son alentadoras. Todos los bienes exportados deben pagar un derecho de exportación. Más aún, también se comenzaron a aplicar derechos de exportación sobre los servicios. Adicionalmente, los costos burocráticos continúan siendo muy superiores a de las economías desarrolladas. Por supuesto, todo esto contribuye al deterioro competitivo de Argentina. No es casualidad que en el índice Haciendo Negocios que elabora el Banco Mundial, Argentina se ubique en el puesto 126 de 190 países. En otras palabras, hay 125 países donde es más fácil hacer negocios antes que en Argentina.

Desde luego, con problemas de competitividad de magnitud, hacer negocios se vuelve difícil. Como consecuencia, los niveles de inversión extranjera directa son mínimos. Desde luego, ¿quién invertiría en un país donde la presión tributaria es récord y la probabilidad de recibir un juicio (y perderlo) es alta? Por otro lado, Argentina tampoco es un país ejemplo en lo que el respeto a los derechos de propiedad respecta. Sólo basta con recordar el reciente caso de Vicentín para que se evidencie nuestro pésimo track-record en la materia.

Abandonar el tren de la divergencia es posible, pero requiere esfuerzo. Desde luego que será costoso en algunos aspectos en el corto plazo. Sin embargo, no encarar estas reformas estructurales para pasar al tren del desarrollo posee costos aún mayores. Es importante que Argentina se plantee de forma madura las reformas estructurales necesarias para abandonar de una vez por todas el tren de la decadencia.

(*) Economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso

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