Coronavirus, criminalidad y ciberespacio

Opiniones

En el campo del delito organizado el Covid-19 ha incidido en una "nueva normalidad".

La propagación del virus Covid-19 ha alcanzado a todas las facetas de la vida social. El campo de la seguridad no constituye una excepción, la pandemia lo ha afectado no sólo en los ámbitos físicos, sino también en ese entorno virtual de información e interacciones entre las personas conocido como el ciberespacio.

En el plano cibernético, el impacto del Covid ha sido particularmente notorio en el campo de la criminalidad organizada. Por ejemplo, los presuntos medicamentos para combatir al virus se han sumado a los tradicionales bienes y servicios ilegalmente comercializados on-line, generalmente en la llamada Internet oscura, abonados en criptomonedas que dificultan su monitoreo. Asimismo, se han incrementado de manera abrupta los sitios web apócrifos relacionados con esta enfermedad, atrayendo incautos que adquieren productos medicinales que, además de falsos, nunca llegarán a sus manos; en el interín, los criminales acceden a la información personal y bancaria de la víctima, utilizándola para realizar fraudes informáticos.

A este panorama deben agregarse los ciberataques que han sufrido personas y empresas mediante phising, el uso de señuelos que suelen encontrar como puerta de entrada a los correos electrónicos. También en estos casos, cuestiones vinculadas con el Coronavirus han servido de “gancho” para consumar el engaño (oferta de vacunas, bonos de ayuda económica, avisos de autoridades sanitarias, aplicaciones de rastreo del virus para teléfonos móviles, etc.). El abanico de perjuicios generados por estas agresiones ha fluctuado desde los referidos fraudes comerciales, hasta la infección del equipo con virus maliciosos ( malwares) que destruyen la información que contienen, la roban y transmiten a otro usuario (spyware), o literalmente la inhabilitan hasta el pago de un “rescate” por parte de su propietario (ransomware).

Los puntos álgidos de estas acciones criminales se registraron durante el primer semestre del año. Compañías de ciberseguridad privadas indican que, hacia fines de ese lapso, los ataques con phising y malware vinculados de una u otra forma a la pandemia alcanzaron los doscientos mil por semana. Por ese entonces, Interpol informó que el Covid-19 se relacionaba con el 59% y 36% del total mundial de estos ciberataques, respectivamente.

Es imposible soslayar, en esta descripción, los ataques cibercriminales a las infraestructuras críticas, entendiendo como tales a sistemas o instalaciones relacionados con la prestación de servicios esenciales. En tiempos de pandemia, los hospitales y centros de salud adquieren una particular relevancia, que se tradujo en una mayor atracción a las acciones criminales. A lo largo de todo el corriente año y en diferentes partes del mundo, los sistemas informáticos y la aparatología de avanzada de numerosos centros sanitarios fueron objetos de ataques ransomware, generando trastornos que incluso generaron víctimas fatales. El punto álgido de esta tendencia consistió en el ataque simultáneo a más de trescientas instalaciones de la red de medicina estadounidense Universal Health Services, en el mes de septiembre.

En definitiva, también en el campo de la criminalidad organizada el Covid-19 ha incidido en una “nueva normalidad”, que encuentra en un empleo más intensivo del ciberespacio, con formatos innovadores, una de sus aristas más novedosas.

Especialista en Seguridad y Defensa. El artículo refleja conceptos vertidos por el autor en las recientes Jornadas de Relaciones Internacionales de la Universidad Austral.

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