1 de abril 2008 - 00:00

Crisis mundial de alimentos: no es tarde para comprar tierras

Hugo Chávez
Hugo Chávez
Desde 2001 he estado recomendando la compra de campos agrícolas en vista de una potencial crisis alimenticia entre otras cosas. Pero ahora me siento obligado a darle otro nombre al tema. La crisis ya no se encuentra «a la vuelta de la esquina», sino que ya enfrentamos una emergencia.

En muchas áreas es posible que la demanda de alimentos haya comenzado a superar los límites naturales de la oferta.

La economía mundial puede funcionar con petróleo, pero el cuerpo humano no puede sobrevivir sin alimentos. Al mirar hacia atrás en la historia, uno recuerda que la mayoría de las sublevaciones y revoluciones tuvieron por lo menos un catalizador en común, la escasez de alimentos.

Al mundo sólo le faltan diez semanas para que se agoten las reservas de trigo. Si una región de importancia agrícola tuviera un problema sustancial, las consecuencias serían gravísimas.

La creciente demanda, la amplia sequía, las adquisiciones especulativas y numerosos otros factores han hecho que los precios de los alimentos subieran hasta 40% el año pasado. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) predice que algunos países pobres verán aumentar sus gastos en importación de cereales en más de un tercio este año.

El Programa de Alimentación de la ONU, que siempre se ha enfocado en proporcionar alimentos en lugares donde ha existido escasez, ahora recibe solicitudes de ayuda de países donde los precios de los alimentos, no sólo la disponibilidad, constituyen el problema. Los habitantes de clase media de las urbes en Indonesia, Yemen y México estarían sacrificando la educación y atención médica para poder adquirir alimentos.

Los consumidores del mundo desarrollado tampoco están inmunes.

La inflación alimenticia en los Estados Unidos alcanzó 4,9% el año pasado, con un aumento de 0,7% solamente en enero. Los precios récord de los granos significan que los consumidores estadounidenses ya están pagando mucho más por los productos lácteos y la carne. Según el último informe del Departamento del Trabajo, en enero los precios de la leche eran 26% más alto que hace un año.

En muchos países emergentes decenas de miles ya están saliendo a las calles para protestar por el elevado costo de los alimentos. El racionamiento aumenta: el gobierno venezolano de Hugo Chávez ha adoptado un sistema de racionamiento alimenticio sin precedentes, similar al de Cuba; Egipto ha ampliado su sistema de racionamiento alimentario, mientras que Pakistán -en mi opinión el país más peligroso del mundo- ha vuelto a instaurar un sistema de tarjetas de racionamiento. Incitar a una población ya inestable con suministros restringidos de alimentos podría generar una caída sísmica.

La semana pasada los precios del trigo tuvieron el mayor aumento en un día en la historia, debido a las noticias de que Kazajstán, uno de los diez mayores exportadores de granos del mundo, impondría aranceles de exportación en un esfuerzo por ayudar a combatir su tasa de inflación de cerca de 20%, emulando restricciones similares impuestas por Rusia y la Argentina. China acaba de anunciar una tasa de inflación de 8,7% para el mes de febrero y seguramente aplicará alguna medida parecida para reducir el ritmo de crecimiento de los precios. A largo plazo, todas estas medidas provocarán un trastorno mayor. Los subsidios mantienen la demanda artificialmente alta y estimulan el acaparamiento. Los consumidores de los países que aún se rigen por las reglas del libre mercado se verán más afectados por esto. Las cuotas de exportación restringirán los suministros globales, haciendo que los precios suban, etc. Los productores, de otro lado, limitarán su producción si los precios pagados no compensan los costos cada día más elevados del petróleo, los fertilizantes, las semillas y los pesticidas.

Varios otros factores se están sumando para crear la actual emergencia alimentaria. Ninguno de ellos es nuevo pero ahora, de manera distinta que en el pasado, cualquier debilidad que podría haber protegido el sistema se ha agotado.

La producción agrícola global es vulnerable a los patrones climáticos cada vez más imprevisibles, a las sequías épicas y a las temperaturas extremas. La provisión mundial de trigo ha alcanzado el nivel más bajo en treinta años debido a la peor sequía en Australia en los últimos cien años. Las olas de calor en Canadá y Europa también han tenido su efecto. La noticia proveniente de Pekín esta semana es que la sequía y la nieve han afectado a más de la sexta parte del total de la tierra cultivable de China.

El costo de los insumos agrícolas, diésel y fertilizantes sube junto con el costo del transporte de los alimentos, especialmente en países que dependen de importaciones que se transportan por la vía marítima.

Adicionalmente, a medida que suben los precios de los combustibles, también sube la demanda de biocombustibles. Con un incentivo para cultivar materia prima para biocombustibles, los agricultores destinan menos tierra a cultivar granos alimenticios. El 20% de la cosecha de maíz en los Estados Unidos este año se utilizará para la producción de etanol.

A medida que crece la población global, tanto la industria como las construcciones utilizan mayores terrenos, especialmente en Asia; sólo por la desertificación China perdería unas 150.000 hectáreas de tierra cultivable por año. Las compras de soja y maíz de este país se han multiplicado por un factor de diez en los últimos diez años. Al mismo tiempo las reservas mundiales de arroz, el cereal más consumido en el mundo, se están evaporando. Existe menos tierra, menos agua y menos mano de obra para el cultivo de arroz en Asia y no existen soluciones a corto plazo.

Pocas regiones del mundo, especialmente Brasil y Rusia, son lo suficiente afortunadas como para contar con tierras cultivables de barbecho y grandes existencias de agua. Pero éstas son excepciones, la mayoría de las regiones no pueden crear más tierra cultivable, como tampoco pueden obtener más agua. Este es un hecho que vale la pena repetir: se necesitan 1.000 litros de agua para cultivar un kilo de granos.

Junto con estas restricciones en la oferta surge la demanda. Actualmente existen cientos de millones más de personas lo suficientemente ricas para comer proteínas en lugar de una dieta vegetal, lo cual no sucedía hace diez años.

Para reducir el impacto de todo lo que nos está pasando, es imprescindible aumentar el rendimiento de las cosechas con todos los medios disponibles: más fertilizantes, supersemillas, tractores, sistema de regadío central, etc. Todas las empresas activas en el sector, por lo tanto, tendrán unos cuantos años de crecimiento muy fuerte. Me refiero a acciones como Agrium, Bunge, Syngenta, Monsanto, Agco, Deer, Mosaic, Potash por mencionar algunas.

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