Lo que Martín Guzmán no puede decir

Opiniones

Si la austeridad a ultranza de 2001 en la Argentina no fue la respuesta a los supuestos vicios públicos, la recuperación de la economía argentina desde el default tampoco se ha producido como consecuencia de esas políticas públicas.

Los niveles de deuda de los países entrampados en esa esclavitud y un aumento de las tasas de interés, podrían destruir un sinnúmero de economías apenas se reabra todo y se prescinda de los estímulos. Será entonces cuando el extraordinario deterioro producido por el COVID-19 acaecerá más evidente de lo que pudimos averiguar en los medios vernáculos. Si las tasas de interés comienzan a subir más rápido de lo deseado, porque las correcciones de las estimaciones de inflación así lo sugieren, puede volver el apocalipsis zombi.

La inflación mayorista estadounidense se aceleró desde 7.7% interanual en el mes de julio hasta 8.3% en el mes de agosto. Luce posible que en noviembre se anuncie la reducción de compras de bonos por parte de la Fed en forma gradual. Ya vimos como con los mayores rendimientos de los bonos del Tesoro los capitales sobrevolaron hacia los EEUU. Esto hizo que el dólar se apreciara contra las monedas de otros países. La caída del índice S&P, Dow Jones y Nasdaq se correspondieron con las señales de desaceleración de la tasa de recuperación en EE.UU. y, una expectante política monetaria de la FED, menos estrafalaria.

La desestabilización de Kristalina tiene que ver con un eventual regreso de la policía económica del mundo acreedor desplegando sus instrumentos tradicionales. Sin embargo, todos los préstamos posibles no serán suficientes para atender las necesidades de muchos países con graves desequilibrios macroeconómicos. Abordar crisis financieras esta vez resultará difícil en países con altos niveles de desigualdad y tensiones sociales. El FMI debería extraer las lecciones del pasado para que le ayuden a hacer el trabajo que está por venir. La sucesión de programas fallidos y un nuevo fracaso de contornos costosos como los de Argentina 2001, podría destruir para siempre la deteriorada reputación que comenzó a recuperarse hace unos pocos meses.

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Los países miembros más poderosos del FMI deben asegurarse que la entidad sea capaz de hacer frente a los riesgos de la economía mundial, a la salida de la pandemia. [Aunque casi todas las actividades del FMI y el BM tienen lugar hoy en el mundo subdesarrollado…estos organismos están siempre presididos por representantes de los países industrializados….Las instituciones no son representativas de las naciones a las que sirven[1]]

La influencia del “neoliberalismo, los organismos internacionales y los actores políticos nacionales en las crisis”, se ha constituido en uno de los temas políticos más relevantes en el contexto mundial. Una lectura de los acontecimientos de las últimas décadas, da cuenta que han existido 124 crisis, tanto en países desarrollados como emergentes entre 1970 a 2007, dejan en claro que la Teoría Económica Moderna -con su esperanza en que el libre mercado y la globalización- entidades a las que le asignan los sitiales más altos en el podio a la desregulación, la ingeniería financiera y las privatizaciones- serían más bien las causas y no las fuentes de inspiración para encontrar la solución para eliminar las crisis actuales.

Durante la crisis mundial de 2008 quedo claro que hasta el más escéptico en cuanto a las aportaciones de la regulación ha cuestionado aquel argumento repetido por tres décadas como una letanía hipnótica: “El mejor gobierno es un gobierno pequeño que resigna la mayor cantidad posible de funciones que el Estado no desempeña con éxito merced a su consabida ineficiencia y corrupción, a favor de una supuesta-no siempre probada- mayor eficiencia y ética proveniente del sector privado. En tal sentido, las políticas públicas-en lo que hace a la política económica-necesita un equilibrio entre el papel de los mercados y el papel del gobierno. Dicha conclusión emerge en forma diáfana a lo largo de todo el texto citado, donde se contextualizan las circunstancias relativas a decisiones de políticas públicas previas a la crisis denominada “La Gran Recesión”, el fondo de la misma y las posibles reflexiones para lograr salir del estancamiento económico[2]. En el caso argentino, no solo el funcionamiento de las instituciones políticas y la economía fue afectada, sino que ha implicado unos costos inusitados, en términos de estallidos sociales simultáneos en diferentes localidades del país[3], generando una inestabilidad de magnitud, y aun en todos los aspectos[4].

[Stiglitz: Los burócratas internacionales —símbolos sin rostro del orden económico mundial— son atacados por doquier. Las reuniones de oscuros tecnócratas en torno a temas tan anodinos como los préstamos preferenciales o las cuotas comerciales se han transformado en escenarios de iracundas batallas callejeras y grandes manifestaciones. Las protestas en la reunión de Seattle de la Organización Mundial de Comercio en 1999 fueron una sacudida, pero desde entonces el movimiento ha crecido y la furia se ha extendido. Prácticamente todas las reuniones importantes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMC equivalen ahora a conflictos y disturbios. La muerte de un manifestante en Génova en 2001 fue la primera de las que pueden ser muchas más víctimas de la guerra contra la globalización]...

Joseph Stiglitz.
Joseph Stiglitz.
Joseph Stiglitz.

[Stiglitz: Asuntos como los préstamos de ajuste estructural (programas diseñados para ayudar a que los países se ajusten y capeen las crisis) y las cuotas del plátano (los límites que algunos países de Europa establecen a las importaciones de plátanos de países que no sean sus antiguas colonias) interesaban sólo a unos pocos. Se suponía que el FMI se concentraba en las crisis, pero los países en desarrollo siempre necesitaban ayuda, de modo que el FMI se convirtió en ingrediente permanente de la vida de buena parte del mundo subdesarrollado (En la Argentina se constituyo en el principal actor internacional, en términos de influencia y decisión de las políticas públicas, durante el periodo citado).

El régimen político global y local neoliberal asumió el liderazgo en la promoción de estas políticas, en y “el consenso de Washington”. El Foro Económico Mundial en Davos fue el lugar de promoción de la teoría y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la recientemente establecida Organización de Mundial de Comercio (OMC) se convirtieron en los principales implementadores del Consenso de Washington. Las dificultades económicas que enfrentaban todos los gobiernos partir de 1970 (en particular en el Sur y en la antigua zona comunista) hizo extremadamente dificultosa para esos estados, gobernados por antiguos movimientos anti sistémicos, la resistencia a las presiones de “ajuste estructural” y apertura de las fronteras.

Como resultado, se logró una limitada reducción en los costos de producción mundiales, pero el éxito fue mucho menor de lo que esperaban los promotores de semejantes políticas, y muy por debajo de lo que era necesario para terminar con la reducción en el margen de ganancias. Más y más, los capitalistas buscaron aumentar sus ganancias en el área de la especulación financiera antes que en la de producción. Tales manipulaciones financieras pueden dar como resultado grandes ganancias para algunos operadores, pero volatilizan la economía-mundo y la someten a los cambios de cambio monetario y de empleo. Éste es, de hecho, una de las señales del aumento del caos.] …El dramático ataque de Osama bin Laden a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001 fue una señal del caos global y del punto de inflexión en los alineamientos políticos, donde la Argentina asumió una posición soberana e independiente, para comenzar la reconstrucción después del estallido social.

La pobreza es una consecuencia de la desigualdad[5]. Es importante esta sencilla ilustración de Charles Tilly, cuando se vuelven a cruzar los temas de pobreza y desigualdad hoy en los países desarrollados[6].

(Alain Touraine: habla de la insuficiencia de las democracias representativas, debilitadas en las sociedades…cree que se han alejado de la esfera gubernamental con gran impacto social. […Quisimos que la democracia fuera representativa y estuvo bien que así fuera; sin embargo, actualmente es necesario identificar los intereses que son representables y asegurar que los dirigentes sean efectivamente representativos, más que de los intereses particulares o de su propio interés, del interés general que incluye el respeto y la protección de las minorías. Hay que decir que en ese terreno las democracias han retrocedido, porque las sociedades democráticas actuales ya no están divididas, a diferencia de la sociedad industrial, entre una minoría de dirigentes y una mayoría de trabajadores, sean independientes o dependientes, porque en la sociedad postindustrial dominada por los intereses financieros y regida por las políticas neoliberales, son cada vez mayores los sectores de la población desprotegidos y marginados…] “El capitalismo contemporáneo genera todo tipo de desequilibrios y áreas críticas: crisis ecológicas, marginalización, desempleo, y desigualdad en el desarrollo de diferentes sectores de la economía…[7]

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Si la austeridad a ultranza de 2001 en la Argentina no fue la respuesta a los supuestos vicios públicos, la recuperación de la economía argentina desde el default tampoco se ha producido como consecuencia de esas políticas públicas sino, justamente, porque se aliviaron o interrumpieron. Ahora bien, cabe pensar que si cada uno de los elementos de esta historia era erróneo, ni antes de la crisis se cayó en el derroche fiscal ni el tamaño de la deuda externa y el déficit eran un problema inmanejable. Fue la crisis, un fenómeno generado por políticas públicas como la privatización de las jubilaciones que provoco un enorme descenso de ingresos públicos a favor de la creación de las AFJP

[ Stiglitz: La retórica del fundamentalismo de mercado afirma que la privatización reducirá lo que los economistas denominan la “búsqueda de rentas” por parte de los funcionarios, que bien o se quedan con parte de los beneficios de las empresas públicas o conceden contratos y empleos a sus amigos…Si una administración es corrupta, hay escasas evidencias que las privatizaciones resolverán el problema.[8]]

…y el hundimiento de la actividad económica que provoca siempre la austeridad y no las políticas discrecionales de gasto, los que apremiaron los desequilibrios de las cuentas públicas. Es el balance de los cuatro años de Mauricio Macri, cuando el peso se derrumbó frente al dólar, la deuda externa se multiplicó, la actividad económica se desplomó, la inflación se disparó y solo crecieron la pobreza y el desempleo.

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani.

[1] Stiglitz, Joseph, “El malestar de la globalización”, Capitulo 1 “Las promesas de las instituciones globales”, Pág.48. Taurus, Buenos Aires.

[2] Joseph Stiglitz, “Caída Libre” Editorial Taurus, Edición 2010, Ciudad de Buenos Aires

[3] www.cels.org.ar/common/documentos/protesta_social.pdf, 18 nov. 2002 - Documento en formato PDF, elaborado por el centro de estudios legales y sociales (CELS), actualizado al 1º de marzo de 2002

[4] Carlos Gervasoni, Crisis política y crisis financiera en el Gobierno de la Alianza en la Argentina (1999-2001) Universidad Católica Argentina / Universidad Torcuato Di Tella / Universidad del CEMA. Visiting Resource Professor at LLILAS/UT-Austin. October, 2002.

[5] Tilly, Charles, “La desigualdad persistente”, (2000), Manantial, Argentina [La visión de Tilly es que los problemas de las desigualdades son productos de tensiones del sistema generador. En apretada síntesis se podría inferir que la desigualdad estimula la producción de una solución, y que a su vez en esta solución está el germen de una nueva tensión, la cual generará un nuevo problema al que le corresponderá otra nueva solución y así sucesivamente. Tilly no expresa soluciones definitivas a las desigualdades, sino mecanismos explicativos, concentra su estudio principalmente en las organizaciones, sostiene que las condiciones para que una categoría de inequidad cambie se dan cuando los beneficios de la explotación y acaparamiento de oportunidades declinan y los costos de sostener ese proceso se incrementan.]

[6] Stiglitz Joseph, “El precio de la desigualdad”, Editorial Taurus, Buenos Aires, 2012

[7] Laclau, Ernesto, “Debates y Combates. Por un nuevo horizonte de la política”, pagina 48, Fondo de cultura económica, 2008, México

[8] Stiglitz Joseph, ‘El malestar de la globalización”, Pág.95, Editorial Taurus, Julio de 2002, Ciudad de Buenos Aires

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