22 de enero 2004 - 00:00

"El gobierno deberá ayudarnos si quiere medicina para todos"

El gobierno deberá ayudarnos si quiere medicina para todos
" Estamos dispuestos a sentarnos con el gobierno, a abrir todos nuestros números y a buscar alternativas. Pero si se quiere mantener -y mejorar-el actual nivel de atención médica privada en el país, no hay otro camino que aumentar las cuotas, aunque nos duela a todos.» Principal accionista de Swiss Medical Group, la mayor empresa de medicina prepaga del país, Claudio Belocopitt no oculta su indignación al defender la complicada determinación asumida por la industria, de reajustar las cuotas en los planes familiares. «Si el Estado quiere participar en el tema de la medicina privada, acordemos con ellos entonces algún tipo de asistencia. Porque lo que no dicen es que todo aquél que se atiende en la medicina privada se descarga del peso que soporta la medicina pública». A continuación el diálogo de Ambito Financiero con el empresario:

Periodista:
¿Por qué cree que el gobierno ha hecho tanto ruido con este incremento que anunciaron las empresas del sector? ¿Es la primera vez desde la crisis que suben las cuotas?

Claudio Belocopitt: No, no es la primera, y creemos que la cuestión viene mal planteada. Parecería que se quisiera demonizar a las empresas de medicina prepaga, pero me parece que no se está analizando esta cuestión en profundidad.


P.:
¿Pero no se imaginaban que el gobierno iba a reaccionar de la manera que lo hizo?

C.B.: Sí, pero lo que no puede modificarse es la realidad. Y la realidad dice que han habido enormes aumentos de nuestros insumos importados; si queremos mantener la calidad de nuestras prestaciones, no hay otro camino que reajustar las tarifas. Pongámoslo en estos términos: la Argentina no paga su deuda y las consecuencias quizá se vean dentro de cuatro o cinco años; nosotros dejamos de comprar insumos y la gente se muere... hoy.


P.:
Pero el dólar pasó de $ 4 a $ 2,90, y ustedes no redujeron las cuotas...

C.B.: Sí, pero ¿qué pasó con la diferencia del $ 1 al $ 2,90? Incluyendo el incremento que se aplicará desde el 1 de febrero, nos da un dólar de $ 1,37.


P.:
¿Qué porcentaje de sus costos representan los importados?

C.B.: Y, si hablamos de equipos, es 100% Hablo de resonadores, tomógrafos, ecógrafos, rayos... Pero también los insumos: la placa que se usa para una radiografía de mano es importada, los repuestos para las máquinas son importados. Y a eso se suma que en cinco años el equipamiento que se compre hoy ya será viejo: el avance de la tecnología es impresionantemente veloz.


P.:
Quizá la Argentina no pueda entonces tener una tecnología tan avanzada, como cuando existía la convertibilidad...

C.B.: ¡Bueno: entonces pongámonos de acuerdo qué medicina queremos o podemos dar! Se habla de las empresas de servicios, pero hace cinco años ¿cuánto se esperaba para que le repararan un teléfono? ¿Y cuánto ahora? Esas empresas compensan la falta de ajuste tarifario en menor calidad de servicio; nosotros no podemos hacerlo, entre otras cosas porque se trata de vidas humanas pero también porque nos llenarían de juicios por mala praxis. O podríamos dar turno para atención dentro de 15 días, como pasa en algunos hospitales públicos...


P.:
¿Pero no están siendo demasiado voraces, en un país que recién está empezando a salir de la crisis?

C.B.: Le doy los números; en 2003 nuestra rentabilidad fue de 4% sobre la facturación; eso ni siquiera compensa la pérdida de 2002, que ascendió a 7%; si no aplicáramos el aumento proyectado, este año perderíamos 10% sobre la facturación. Como ve, muy lejos de ser voraces; apenas nos alcanza para actualizar el parque tecnológico y comprar insumos. De todos modos, estamos proponiéndoles a la gente planes alternativos, más baratos, que se adapten a sus actuales posibilidades y cuando mejoren sus ingresos, volver al plan anterior.


P.:
¿Por qué aumentaron los precios entonces durante la convertibilidad, cuando había estabilidad en el tipo de cambio y deflación?

C.B.: Por lo que le dije de la necesidad de incorporar nuevas tecnologías, de actualizarnos. El problema de la salud a escala mundial es casi insoluble: acuérdese del intento de Hillary Clinton de poner en caja la atención médica en Estados Unidos, que terminó con un gran fracaso. Es que el costo de la salud aumenta en todo el mundo un promedio de 5 a 6%.


P.:
¿No tienen miedo de quedarse sin clientes? Alguna asociación de consumidores asegura que habrá una «borratina» masiva a raíz de este aumento.

C.B.: No pasó en enero de 2003 (la última vez que reajustamos), menos va a pasar ahora. ¿Sabe por qué? Porque la gente sabe que detrás está el abismo... ¡Pregúntele a quien estuvo enfermo, a quien tuvo un infarto, sufrió un cáncer, a quien enviamos a Estados Unidos para tratamiento, qué piensa de la medicina prepaga! La gente sabe lo que tiene que defender, y la medicina privada es lo último a lo que se renuncia cuando se reducen los ingresos.


P.:
¿Es lógico que el gobierno quiera regular precios, meterse en un campo que es privativo de una negociación entre privados?

C.B.: No, porque nosotros no tenemos población cautiva y quien quiere cambiar puede hacerlo. ¿Sabe quién no puede? Quien ya está enfermo, pero ese paciente paga $ 150 mensuales y el sistema (o sea los socios sanos) le pagan el resto de los $ 10.000 que se invierten en él por mes. ¿Y nosotros le aumentamos $ 1.000 por mes para echarlo? De ninguna manera...


P.:
¿Cómo se hace entonces para recomponer la relación con el gobierno?

C.B.: Con un acuerdo global, que delimite cuáles son las incumbencias de los privados y del Estado. Desde ya, si el gobierno quiere intervenir en esta área, deberá realizar algún tipo de contribución, porque no puede pedirse a los privados todo y no dar nada...


Entrevista de Sergio Dattilo

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