Seguramente recuerden -cuando niños- correr a decirle a la autoridad de turno -padres, maestras, profesores, entre otros- que Fulana o Mengano nos habían hecho algo y "A propósito"...Un clásico, repetido una y otra vez a lo largo de generaciones. Pero ¿por qué decíamos eso? ¿por qué con tanto énfasis? ¿por qué decir que te habían hecho determinada cosa "a propósito" contemplaba un agravante en términos judiciales?
Cuál es el propósito real de las empresas
"A propósito" está presente desde que somos pequeños. Siempre está. Al crecer, se convierte en la verdadera guía de los nuevos negocios.
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Además de ser una frase instalada, contemplaba -como su definición lo indica- la intención o el ánimo de hacer o dejar de hacer algo. El sentido común le cargaba al término "a propósito" la igualdad con "adrede", señalando una acción deliberada, generalmente perjudicial, o al menos molesta para con un tercero. Siempre e inevitablemente “a propósito” cargaba con el estigma de lo negativo.
Lo que de niños no sabíamos aún era su costado -o acepción- positivo, porque hacer algo a propósito también tiene que ver con una determinación firme, consciente y decidida de hacer algo. Podríamos emparentarlo con la búsqueda de alcanzar un objetivo.
La pandemia profundizó la necesidad de buscar un propósito: nos conformamos cada vez menos con lo que las empresas y sus marcas nos dicen. Lo que buscamos es tan simple, es entender el cómo hacen las cosas. Estoy convencido que en este sentido estamos atravesando un cambio de época.
Y hay ejemplos cercanos. Somos testigos -en Argentina- de empresas que están concebidas con este ADN. Arytza es un buen ejemplo: es una Empresa B, multipremiada y que nace con la convicción y consciencia por una elaboración que respeta la naturaleza y sus ingredientes.
Esto fue lo que Leo Merlo, socio fundador, dijo: “Blindamos nuestro compromiso logrando desde la innovación -como pilar fundamental- un proceso de elaboración único y propio para que todos nuestros productos sean 100% naturales, libres de gluten y sin aditivos artificiales. Desde el momento que pensamos un producto, visualizamos su impacto ambiental y el proceso de respeto por lo natural. Somos apasionados agricultores y productores, sabemos y amamos lo que hacemos, por eso es nuestro propósito que -a través de nuestras recetas- Arytza sea una compañía confiable para la gente y para el planeta”.
Hasta hoy -porque sigue siendo así en su mayoría- el propósito detrás de las empresas está relacionado con generar valor para sus accionistas, aprovechando las posibilidades y ventajas que pueden ofrecer diferentes variables, como la tecnología, el mercado laboral, la competencia y la información, para que todo esto aumente los beneficios económicos.
Hace unos días, Yvon Chouinard, fundador de Patagonia, subió la vara y la dejó muy alta. Cada vez más aparecen empresas -otras se transforman- con un sentido alternativo, con un propósito distinto, que busca generar un impacto potencialmente alto sobre problemas que nos afectan a todos.
Hoy, a sus 83 años, con una empresa valuada en u$s3.000 Millones, donó el 100% de las acciones con derecho a voto de la empresa a un fideicomiso, Patagonia Purpose Trust, creado para proteger los valores de la empresa; y el 100% de las acciones sin derecho a voto serán entregadas a Holdfast Collective, una organización sin fines de lucro dedicada a combatir la crisis ambiental y defender la naturaleza.
De esta manera, todas las ganancias que no se reinviertan en el funcionamiento del negocio se destinarán a combatir el cambio climático. Cito textual: “En lugar de extraer valor de la naturaleza y transformarlo en riqueza para inversores, estamos utilizando la riqueza que genera Patagonia para proteger a la fuente de toda la riqueza”.
Acá es donde hacer algo “A propósito” implica convertirse en actor protagónico, es sentir que formamos parte de algo más grande que está por encima de nosotros, que puede mejorar la vida de mucha gente, que puede ser transformador de la sociedad. Esta visión es compartida por cada vez más empresas, ya sean grandes, chicas, globales y locales.
El caso de Scania también nos ayuda a entender qué es esto del propósito: en 2016, la marca sueca cumplió globalmente 125 años de vida. Más de un siglo de proveer camiones, buses y motores con un esquema de negocio exitoso y que aún continúa siéndolo. Sin embargo, decidió romper con esa tradición y con ello modificar su propósito.
Gustavo Schön, Jefe de Prensa y Comunicaciones de Scania Argentina, comentó que “el nuevo propósito tenía que ver con el futuro, con lo que el mundo exigía (y aún hace) y con lo que la historia dirá de aquellos que decidieron tomar una senda diferente: liderar el cambio hacia un sistema de transporte sustentable. Esta frase, que suena correcta e indiscutible, vino a traer una mirada diferente y necesaria en un mundo acechado por un proceso de cambio climático que tendrá consecuencias devastadoras si las personas, los Estados y las empresas no hacemos algo al respecto. El desarrollo de nuevas tecnologías, la investigación con combustibles alternativos, el camino hacia un transporte electrificado, conectado y autónomo se convirtieron en el nuevo norte de Scania”.
El propósito tiene que estar. Debe ser la verdadera guía de los nuevos negocios. Y hacerlo “A propósito” -hoy- es casi una obligación.
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