"Es poco lo que se puede hacer con el petróleo para frenarlo"
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York que no desea ser identificado; de allí que se lo denomine Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es la suba del petróleo y los balances corporativos que están ingresando en Wall Street, que, aunque vienen con ganancias, son menores que los del trimestre pasado. Los nuevos indicadores económicos también son parte del diálogo.)
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P.: No son platos de digestión sencilla...
G.G.: De ahí los precios que exhiben bonos y acciones. La tasa de diez años apenas por encima de 4% y un Dow Jones por debajo de los
P.: ¿Quién le pone el cascabel al petróleo?
G.G.: Es poco lo que se puede hacer en el corto plazo, dados los exiguos inventarios físicos que hay en Estados Unidos, Europa y Japón y la proximidad del invierno (en el Hemisferio Norte). En estos casos nada hay más efectivo que la exageración para encontrar un precio razonable. Tome como ejemplo lo que aconteció con los metales...
P.: ¿Por qué no lo explica?
G.G.: A mediados de la semana pasada, el cobre coronó una vibrante escalada con la cotización más alta de los últimos 15 años. Al día siguiente, sin embargo, se derrumbó más de 12% y terminó la rueda con el precio más bajo de las últimas 5 semanas. Es un proceso de prueba y error. Tosco, lo admito, pero usted necesita que haya un mercado de ida y vuelta -o sea, erradicar la noción de que hay un almuerzo gratis- para poder sosegar la especulación y estabilizar los precios...
P.: Comenzó la temporada de balances corporativos. Cuando culmine la semana, la mitad de las firmas que integran el S&P 500 ya habrá difundido sus resultados. ¿Cabe esperar un saldo final favorable?
G.G.: Sí. Un incremento de 15% en las utilidades por acción es hoy una estimación conservadora, accesible. Pienso que los números definitivos arrojarán un aumento mayor: 17% comparado con el tercer trimestre de 2003.
P.: No está mal. Pero recuerdo que veníamos anudando balances trimestrales con avances superiores a 20%. En ese marco, se trata de un leve retroceso...
G.G.: Es una desaceleración inevitable. En un mundo que crece 6% o 7% nominal, usted no puede generar ganancias a un ritmo de 20% indefinidamente. Mírelo de esta forma: hubo una única vez en los últimos 40 años en que -como ahora- las compañías del S&P 500 registraron incrementos de sus ganancias superiores a 20% durante cuatro trimestres consecutivos (de hecho fueron superiores a 25% en los tres últimos períodos). Dado que no hay antecedentes de una sucesión de cinco trimestres en ese altísimo nivel, esta transición a un ritmo de 17% (que se monta sobre un avance de 21% el año pasado) me parece superlativa...
P.: Los inversores no parecen muy impresionados...
G.G.: Son las reglas del juego. Hoy por hoy, los impresiona más la trayectoria del petróleo. No lo discuto. Sea paciente.
P.: ¿Mantiene la idea de que la economía ha dejado atrás el «bache» que la afectó a mediados de año?
G.G.: Creo que ya no caben dudas. Ha dejado de ser un tema meramente opinable. Las ventas minoristas de setiembre -treparon 1,5% respecto de agosto, sin anualizar- zanjaron la cuestión. A fin de mes conoceremos la primera estimación de la marcha del producto bruto del tercer trimestre y pienso que el registro excederá 4% real, con un margen de holgura.
P.: Las ventas minoristas de setiembre fueron exuberantes; la confianza del consumidor de octubre se reveló calamitosa...
G.G.: No juzgaría al consumidor norteamericano por lo que dice, sino por lo que hace. Nunca se vendieron tantos autos en Estados Unidos como en octubre de 2001 a pesar de que los atentados en las Torres Gemelas habían minado severamente todos los indicadores de confianza... Setiembre fue muy firme. No sólo las ventas minoristas, también el mercado inmobiliario residencial (que es el otro gran rubro que refleja las decisiones de las familias). A pesar de que la construcción cayó 6%. Pero si uno depura el efecto del clima, el cuadro es muy robusto...
P.: Dijimos que las encuestas electorales también pesan a la hora de definir inversiones. ¿Me equivoco o hay una pequeña luz a favor de Bush?
P.: ¿Y qué dicen los futuros electorales?
G.G.: Que Bush perdió los debates pero ganará la elección. El contrato que paga un dólar si Bush resulta vencedor cotiza a 60 centavos. Alternativamente, el contrato que está atado a la suerte de Kerry vale 40 centavos. Esa diferencia se había reducido a 8 centavos después de los primeros dos debates...




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