"Es una recesión con aspiraciones de depresión"
El especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película "Wall Street"- señaló que se enfrentará "una recesión con aspiraciones" de depresión. En ese sentido advierte que "viene precedida por una terrible crisis financiera que arrasa a los grandes nombres y ya barre todos los rincones del orbe". Además, indica que a diferencia de la Gran Depresión, ahora la política monetaria puesta en práctica no dejará que ocurra una deflación.
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P.: ¿No alcanza con detener la hemorragia en los bancos?
G.G.: Había que hacerlo sí o sí. Y se logró. Pero la crisis muerde en múltiples frentes. Es un mercado bajista, «bear». Usted tapona una fisura grave, bajo la línea de flotación, y los inversores sienten alivio pero buscan otra. Ya lo vimos cuando se resolvió la incertidumbre sobre Fannie Mae y Freddie Mac.
P.: El tema desapareció de la escena.
G.G.: Hasta el día de hoy.
P.: Sin embargo, dos ruedas después, el reguero de pólvora conducía a Lehman. Y sabemos cómo terminó. No hubo forma de evitar el estallido.
G.G.: Le guste o no, hay que entender que ésa es la dinámica que rige. «Desconfía y acertarás» es el lema tácito. La crisis se prolonga a medida que ata cabos sueltos, de distintos paños.
P.: ¿Cuál es el nuevo caballito de batalla en el mapa de las tribulaciones?
G.G.: El daño real que ya causó el temporal financiero del último mes y que, tarde o temprano, va a aflorar sobre la superficie. Estabilizar el mercado monetario, reanudar los vínculos entre bancos, evita que las consecuencias sean peores. Pero se sabe que el paño ya se rasgó.
P.: Lleva algún tiempo cerciorarse de la verdadera situación de la economía real. Los indicadores se conocen con demora.
G.G.: Por eso se invierte la carga de la prueba. Se descuenta un escenario sombrío. Se acuchillan las acciones de las empresas que traen malos balances. Pero un informe positivo significa poco. No hay simetría, los trastornos pueden venir con retardo. Que no estén registrados, no significa que problemas serios no se estén incubando.
P.: ¿Asistimos a un exceso de celo? ¿O a una postura razonable?
G.G.: Hay un gran temor a la aparición de los primeros defaults corporativos de importancia. Si uno mira la deuda empresaria, me refiero a una canasta amplia de créditos, las tasas de rendimiento exageran su probable magnitud. Salvo que se geste una gran depresión. Pero es obvio que, cualquiera sea el nivel de precios que rija en ese momento, cuando arriben las malas noticias, los precios se derrumbarán a lo largo de todo el espectro. Si son irrisorios, pasarán primero a ser ridículos antes de volverse razonables.
P.: ¿Será una recesión profunda o una depresión?
G.G.: Es una recesión con aspiraciones. No se puede dudar que tiene mucho potencial. Viene precedida por una terrible crisis financiera que arrasa a los grandes nombres y ya barre todos los rincones del orbe.
P.: También es cierto que se la comenzó a combatir en serio, con artillería a pleno, recién en las últimas semanas.
G.G.: Correcto. Y hay más munición en camino.
P.: Ya ni siquiera la administración Bush se opone a un paquete de estímulo adicional.
G.G.: Bernanke los convenció. Y estos chapuzones ayudan a despejar indecisiones. Por eso mismo no se sabe qué tamaño tendrá la recesión. El huevo de la serpiente, eso sí está a la vista, es muy voluminoso.
P.: ¿Arrastrará al mundo a una deflación? Los talismanes contra la inflación están en liquidación. Activos tangibles, materias primas y, estos días, también el oro.
G.G.: Eso va a ser más difícil. Tampoco tuvimos inflación en serio, generalizada a altas tasas, ni siquiera con el petróleo acariciando los 150 dólares. Sí enfrentamos un fuerte ajuste de precios relativos, pero con tracción limitada sobre los precios más rígidos de la economía. Estamos desandando ese camino. Con caídas en los precios flex pero lento pasaje sobre el núcleo de la canasta de consumo.
P.: La Gran Depresión fue grande, entre otras cosas, por la deflación de precios.
G.G.: El académico Bernanke dixit. Y ahí lo ve batallando como un Quijote armado con redescuentos. Lo podrá criticar Anna Schwartz (por la modalidad concreta de auxilio a los bancos) pero la lección que ella y Milton Friedman enseñaron sobre la Gran Depresión, Bernanke la tiene grabada a fuego. La oferta monetaria no se contrajo ni aun en el peor momento del chubasco. Y va a ser torrencial. No espere que Bernanke se baje pronto del helicóptero.
P.: Las variables que eran fija, número puesto para la tribuna, poco tiempo atrás, como los commodities, se desinflan sin pena ni gloria. Y, a la hora de la verdad, surge el héroe más inesperado. No hay activo más firme que el dólar de los EE.UU. El euro, la libra, todas las monedas emergentes yacen de rodillas. Hoy (por ayer) se derrumbaron.
G.G.: El dólar es una figurita difícil. Pero no la más difícil.
P.: ¿Cuál sino?
G.G.: El yen es todavía más complicado de obtener.
P.: ¿Cuál es la razón de la fortaleza? ¿Que EE.UU va a aprobar un paquete de estímulo y Europa, no?
G.G.: Japón tampoco está anotado. Y, lo más probable, es que todos, tarde o temprano, deban inscribirse. El motor de la demanda hoy es el desapalancamiento y la necesidad de cubrir los agujeros que dejaron los arbitrajes. Faltan dólares y faltan yenes. Pero así como la Fed provee dólares a los principales bancos centrales del mundo con generosidad, vía acuerdos de swaps (canjes de monedas), no hay un mecanismo similar que irrigue yenes por parte del Banco de Japón. Hay que procurárselos como sea en un mercado donde el crédito está obstruido, cuando no cortado...




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