Este Día de la Niñez será, indudablemente, diferente. Porque por las razones que todos conocemos los niños y niñas han pasado en este último tiempo por experiencias muy conmocionantes. ¿cómo recordarán los niños este tiempo tan particular?
Día de la Niñez: ¿cómo recordarán los niños este tiempo tan particular?
En estos meses los niños han atravesado por gran cantidad de vivencias, que en algunos casos fueron muy traumáticas. Si puede prevalecer en la familia un espíritu resiliente, además de estos duelos, hallaremos también experiencias de adaptación activa.
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En estos casi dos años -que en la vida de un niño pequeño pueden ser casi la mitad de su vida- han aprendido que la distancia pasó a ser sinónimo de cuidarse y cuidar a quien se quiere.
En estos meses se ha puesto en evidencia la capacidad de las familias de “estar a solas”. Porque padres e hijos se encontraron de pronto sin el sostén que habitualmente brindan tíos, abuelos, padrinos, niñeras e instituciones como la escuela o el club. Los chicos han ido transcurriendo por distintas etapas de la pandemia. Se han tenido que adaptar a las clases por Zoom, aprendieron un nuevo significado de la palabra “burbuja”, aprendieron a quedarse dentro de casa, a usar barbijo, a ver a sus padres haciendo home office, a no poder ver o abrazar a sus abuelos, etc.
Se intensificaron los vínculos entre hermanos. Algunos pusieron en evidencia la existencia de celos o rivalidades previas. Otros aprovecharon esta situación para hacerse más “amigos”, como lo reflejan los dichos de una pacientita que se peleaba mucho con su hermano: “Con mi hermano decidimos dejar de pelearnos mientras esté la cuarentena, porque si no, no tenemos con quien jugar”.
Hubo casos de hermanos mayores que tuvieron que hacerse cargo de sus hermanos menores, mientras sus padres trabajaban. Se inauguraron horas de juego en familia -casi como rituales- encontrando actividades en las que pudieran participar todos los miembros para compartir momentos calmantes y creativos. También nacieron bebés en estos meses -los “pandemials”, como se los bautizó risueñamente- que seguramente llevarán la impronta de un mundo convulsionado y en acelerada transformación, que bascula entre el duelo y la resiliencia.
Por ser los más perceptivos y permeables al clima familiar, algunos niños tomaron a su cargo –sin saberlo y sin quererlo- la tarea de intentar calmar a sus padres. En muchos de ellos se desató una enorme curiosidad mezclada con miedo por este raro virus, a quien juegan a combatir con lanzas y piedras y también suelen dibujar. “¡Corona virus, no te tengo miedo!”, decía Marcos enarbolando su espada frente a la pantalla de su compu, para mostrarme cómo se enfrentaría a este nuevo villano. Hulk, el Hombre Araña, Mujer Maravilla, Black Widow y otros super héroes y súper heroínas comenzaron a deambular por la casa en sus distintas versiones jugando a salvar al mundo, que esta vez parece estar en peligro “de verdad”...
En estos casi dos años -que en la vida de un niño pequeño pueden ser casi la mitad de su vida- han aprendido que la distancia pasó a ser sinónimo de cuidarse y cuidar a quien se quiere, en los casos en los que la familia así lo ha podido transmitir. Paradoja que pone patas para arriba las tendencias propias del apego pero también crea nuevas formas de expresar cariño. Los juegos virtuales y exposición prolongada a las pantallas funcionaron como una suerte de reemplazo de los amigos de carne y hueso, constituyéndose en motivo de preocupación para los padres. Este fenómeno mostró sus variados aspectos: permitió transitoriamente cierta continuidad en la socialización (muchos chicos juegan on-line y es también una forma de estar con sus amigos).
Pero si es solitario, se constituye en el único juego y no es complementado con otras actividades (dibujar, pintar, utilizar muñecos, bloques, realizar experimentos, leer, tocar un instrumento, etc.) pueden generarse conductas de orden adictivo y tendencia al aislamiento. Sabemos que el juego, además de entretener, tiene una función curativa: los niños representan y elaboran experiencias traumáticas al jugar. “Elaborar” quiere decir entender lo que sucede y encontrarle un sentido, repitiéndolo todas las veces que sea necesario. Los adultos podemos poner en palabras nuestros miedos con cierta facilidad y hallar interlocutores que nos ayuden.
Los chicos, en cambio, cuentan lo que les pasa, jugando. Cualquiera puede invitar al otro, o a los otros, a jugar. Ni siquiera es necesario algún objeto en particular. Los chicos nos mostraron que se puede jugar con las ideas, con las palabras, con los gestos. Se pueden hasta construir los juguetes con lo que sobra en la casa. No se requiere gran espacio físico, pero sí emocional. Cito aquí las palabras de José Valeros (psicoanalista): “Los juegos no jugados son como semillas no germinadas” para resaltar su valor simbólico y elaborativo.
En estos meses los niños han atravesado por gran cantidad de vivencias. En algunos casos –en familias en las que hubieron muertes de seres queridos, pérdidas laborales, etc.- éstas fueron muy traumáticas. Si puede prevalecer en la familia un espíritu resiliente, además de estos duelos, hallaremos también experiencias de adaptación activa a la nueva realidad, que quedarán en su acervo emocional como recursos para afrontar experiencias en el futuro. Los chicos se merecen nuestro homenaje en su día, sin dudas... por ser protagonistas de un mundo en transformación, y sobre todo, por no haber dejado de jugar.
Lic. en psicología. Psicoanalista. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Especialistaen niños y adolescentes. Asesora del Depto. de pareja y familia de A.P.A.




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