"Greenspan quiere marcarle límites a Bush"
(El diálogo es con un operador de la Bolsa de Nueva York que no quiere ser identificado y por eso se lo denomina Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpretó Michael Douglas en la película «Wall Street». El tema es el mensaje que el titular de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, le da a George Bush de cara a su segundo mandato: si no equilibra las cuentas del país seguirán subiendo las tasas y podría generarse temor en los mercados.)
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Gordon Gekko: Entiendo que es el mensaje de bienvenida que le ha dado la Fed al segundo mandato de la administración Bush.
P.: Señalar que los inversores extranjeros pueden dejar de financiar el déficit de cuenta corriente, ¿no es como mentar la soga en la casa del ahorcado?
G.G.: Es hablar de la soga, sí. Pero antes de que monten el cadalso.
P.: Hay un mensaje delicado para los mercados. Sobre todo para los tenedores de bonos del Tesoro. Greenspan puso el acento en que las tasas de interés no tienen otro sitio adónde ir que moverse para arriba...
G.G.: La intención, creo, no es asustar a los mercados. Sino, como le dije antes, sacudir la atención de la administración Bush...
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Asustar al gobierno con que los mercados pueden asustarse. Bush ha ganado un gran capital político al derrotara John Kerry en una elección con altísima participación y él mismo ha reconocido que va a utilizarlo plenamente. Me parece que la Fed tiene toda la intención de marcarle ciertos límites. En el terreno de la política fiscal...
P.: La política fiscal está fuera de la órbita que tiene asignada la Fed...
G.G.: Precisamente. Pero no se olvide de que la Fed opera aguas abajo. Conduce por su cuenta la política monetaria. Si la política fiscal genera desbordes, la Fed deberá cerrar más de prisa el grifo de la liquidez. Las dos políticas se definen por separado, pero, es obvio, sus efectos no son independientes.
P.: En 2001 y 2002 Greenspan apoyó los recortes de impuestos que lanzó Bush...
G.G.: En 2001, 2002 y 2003 la Fed bajó agresivamente las tasas de interés. Pero el diagnóstico ha cambiado y con él la medicina. Hoy la Fed prescribe el retiro gradual de las fuentes de estímulo.
P.: Y el presidente Bush no está dispuesto a revertir el contenido de los paquetes fiscales...
G.G.: En principio, Bush ha prometido recortar el déficit fiscal a la mitad en los próximos años. Pero -por lo visto y oído-la Fed no toma muy en serio dicha afirmación. Por el contrario -como el secretario del Tesoro, John Snow, está poniendo manos a la obra de una ambiciosa reforma fiscal-, lo que prevalece es un temor a que, reforma mediante, se abra una nueva caja de Pandora...
P.: ¿Hasta dónde puede la Fed tener éxito en esta misión? ¿Hasta dónde puede conseguir que el gobierno le preste atención?
G.G.: Todavía el segundo mandato presidencial no se estrenó.Todavía estamos asistiendo al cambio de nombres en el gabinete. Entiendo sí que Greenspan ha llegado a la conclusión de que John Snow va a permanecer al frente de la Tesorería.Y, dado que la política fiscal del segundo mandato está en el tablero de diseño, es un buen momento para hacer escuchar una voz crítica...
P.: ¿Por qué?
G.G.: Bush y Snow pueden hacer suyas las sugerencias. Sería lo ideal. Pueden calibrar de antemano cuán agresiva podrá ser la reforma fiscal ahora que tienen claro que la Fed no va a convalidar un sendero expansivo de las cuentas públicas...
P.: Esto significa que la Fed se empeñará en subir las tasas de interés si no advierte un esfuerzo de la Tesorería por reducir el déficit fiscal...
G.G.: Ese es el mensaje básico. Mire, cuando el presidente Clinton llegó por primera vez al gobierno se enfrentó con un dilema similar (aunque lo detectó mucho antes que la Fed tuviera que explicárselo). Clinton ganó con la promesa de un vasto plan de inversión pública en infraestructura pensado para reactivar la economía insumisa que había enterrado las chances de reelección de Bush padre.
P.: Lo recuerdo.
G.G.: Los asesores de Clinton le aconsejaron archivar el plan, anunciarlo públicamente y generar así expectativas favorables en el mercado de bonos. La baja de tasas de interés iba a resultar mucho más potente para reanimar la economía que el incremento de la obra pública.
P.: El problema es que ahora-Bush hijo tiene un gran déficit fiscal y, sin embargo, las tasas de interés de largo plazo se ubican en 4%. Clinton lidiaba con tasas superiores a 7%...
G.G.: Por eso la Fed tiene que agitar las aguas. Si los mercados denotaran preocupación en serio, las tasas de interés de largo plazo subirían y el estímulo neto de la política fiscal comenzaría rápidamente a disiparse. Se abriría allí un cauce natural para arribar a un entendimiento.




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