24 de diciembre 2007 - 00:00

La ley de la jungla: cómo hay que defender el capital

Bill Gates
Bill Gates
Es difícil tratar de cuantificar la cifra de 500 mil millones de dólares de una manera plástica, entendible que el Banco Central Europeo le ha prestado a los bancos ávidos de liquidez. Hay que mencionarlo de una manera plástica para tratar de imaginarse la cantidad, porque la inflación (y sigue habiendo optimistas que dicen que no la hay) hasta en las monedas más duras nos ha llevado a hablar de miles de millones, para entendernos como hace 30 años se hablaba de millones.

Ese dinero representa algo como diez Bill Gates. Se podrían comprar 1.818 de los nuevos aviones Airbus A380 de dos pisos. Algo mejor: poniendo fajos de billetes de 100 dólares uno pegado al otro verticalmente y disponiéndolos en una autopista se podría formar una línea que llevaría de Madrid a Barcelona. Con ese dinero se podrían llenar 656.250 camiones de 40 toneladas con monedas de 1 euro, formando una cola de camiones de 13.125 kilómetros o sea la distancia entre cualquier capital latinoamericana y Moscú. No es posible cuantificar esos montos de dinero. Son cifras virtuales como virtual es el dinero que representan. No existe ese dinero, nadie lo ha impreso y nadie nunca lo va a imprimir.

Es fruto de la imaginación de unos bancos centrales que también han perdido la noción de la realidad y de la honestidad hacia ellos mismos y hacia los pueblos que representan.

Han abusado de la confianza de quienes creían en monedas fuertes y creían que un Banco Central haría de todo para preservar el valor adquisitivo de los ahorros. La realidad es totalmente diferente. Como siempre digo, el millón de dólares de hoy sólo compra una fracción de la casa, del terreno, del oro, del hierro, del petróleo, de las acciones, que habría comprado hace 5 años.

De acuerdo con la ley de la jungla cada quien se tuvo que hacer responsable de defender su capital y su valor adquisitivo durante estos 5 años, mientras los grandes bancos centrales se la pasaban sosteniéndolos por debajo de las axilas a todos los especuladores que ávidamente habían invertido en la burbuja de Internet y que se encontraron con las Bolsas en caída libre.

Hoy se trata de salvar a otros especuladores -¡quien lo habría pensado!- los grandes bancos tradicionales de este mundo, los mismos que pretenden conservar nuestros ahorros.

Vacas sagradas como Citigroup, UBS, Morgan Stanley, Merrill Lynch, todos están haciendo la fila modestamente, con el sombrero en la mano, pidiendo alguna oferta para llegar a fin de año. Los mismos bancos que publicaron durante años resultados millonarios, realizados -ahora lo sabemos- de manera casi fraudulenta.

  • Situación

    Una vez más los ahorristas de todo el mundo son llamados a contribuir al fracaso de los «genios de las finanzas». Todos, indiscriminadamente -en Caracas como en Mumbai o en Nairobi- porque el billete de 1 dólar, la moneda de 1 euro que todos traemos en el bolsillo en cinco años ha perdido su valor. No valen más 1 dólar o 1 euro sino que medio dólar y medio euro.

    «¿Y ahora?» Me dirán. Pudiendo es recomendable comprar petróleo pero no es muy práctica la estrategia. En su lugar -única opción- está el oro. Ha mantenido su valor y tiene un gran potencial todavía mesurable a la pérdida de valor de las monedas. Tendrá altibajos, pero es defensivo. Habría que retirarse de las acciones en general y, como alternativa, en estos momentos, posiblemente deberían mantenerse reservas en liquidez (a pesar de todo) porque -y esta es la buena noticia para las fiestas- a ningún banco en todo el mundo le será permitido hacer quiebra en esta crisis.
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