¿Quién se acuerda del golpe que sufrieron los mercados a finales de febrero, cuando la Bolsa china cayó 10% en un día? Desde entonces, los mercados han estado en recuperación. El optimismo aparente merece algunas consideraciones.
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Antes que nada, fue sumamente interesante asistir a la capitulación de los mercados occidentales frente a una corrección en la Bolsa de Shanghai, debido a rumores infundados. Fue una demostración más de la importancia que están adquiriendo los mercados emergentes en contraste con la relativa pérdida de relevancia de los mercados accionarios tradicionales, de EE.UU. en particular, hasta hace unos años indicador sin rivales de las tendencias bursátiles mundiales.
También en estas últimas semanas se observó cómo los niveles de abertura de los mercados europeos son influidos más por los mercados asiáticos que por el cierre de Nueva York de la noche anterior. El mismo discurso vale por el pavor a la recesión que se está dando en los EE.UU. y que no está afectando, como se podría suponer, a los mercados de materias primas, por ejemplo. La diversificación tan recomendada por los libros especializados y los sabios ha resultado absolutamente inútil, ya que hoy los grandes movimientos afectan a toda la cartera. Surge la pregunta: ¿cómo hay que actuar de aquí en adelante? Warren Buffett, el famoso inversionista, desprecia la diversificación, considerándola útil sólo para quienes no saben exactamente lo que están haciendo, los inseguros, los especuladores. Según él, hay que invertir únicamente en rubros que uno conoce, en sectores que uno entienda y en empresas que uno ha estudiado atentamente. Para los que respeten estos principios, el horizonte temporal y las fluctuaciones pierden la importancia que tienen para un especulador, un inversionista inexperto o para los pequeños inversionistas que entran en fibrilación cuando los mercados se ponen a hacer sus «rabietas». Basta de teorías.
Señal negativa
¿Cómo seguirán los mercados? Las Bolsas se han portado bien, pero en los gráficos -con excepción de China-no han logrado superar los topes registrados en febrero, primera señal negativa. Esta fase ha sido caracterizada por movimientos fuertes y con volúmenes bajos durante los días positivos y volúmenes altos durante las sesiones negativas.
Un segundo factor negativo: la fuerza de un mercado es medida también sobre la base del capital que mueve; si éste resulta ser modesto, probablemente pertenezcaa pequeños inversionistas o a especuladores y no a los institucionales importantes que determinan las grandes tendencias.
Un tercer factor concierne a las operaciones llamadas «carry trade». Con éstas, los especuladores se endeudan en monedas con tasas de interés bajas, invirtiendo en monedas de más alto rendimiento o en papeles especulativos, buscando realizar una buena diferencia. Estas transacciones ocasionaron el debilitamiento del yen en particular, pero también del franco suizo y de otras monedas con tasas bajas en los meses pasados. Tras una fuerte corrección -de 122 yenes por dólar a 115- a finales de febrero, la paridad yen-dólar ha vuelto a niveles de 117-118. Mi expectativa es que el cambio se mueva gradualmente en dirección a 110. Lamentablemente, esto implica que muchas operaciones de «carry trade» tendrán que ser desarmadas para recomprar los yenes y reembolsar las deudas contratadas en esa moneda. El dinero necesario provendrá de monedas que pagan mejores tasas, como las de países de los mercados emergentes (Brasil, Turquía...), pero también de Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra y otros. Saldrá de los bonos de los países emergentes y saldrá de los mercados bursátiles de todo el mundo. El efectivo en dólares es remunerado a 5% y es completamente libre de riesgos. Considerando los antecedentes, una buena solución por el momento.
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