La vida de los pobres importa: perdón movimientos sociales

Opiniones

En medio de la crisis estructural de pobreza, los movimientos sociales demostraron un rol central tanto en la contención social como en su faceta política. El diálogo con los gobiernos permitió moderar los desacoples que dejan a miles de personas en los márgenes de la sociedad.

Si los movimientos sociales obtuvieron de Macri entre 3.000 y 4.000 millones de dólares para asistir a los damnificados del desastre de su gobierno, en lugar de criticar a los dirigentes por dialogar con Carolina Stanley, habría que homenajearlos. Porque esos dólares quedaron en el país. Pero fundamentalmente, porque la vida de los pobres importa.

De lo contrario hubiésemos tenido el estallido social emergente de la crisis financiera como en 2001. Los muertos no estarían y los causantes de la tragedia seguirían como siguen desde 2002. Ese estallido se evitó, pero ahora promete elaborarse con muertos incluidos: “El liderazgo se tiene que bancar gente en la calle y muertos para hacer los cambios” (Macri).

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Recordando la línea de los estallidos, en 1989, ocurrieron los saqueos generados por la hiperinflación. Fueron hechos de origen predominantemente social, con menos ingredientes políticos e ideológicos que los anteriores y que respondían a una nueva realidad social que era la existencia de un segmento importante de personas que estaban fuera del sistema formal y que eran trabajadores en negro y subocupados, que en la vorágine de la hiperinflación quedaron fuera de la posibilidad de consumir alimentos.

Entre el 16 de mayo y el 9 de julio del 89, hubo 676 saqueos a lo largo de un período de 52 días. Alfonsín dictó el estado de sitio sin convocar a las Fuerzas Armadas y el orden recién se restableció al asumir Menem, cinco meses antes de la fecha prevista. Los saqueos se repitieron con menor intensidad a comienzos de 1990 (se realizaron 95) durante la hiperinflación que se produjo al comienzo del gobierno de Menem.

En diciembre de 2001, pasada más de una década de Alfonsín, los saqueos afectaron nuevamente a la sociedad argentina con otro UCR. La restricción a los depósitos generaba una drástica caída de los ingresos del 60% de la población que estaba fuera del sistema formal, en esos momentos el desempleo llegaba al 20%, siendo el récord histórico, luego que el país sufriera tres años y medio de recesión. La limitación del uso del efectivo, acentuaba la impotencia de las clases medias que ambicionaban comprar dólares para cubrirse de las contingencias futuras, y agravaba la insuficiencia alimentaria de los marginados, fue así que se ponía en marcha el cacerolazo (Kammerer, Sánchez Roncero).

Entre el 13 y el 20 de diciembre de 2001, tuvieron lugar 461 saqueos, con un fenómeno que en magnitud superó al de 1989, pero que, comparado, el desempleo era más del doble y la violencia social y la delincuencia se habían incrementado considerablemente, con lo cual la situación se fue haciendo más delicada. El expresidente De la Rúa decretó el estado de sitio. Es decir, Macri evitó el estado de sitio que Alfonsín y De la Rúa no pudieron. Para evitar ese costo en vidas, la presión de los movimientos sociales sobre Carolina Stanley fue un éxito. ¿A quién le interesa la cuestión ideológica cuando está a punto de estallar una sociedad? - ¿Alguien tiene duda del pensamiento de los lideres de los movimientos sociales en la Argentina?

Crisis. La ministra Carolina Stanley encabezará esta semana un nuevo encuentro de con funcionarios de Desarrollo Social de las provincias.
Crisis. La ministra Carolina Stanley encabezará esta semana un nuevo encuentro de con funcionarios de Desarrollo Social de las provincias.
Crisis. La ministra Carolina Stanley encabezará esta semana un nuevo encuentro de con funcionarios de Desarrollo Social de las provincias.

Los movimientos sociales que comenzaron a tener trascendencia en la década de los años noventa en la argentina fueron variados (Revilla Blanco), pero empezaron con los denominados “piqueteros”, que enfrentaron la enajenación de YPF (Calderón, Escobar), por parte del gobierno del ex presidente Menem. Se fueron sumando los movimientos de trabajadores de empresas en quiebra, organizaciones de desocupados y asambleas barriales, otros espacios como los grupos de trueque, quienes reemplazaron las operaciones de compra-venta de transacción monetaria y en algunos casos, más tarde se convirtieron en cooperativas de trabajo.

En el origen, la gran mayoría de las organizaciones sociales estuvieron originadas en el desempleo estructural de larga duración que promedio los dos dígitos, durante toda la década de los años noventa, teniendo en cuenta que nunca descendió de 10% en el Gran Buenos Aires (GBA) y diversas localidades del interior del país.

Las condiciones socioeconómicas fueron la causa principal del fenómeno de los movimientos sociales, que, junto a la oposición oficialista, acelera el proceso de deterioro del gobierno del expresidente De la Rúa, periodo en el cual finaliza más de una década de aplicación de políticas neoliberales. A partir de ese momento, los movimientos sociales se constituyen en un eje de solución, para comenzar a revertir el deterioro de la calidad de vida de los sectores involucrados, sumidos hasta entonces en un clima de alta frustración (Garretón). Es que, en realidad, el fenómeno de los movimientos sociales no sólo se explica por el desempleo sino por los errores de política económica, encaminados por una actitud de insensibilidad social de tal magnitud, nunca vista hasta entonces. Se puede afirmar que los movimientos piqueteros han sido, en cierta medida, la consecuencia de malas políticas públicas que concluyó sobrepasando a sus propios creadores (policy makers).

Producto de las políticas neoliberales en 2001, a punto estuvo la Argentina, de encaminarse a una revolución, fue así como primero llegaría la idea de realizar un cambio, con el fin de evitar la quiebra del sistema institucional. Los responsables del gobierno saliente no aplicaron políticas que dieran respuesta a las demandas que articularon los movimientos sociales (Gerardo Morales, Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Ricardo López Murphy, Hernán Lombardi, Nicolas Dujovne, etc.).

Más adelante, seria con las nuevas autoridades en un contexto de crisis general, que se adoptaron medidas que desarmaron el modelo económico existente, al tiempo que la declaración de “default”, rompió con el sistema financiero internacional privado (no con los organismos multilaterales de crédito), y se abrió una brecha de esperanza. Hay que decir que, en buena parte, los denominados mecanismos neoliberales, desde 2002 (Duhalde) dejaron de estar presentes, luego el ciclo Kirchner generaría 5.5 millones de puestos de trabajo.

Queda claro que se hizo lo necesario para moderar la caída libre de la economía (cuando en el último trimestre de 2001 el PBI trimestral, se derrumbaba a una velocidad anualizada de más de 30%), fue necesario aplicar una política monetaria ultra expansiva, complementándola con una política fiscal desinhibida hasta alcanzar el tope de la relación de endeudamiento (170 puntos del PBI), que con Cristina Kirchner bajó, a solo 46% del PBI (N. del R.: producto de lo que se dio en llamar, política de desendeudamiento, que no contemplaba el aumento nominal de la deuda-que por cierto creció, a una velocidad menor que el PBI-, sino la relación o cociente: Deuda/PBI).

Las crisis financieras comienzan mucho antes del pico, en 2000 ya afectaba al “sistema financiero que íbamos a exportar” (Melconián 2001), y también a la sociedad emergente de una recesión que conllevó 16 trimestres consecutivos de caída del PBI, y 17% de desempleo, los discursos de los intelectuales que resistieron, recibieron poca atención, o fueron directamente descalificados, ya que aun imperaba el “pensamiento único”.

La estructura de oportunidades políticas

Es la coyuntura que facilita la aparición de los movimientos sociales (Tarrow). Es a esta coyuntura a la que los teóricos califican de “estructura de oportunidades políticas”. Esto significa las dimensiones consistentes del entorno político que fomentan o desincentivan la acción colectiva entre la ciudadanía. Descubren aliados potenciales y muestran en qué, son vulnerables las autoridades. Estos recursos aparecen cuando se producen coyunturas de cambio que generan oportunidades para la acción colectiva, entre los que destacan:

  • La posibilidad de acceder a las élites gubernamentales. Fenómeno que puede acaecer al producirse fisuras en la cohesión de las élites gubernamentales y, con ello, un sector de éstas, busca entre otros recursos, el apoyo de ciertos movimientos sociales (Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner)
  • La disponibilidad de aliados influyentes. Fenómeno que ocurre cuando un movimiento social consigue partidarios de su causa en la Iglesia, entre determinados miembros de la intelectualidad o el mundo de la cultura.

La acción colectiva prolifera cuando la gente tiene acceso a espacios necesarios para escapar de su pasividad habitual y encuentra oportunidad.

El concepto nos ayuda a comprender, por qué los movimientos sociales adquieren en ocasiones una sorprendente capacidad de presión contra las autoridades.

En cuanto a las estrategias y el repertorio de los movimientos sociales, estos pueden ir desde la acción colectiva violenta hasta a la utilización de acciones convencionales -como huelgas, cartas a medios de comunicación y manifestaciones. Entre estos dos extremos existe un abanico de propuestas indefinidas y cambiantes que utilizan la “disrupción”.

Los movimientos sociales fueron la disrupción. En este sentido, la historia de la acción colectiva es la historia de cómo se incorporan al repertorio formas nuevas de acción colectiva al ser aprendidas, experimentadas, vividas y asimiladas tanto por los movimientos como por los oponentes y las elites. Muchas de las formas originalmente disruptivas se vuelven convencionales, tal como ha ocurrido con la huelga, que ha pasado de ser delito a derecho fundamental, o la manifestación (Puig, Martí, Salvador).

Por todo esto, y porque si gana la oposición estarán del lado del pueblo, llegue nuestro reconocimiento y desagravio; para aquellos que pusieron el cuerpo, para los que cayeron en la contienda. Para los que paradójicamente evitaron la libanización del país, imaginando iniciativas disruptivas, como verdaderos emprendedores sociales y de la economía popular.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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