Publicidad no implica anarquía
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En primer lugar, el acceso siempre estará sujeto a las posibilidades materiales del lugar, a la seguridad y a una mínima comodidad para el trabajo de los legisladores y los funcionarios de la casa. Los espacios disponibles para el público no son ilimitados y pueden establecerse distintos criterios para su asignación. Pero, además, el hecho de acceder a las galerías o a los palcos no da derecho a los asistentes a entorpecer y frustrar el normal desarrollo de la sesión, gritando, insultando, amenazando o arrojando objetos. Cuando esto ocurre, el presidente debe intimar al cese de esas conductas y, en caso contrario, ordenar el inmediato desalojo del público. En cualquier Parlamento del mundo se debe permanecer en silencio. En países donde imperan democracias más firmes y avanzadas que la nuestra, a nadie le temblaría el pulso por tener que ordenar el retiro de una persona que tuviera el comportamiento debido. Publicidad no implica ni anarquía, ni sedición. Es hora de restablecer, aquí también, el «imperium» del Estado.



