31 de agosto 2004 - 00:00

Ultima chance para salvar el Mercosur

Crecientemente se polemiza sobre si el Mercosur ha sido una herramienta apta para enfrentar los problemas recurrentes de la economía argentina: inestabilidad, bajo crecimiento y creciente distribución regresiva de los ingresos o si ha sido causante o catalizador de esos problemas. Están quienes consideran que el Mercosur sólo ha servido para agudizarlos y que, por lo tanto, ha sido una estrategia errónea mientras que otros opinan que el Mercosur es lo mejor que le podría haber sucedido a la Argentina y que sin él nuestra suerte hubiera sido aún peor. Como todos sabemos, en economía es difícil poder distinguir qué hubiera ocurrido si la realidad hubiese sido otra ya que los experimentos no se pueden repetir y nada fáciles de simular.

Es difícil discernir qué impacto tuvo el Mercosur como inductor de la crisis económica de 2000 y el estancamiento previo, si es que lo tuvo, ya que otros factores tales como la inestabilidad política, la sobrevaluación cambiaria, la política comercial externa, el nivel de gasto y endeudamiento estatal, incluyendo la política previsional, aparecen «prima facie» como más significativos. Sin embargo, lo que también está lejos de ser evidente es que el Mercosur haya contribuido sustancialmente a la reversión de la crisis e incluso en algún sectores pudo haber sido causa de desempleo adicional. No cabe duda de que si por Mercosur se entiende mantener una estrecha y amplia cooperación económica y política con Brasil, entonces el Mercosur es útil y necesario ya que el antagonismo con ese país y el resto de nuestros vecinos sí puede ser causa de estancamiento.

• Irreparable

La discusión relevante es entonces si se puede seguir funcionando mucho tiempo más tal cual como hoy, y si este funcionamiento contribuye a solucionar los problemas argentinos o si, por lo contrario, debemos plantearnos otras alternativas. En distintas palabras, si el Mercosur ha causado daños o beneficios es materia opinable y su estudio sirve eventualmente para corregir su funcionamiento, pero no hay nada hoy que pueda reparar lo actuado.

Es así que quedan cuatro caminos por analizar: 1) Denunciar el tratado y terminar el Mercosur volviendo a la situación previa a 1990. 2) Dejar las cosas como están, procurando arreglar todos los días problemas concretos de forma casuística y artesanal. 3) Convertir el Mercosur en una zona de libre comercio con el agregado de la cooperación diplomática. 4) Formalizar un nuevo tratado de integración profunda que incluya la Unión Política y el Mercado Unico
. De todas las alternativas presentadas considero que, por una suma de razones, las dos primeras serían ruinosas para nuestro país y que la tercera hubiera sido interesante plantearla en un comienzo, pero que hoy es algo tarde. La que adquiere relevancia es la cuarta alternativa. Cualquiera de las opciones mencionadas requieren negociación y las dos últimas exigen de un nuevo tratado o protocolos anexos como el de Ouro Preto. Nos encontramos en la actualidad ante la disyuntiva de rediseñar el Mercosur y hacer de él un instrumento apto para el desarrollo económico y la cohesión social, o mantenerlo en su estado actual y que eventualmente termine en el conflicto o la intrascendencia como anteriores acuerdos de integración latinoamericanos. Si repasamos todas las normas y disciplinas que debe contener una zona de libre comercio o una unión aduanera surge que tanto desde los puntos de vista normativo o práctico el Mercosur adolece de defectos en todas ellas. Estos defectos no son menores ni formales sino que generan permanentes conflictos. Es relevante considerar que la definición de zona de libre comercio, unión aduanera y un mercado común implica en realidad la existencia de un sistema integrado de normas con necesarias relaciones entre sí. La ausencia de alguna de las partes (normas) o el mal funcionamiento de la relación entre ellas no produce sólo un deficiente funcionamiento del sistema sino que puede determinar la inexistencia del mismo.

• Etapas

La coordinación macroeconómica que es más compleja viene después y en la medida que se avanza a un mercado único. Ahora bien, para no volver a cometer los mismos errores de diseño y de administración deberíamos establecer un procedimiento diferente instrumentando un sistema de integración profunda por etapas partiendo de la zona de libre comercio para pasar pautadamente a una segunda (unión aduanera) y terminar, por ejemplo, en el año 2014 en un mercado común y una unión política.

Nada se puede lograr esperando que por el simple expediente de crear nuevas instituciones vamos a mejorar el funcionamiento del Mercosur, tampoco podemos imaginar que se logren los objetivos originales de los tratados después de diez años basados en el esfuerzo cotidiano de los funcionarios que tratan de hacer funcionar cotidianamente el Mercosur en la práctica sin los instrumentos necesarios. Si existe la voluntad política de profundizar la relación con los socios y reconocemos que las cosas no están funcionando como se preveía, redefinir los tratados en la dirección mencionada aparece como el mejor camino.



(*) Ex secretario de Industria

Dejá tu comentario

Te puede interesar