Violencia social más inseguridad es una fórmula explosiva
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El último caso de justicia por mano propia, es la otra manifestación. El del empresario que el 4 de junio mató a dos delincuentes e hirió a un tercero, que intentaron asaltarlo cuando salía de un banco en pleno microcentro porteño, al mediodía de un viernes, cuando generalmente más gente transita por la zona. No es el primer caso similar del año, ya han tenido lugar cuatro más, en 2003, 2002 y 2001 en cada año respectivamente.
Ambas situaciones, son dos caras de la reacción de la sociedad por el aumento de inseguridad, una colectiva frente a un hecho lamentable y otra individual producto de la impotencia e indefensión que puede sentir un individuo cuando advierte que su vida corre riesgo.
Por otro lado, hay hechos que aumentan el nivel de inseguridad, que se visualizan en las dos agresiones de las organizaciones piqueteras y de desocupados contra la sede central de Repsol YPF.
El 12 de mayo, cerca de 1.000 manifestantes del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR), liderados por Roberto Martino, destruyeron el frente del edificio, arrojando bombas molotov, siendo evacuados 800 empleados, ya que la intensidad del humo llegaba hasta el segundo piso.
El 10 de junio, 100 integrantes del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), que encabeza Raúl Castells, ocuparon el hall del edificio en reclamo de garrafas sociales, y retuvieron a 500 empleados de la compañía. Pese a que la puerta de entrada estaba custodiada por 15 efectivos policiales, los manifestantes lograron ingresar, provistos de palos, se subieron a algunos escritorios, hicieron flamear la bandera argentina y cantaron el himno nacional, tras lo cual obtuvieron la entrega gratuita de 1.052 garrafas para los comedores escolares del MIJD. En ambas, en ningún momento se le dio orden de actuar a la Policía.
• Correlación
Al respecto, el Dr. Eduardo Salazar, un destacado investigador del Instituto Di Tella, advirtió una sugestiva correlación en la evolución entre los cortes de rutas y los hechos delictivos denunciados en la provincia de Buenos Aires. Al margen de las hipótesis (discutibles, por cierto) que puedan esgrimirse para intentar explicar la vinculación entre ambos fenómenos (explicación que, según Salazar, se dificulta por la pobreza de las estadísticas oficiales sobre violencia), sobre lo que no hay ninguna duda es que los recientes «ajustes» en la metodología de las protestas piqueteras, unido a la inacción policial frente a ellas, empeoran la seguridad pública.
Esta violencia social que se observa, creo que es algo que no se advierte, y cuando un problema no se vislumbra, el mismo termina multiplicándose y finalmente quizás cobre tal magnitud que para solucionarlo se termine optando por medidas que inicialmente no se buscaban.
No se trata de magnificar una visión y menos aún de sobredimensionar el comportamiento actual de la sociedad, simplemente de intentar reflexionar sobre las derivaciones que comienzan a advertirse en materia de seguridad.
En conclusión, la violencia que se observa en diferentes manifestaciones de la sociedad, no sólo es una de las características que refleja la situación de seguridad pública, sino que también puede llegar a convertirse en una de las variables clave hacia adelante de cómo evolucione el país en esta cuestión.
(*) Centro de Estudios Nueva Mayoría
Coordinador Area de Seguridad Pública




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