13 de marzo 2006 - 00:00

Admite empresa paralización si eso calma frente político

La empresa española ENCE, que produce pasta de celulosa, optó ayer por mantener oficialmente el silencio ante el acuerdo al que llegaron Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez en Santiago de Chile para suspender la construcción de las plantas por 90 días mientras se analiza su impacto ambiental. ENCE informó a través de sus voceros que no emitirá comunicados hasta que el gobierno de Montevideo no le comunique públicamente el pedido para suspender la construcción, un trámite que por el progreso de las obras es más complicado para los finlandeses de Botnia. Recién en ese momento, dicen, analizarán las alternativas, las garantías de seguridad legal que otorgue el Estado uruguayo sobre las autorizaciones existentes y los puntos que se negociarán entre ambos países durante esos 90 días de tregua. De todas formas, la alternativa de una suspensión para calmar la situación en el río Uruguay ya había sido tenida en cuenta por los funcionarios de ENCE en la sede central de Madrid desde hace tiempo. Tal como informó este diario, aunque la empresa negara cualquier pedido, siempre dejó abierta la puerta para esa posibilidad, sabiendo que era el mejor favor que podrían hacerle a Tabaré Vázquez para salir del entuerto: «El gobierno de Uruguay nunca nos consultó sobre la posibilidad de detener la construcción de la planta de ENCE. Si nos lo piden, lo analizaremos siempre que se cumplan los derechos y respeten nuestras obligaciones», había dicho a este diario en Madrid Juan Villenas, vicepresidenteejecutivo y consejero delegadodel grupo ENCE.

Ahora esperan esas indicaciones del gobierno de Montevideo. A partir de la tregua, comenzará un proceso más meticuloso de estudio del verdadero impacto ambiental de la instalación de las papeleras en Fray Bentos.

• Diferencias

En ese marco, no puede obviarse, se han dicho hasta ahora demasiadas imprecisiones técnicas que quedaron tapadas por el fragor de la pelea. Se sabe que ENCE tuvo y tiene problemas con su planta de Pontevedra, donde mantiene una guerra con el alcalde local. Pero esa experiencia de la procesadora de celulosa difícilmente sirva como ejemplo para solucionar el conflicto entre la Argentina y el Uruguay. La situación de cada caso es diferente, y algo queda claro después de escuchar tanto a ENCE como a sus opositores en España: ninguno de los argumentos y explicaciones que giran en la Argentina en torno a la crisis de la papelera responde absolutamente a la realidad tanto técnica como económica de las empresas en Europa. Esas diferencias pasan tanto por considerar, en este caso, los dos procesos básicos de blanqueo de la pasta celulósica: el totalmente libre de cloro y el libre de cloro elemental. Esta es una distinción que parece explicar más la diferencia entre los productos finales y los mercados para colocarlos, que los efectos contaminantes de cada uno. En España, los estados autonómicos -encargados de la problemática ambiental- claramente tienen los recursos económicos para controlar a las empresas y obligarlas a adoptar la mejor tecnología disponible. La pregunta entonces será: ¿ tendrá Uruguay el mismo poder para procesar la información provista por las empresas y controlar sus emisiones?, y eventualmente ¿pasará el acuerdo porque Tabaré Vázquez acepte compartir esa información con la provincia de Entre Ríos para difundir, como se ve en la planta de ENCE en Huelva, día a día cómo evoluciona el control de esas emisiones?

En Europa, el propio mercado aporta, además, uno de los controles ambientales más efectivos: los clientes, en este caso de las proveedoras de pasta de celulosa, no la compran si cada embarque no cuenta con certificados no sólo de cumplimiento ambiental, sino también de que el bosque de donde se obtuvo la madera tiene verificado el cumplimiento de desarrollo sostenido. De nuevo en este caso el requisito no es por amor al medio ambiente sino porque en cada país europeo las sanciones por no hacerlo se cumplen efectivamente. «A nosotros siempre nos ha exigido más el mercado que las leyes», decía Adolfo Asuar Aydillo, director de la planta de ENCE en Pontevedra. Un ejemplo de ello es que la escritora de la saga de Harry Potter, J.K. Rowling, exigió que el último libro fuera editado en papel procesado por el método TCF.

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