12 de noviembre 2001 - 00:00

Alarde de Duhalde pone al PJ al borde del cisma

Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf en el Congreso Justicialista del sábado
Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf en el Congreso Justicialista del sábado
El peronismo, quizás en la hora menos oportuna, iniciará desde hoy una batalla por mantener unidas a todas las tribus cuya relación estalló el sábado en el extravagante congreso partidario que logró reunir en Lanús Eduardo Duhalde. Los desplazados apoderados Carlos Corach y César Arias rechazarán ante la Justicia la decisión de ese cuerpo de trasladar a la Comisión de Acción Política que integran los 14 gobernadores del PJ la conducción del partido y de dejarle a Carlos Menem -titular del Consejo Nacional-las funciones de guardasellos.

La orden de Menem es denunciarlo a Duhalde de dividir al partido para inutilizarlo en medio de la crisis que vive el país y el propio PJ, y traicionar los acuerdos que le permitieron realizar el encuentro de Lanús. Además de aprovecharse de que esté preso.

El contraataque judicial tendrá una dificultad: hasta ahora Menem sólo sabe de lo decidido en contra de su conducción por lo que le han contado sus amigos y los diarios porque no se conoce el acta que resume lo discutido en Lanús. Recién estará mañana, salvo que María Servini de Cubría haga pública antes el acta judicial que levantaron los dos veedores de su juzgado que mandó a mirar.

Los procuradores de Duhalde para estos afanes -los apoderados Jorge Landau y Orlando Caporal-sin embargo tienen asentada por escrito la decisión de quitarle todo el poder partidario al Consejo Nacional de Menem, cuya sede porteña de la calle Matheu intentará ocupar hoy Rubén Marín, que ya optó junto a Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota, Angel Maza, Ramón Puerta, Juan Carlos Romero y Eduardo Fellner, no integrar el nuevo cuerpo duhaldista que en realidad es una réplica de otro que integran junto a Menem los mismos gobernadores en el Consejo Nacional.

Esos apoderados, sin embargo, esperan las primeras impugnaciones del menemismo para terminar de redondear la prosa de la misteriosa acta. Por ejemplo, la mayoría de los gobernadores que se queja de la audacia de Duhalde de sacarle (por escrito) los poderes partidarios a Menem, niega haber dado mandato a sus congresales para votarlo.

Inoportuno

Más todavía, recuerdan que el jueves, en un ríspido almuerzo en la Casa de la Provincia de Salta, le manifestaron a Duhalde la necesidad de que directamente ese congreso no se reuniese por inoportuno y por responder a una bronca maldición maleva del senador electo hacia el ex presidente. Hasta habían redactado una carta ordenándose que en ese almuerzo se dejó de lado para no desautorizar en público a Duhalde; descalificarlo de esa manera con la convocatoria ya hecha hubiera sido una respuesta muy agresiva al alarde de Duhalde de hacer el congreso contradiciendo hasta a su socio bonaerense Carlos Ruckauf. Este fue -según testigos de una mesa chica que sesionó el sábado a la mañana en la intendencia de Lanús-a participar del acto con un discurso.

A solas con
Duhalde y algunos caciques sindicales, los gobernadores no se privaron ese día de reprocharle al ex gobernador su personalismo. Reutemann rompió su estilo moderado para quejarse de Duhalde: « Soy vicepresidente del Congreso del partido y me entero de la reunión de Lanús por los diarios. ¿Qué pasa acá?». Duhalde intentó explicaciones notariales que no convencieron.

Alimentó más el temor de los presentes sobre una división del partido.
Luis Barrionuevo pidió que cualquier movimiento incluyera a todos los peronistas: «Porque hasta el hombre que está en Torcuato tiene que sentarse a esta mesa», apostó refiriéndose a Menem. Como Duhalde insistía en que le dejasen hacer algún congreso, Rubén Marín se levantó en pose hidalga: «Nunca fui menemista, soy peronista, pero yo con Menem tengo lealtad. Me mando a mudar». Duhalde saltó en la silla: «Por favor, ¿cómo te vas a ir?», amagó sobre el pampeano, que reconoce en el ex gobernador a su principal adversario interno, con quien se le ha ido la vida cruzando agravios.

La mesa logró que
Duhalde prometiese achicar la agenda del encuentro a lo formal: crear la Comisión de Acción Política que sería una mera réplica del consejo de gobernadores dentro del Consejo Nacional. Los que recuerdan haber estado allí niegan haberle dado a Duhalde facultades para vaciar a Menem de todo poder.

Sí que autorizaron a
Adolfo Rodríguez Saá y a Néstor Kirchner a que concurriesen en representación del grupo. Lo hicieron con tanta desconfianza que Reutemann, De la Sota, Puerta y otros gobernadores no enviaron congresales a Lanús. Los que fueron de Corrientes, por su lado, estuvieron presentes sin acreditarse. «Hay quórum, pero no queremos anotarlos para no alimentar polémicas sobre si tienen títulos sanos o no», dijo su padrino, el duhaldoruckaufista Rodolfo Martínez Llano.

Los que llegaron de Catamarca dijeron haber llegado engañados. Un sector saadista había negociado con el duhaldista
Carlos Soria que el congreso votaría la destitución del interventor partidario en esa provincia, Víctor Ramos, para saciar la venganza del decaído Saadi frente la derrota que le produjo el senador electo Barrionuevo. Eso no ocurrió y de eso se quejó el catamarqueño Trezza a los gritos con Soria: « Nos trajeron engañados».

Menos sacó
Puerta, a quien le habían asegurado que el congreso votaría una moción para reclamar la presidencia de las dos cámaras del Congreso para el peronismo, traduciendo el acuerdo que tiene con sus pares para heredarlo a su comprovinciano Mario Losada en la vicepresidencia provisional del Senado.

En el acta que se conocerá esta semana esta moción no figura como votada. Fue apenas un párrafo del discurso de
Kirchner, que reclamó la presidencia de Diputados para un legislador de una provincia grande y de la del Senado para una provincia chica. « Aunque no me gusta hablar de provincias chicas y grandes», se disculpó.

Empeora el cuadro interno que la decisión del Congreso --cualquiera que sea su letra la música está clara-, se tomó una semana antes de que se conozca un fallo de la Suprema Corte de Justicia en el caso armas que, aunque referido a una apelación de
Emir Yoma, podría ponerlo a Menem en libertad.

Esto lo cree por lo menos
Duhalde, que cedió todo con tal de que se realizase este congreso, que arrancó con 417 congresales y en su mejor momento alcanzó los 457 (cerca de la mitad del total, de los cuales, 273, los puso Buenos Aires.

Con eso los duhaldistas salieron a proclamar que desde ahora la conducción política (asumir posicionamiento públicos, efectuar alianzas, ejercer la representación ante otros partidos, el gobierno nacional y las entidades intermedias), pasan a la nueva Comisión de Acción Política donde son mayoría los once gobernadores del llamado Frente Federal. Esa liga a la que no pertenece el trío de las provincias «grandes» como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires que coordina el senador electo por Misiones
Ramón Puerta y tiene como principales referentes al sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá y al salteño Juan Carlos Romero, que marcan las principales líneas estratégicas.

Pese a que el duhaldismo procuró ayer trasmitir la idea de un desplazamiento del ex presidente no puede decirse que la liga de gobernadores sea antimenemista como lo es el gerente de la movida del sábado.

Menos aún puede creerse que ese grupo esté al servicio de
Duhalde ni de ningún cacique bonaerense; más bien basa su existencia en la oposición a las pretensiones hegemónicas de Buenos Aires. Lo mostraron en el último mes cuando archivaron la idea del ex gobernador (y ahora senador electo) de que un radical debía ser presidente provisional del Senado.

Otro desplazado fue el interventor del PJ en Corrientes, el hipermenemista
Ricardo Romano (ex subsecretario de la presidencia bajo Menem y Alberto Kohan) y organizador de la peña Joaquín V. González, hoy la principal actividad del menemismo. Venía de una derrota electoral, ya que promovió la alianza del PJ provincial con el derrotado Raúl Romero Feris, que perdió el domingo pasado la elección a gobernador frente al radical Ricardo Colombí (en sociedad con el duhaldista Galantini). Fue reemplazado por el ubicuo ex diputado por Entre Ríos Juan Carlos «Conde» Ramos, hoy en el duhaldo-ruckaufismo después de pasar por la renovación, el menemismo y el chachismo.

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