14 de febrero 2002 - 00:00

Alfonsín se encrespó por pedido de obispos

La reciente limpieza de personal en el Senado, unas 40 personas, significó un golpe para el entretejido de Raúl Alfonsín: despidieron a su secretaria privada, Margarita Ronco, y a su sobrina Analía Alfonsín (quien se inició en la casa como secretaria de Horacio Massaccesi). Más allá del ajuste, esta medida parece relacionada con el pedido de «renunciamientos» que la Iglesia Católica les hizo a los políticos. ¿Será así?

En principio, es cierto -y basta escuchar la propia palabra del Papa-que los obispos reclaman austeridad política. En el caso de Alfonsín, quiso por sus propios medios enterarse de ese reclamo institucional y habló por teléfono con monseñor Jorge Casaretto. En ese cruce, el ex mandatario preguntó a qué se refería la Iglesia con «renunciamiento» y si lo aludía personalmente.

•Oxigenación

Con el cuidado típico de la jerarquía eclesiástica, Casaretto le confirmó a Alfonsín que ese tipo de resignación reclamada incluía alguna forma de desmontar los aparatos políticos que parasitaban al Estado y, sin ninguna cuestión personal -como se dice en las novelas policiales-también se invitaba a líderes como el jefe radical para que se retiraran de la actividad, no sólo como forma de abrir vacantes sino como una oxigenación del clima oprobioso que padecen los profesionales de la política frente a la sociedad.

Para Alfonsín, esta comunicación resultó una afrenta, ya que sintió como una «ingratitud» el pase a la jubilación que le pedían, luego de todo lo que él -según confesó- ha realizado por el país. Además, en un mensaje ya conocido, advirtió que sumarse a la campaña contra los políticos inducía a formas contrarias a la democracia. Casaretto se olvidó de esta insinuación y le volvió a decir lo del renunciamiento personal, de modo que el diálogo telefónico terminó peor de lo que había empezado. Con estos datos, podría pensarse que Alfonsín habría decidido resignar colaboradores amigos del Senado. Sin embargo, no es así: él piensa seguir y, lo de Margarita Ronco, en rigor parece una vendetta de la interna de la Cámara alta.

Como se sabe, la secretaria estaba en la nómina en el pasado y Carlos Chacho Alvarez -en su efímera gestión-decidió prescindirla con la obvia indignación del ex mandatario, quien replicó al despido diciendo: «¿Acaso quieren que acepte cheques de multinacionales para pagarle a Margarita?». Parece que esa queja sensibilizó a alguien y la Ronco volvió a aparecer en las listas de designados. Ahora, como Alfonsín la puede convocar a su propio despacho y pagarle con los fondos que le corresponden, decidieron excluirla de la planta permanente y jurando que no habrá resucitaciones como en el pasado.

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