Estuvo medido Luis D'Elía en su semblanza de Juan José Alvarez, el nuevo secretario de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. «El piquetero preferido del Presidente» -como lo caracterizó Alberto Fernández en una conversación con el juez Jorge Urso-, señaló que tiene con el funcionario «viejas diferencias». Pero admitió que su nombramiento puede contribuir a que la Ciudad «recupere la gobernabilidad». Todo un avance civilizatorio en este dirigente de La Matanza que llamó a tomar las comisarías de todo el país para disimular su propio copamiento en La Boca. D'Elía dijo que «del otro lado de (Aníbal) Ibarra está lo peor de la política y de la economía argentina esperando hacer su agosto». Seguramente, se refería al macrismo, donde hasta la tarde del martes pasado militaba el propio Alvarez.
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Los antecedentes que mencionó D'Elía para ilustrar sus «viejas diferencias» con Alvarez se remontan a las muertes de los piqueteros Kosteki y Santillán, que se produjeron cuando el funcionario de Ibarra era ministro de Justicia y Seguridad de Eduardo Duhalde. Pero el jefe de la Federación de Tierra y Vivienda ocultó razones más próximas para no querer a Alvarez. En efecto, ambos están discretamente enfrentados en la interna peronista de La Matanza.
Para comprender esa pelea, hay que recordar algunos datos antiguos y conocer otros nuevos. Entre los primeros está la prolongada militancia de D'Elía en la política de esa ciudad, donde actualmente administra casi tantos planes Jefes y Jefas de Hogar como Alberto Balestrini, el intendente. Antes fue concejal allí, por el Frepaso, y todavía más temprano ejerció como monaguillo, lo que lo vinculó con la Democracia Cristiana de Carlos Auyero. Ahora, cuando kirchneristas como Balestrini se dispusieron a apuntalar el «despegue» de Felipe Solá de Eduardo Duhalde, D'Elía debe apoyar en esa guerra cuya batalla principal se librará en La Matanza. Por esta razón, se cruzará con Alvarez.
La idea fue de Duhalde. El ex presidente está obsesionado por vencer en el feudo de Balestrini (lo de feudo es una metáfora que, en rigor, le sacaron de contexto al intendente cuando se la aplicó al caudillo de Lomas). Y en Punta del Este le asignó responsabilidades a Alvarez en la lucha. La táctica de Duhalde fue sencilla. Como hay distritos en los que no habrá internas por la superioridad evidente de uno u otro bando, los dirigentes que estarán en receso deben hacerse cargo de alguno de los circuitos de La Matanza.
Duhalde llegó ayer a Buenos Aires desde Punta del Este y trajo consigo los planos con las 50 circunscripciones en las que «marcó» el territorio de Balestrini. La que corresponde a Ramos Mejía está identificada con un nombre: «Juanjo». En efecto, el ex mandatario dispuso que fuera Alvarez el encargado de defender sus colores allí.
El secretario de Seguridad de la comuna conoce bien el conurbano, sobre todo por la vieja jefatura que ejerció sobre Hurlingham, donde fue intendente. Casi todo aquel poder pasó ahora a manos de Luis Acuña, el alcalde actual, a quien Duhalde consultó antes de integrar a Alvarez al consejo del PJ provincial (en cambio, Acuña lo vetó, a través de Hugo Curto, para ocupar una butaca en la «mesa chica» que armó el caudillo de Lomas para organizar la interna contra Solá).
Más allá de estos detalles de aldea, Alvarez es un experto en el armado de elecciones en una geografía esquiva, como la del Gran Buenos Aires. Duhalde conoce el oficio como pocos y por eso le confió al funcionario de Ibarra una zona muy parecida, desde el punto de vista sociológico, a Hurlingham. Ramos Mejía es una localidad de clase media, si se quiere, acomodada en comparación con el promedio del conurbano.
En la intimidad de la familia Duhalde, se espera que Alvarez siga contribuyendo a esa guerra, ahora con los recursos institucionales y políticos con que lo dotó Ibarra, por más que se haya incorporado al gobierno de otro distrito. Es interesante esa pretensión. ¿Estaba incluida en la recomendación que hizo Kirchner para que Alvarez se convirtiera en secretario municipal? ¿Es la primera señal de que el Presidente también decidió «despegar», ahora de Solá? Son preguntas de difícil respuesta: el encargado de la interna contra el gobernador en Ramos Mejía es experto y jamás aparecería en público ejerciendo esas funciones, cuando de él se espera que «contribuya a consolidar la gobernabilidad» en la Ciudad de Buenos Aires, como definió su adversario matancero, D'Elía. Inusual manifestación de prudencia y aprecio por el orden de un piquetero que dependecomo nunca del duhaldismopara que no lo desafuerenen la Legislatura bonaerense y lo manden a la cárcel por el episodio de la Comisaría 24ª.
Claro que para Alvarez será difícil librarse de la tentación. Quiere ser gobernador de la provincia, y la operación sobre Ramos Mejía sería un buen comienzo para profundizar la afinidad con los Duhalde. Si se desmembra la Policía y le asignan el área metropolitana de la Federal, «Juanjo» podrá restaurar su fama de hombre de orden y conseguir un fast track para ocupar el cargo de Solá. No debe dar ventaja: en el otro extremo de la Plaza de Mayo, en el pecho de Aníbal Fernández, anida la misma ambición y se imaginan los mismos métodos.
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