Amadeo transpiró, pero será embajador
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Eduardo Menem, esperable, le aguó la mañana al vicejefe de Gabinete con preguntas inoportunas. «¿Está de acuerdo en la forma en que se lo ha relevado al embajador Guelar, sobre quien nunca hubo ninguna queja en los Estados Unidos?», dijo interesado en la suerte de un funcionario al que han echado por menemismo explícito.
Amadeo echó el resto en la que, creyó, sería la principal objeción y dio una primicia: «El Presidente ha querido cambiar el perfil del embajador. ¿Qué quiere? Quiere alguien que pueda dar una mano en la renegociación de la deuda externa».
Verna no lo quiere a Amadeo porque cree, como muchos senadores, que habló de más en la crisis del presunto soborno por la ley Barrionuevo, pero E. Menem lo superó en la mortificación. «¿Usted no tiene contratos como consultor?» El concursante relató que en el pasado había sido consultor de empresas y del BID, organismo del cual es ahora asesor externo pero sin contrato. «Y tengo una amistad íntima con Enrique Iglesias», remató.
Sonia Escudero insistió: «¿Usted no habló de los sobornos en esta casa?». Amadeo la cruzó: «Sobre eso ya declaré en la comisión respectiva y no tengo más nada que decir».
E. Menem no bajó las banderas y objetó cual experto: «Usted sabe que un embajador en los Estados Unidos no es acreditado hasta que el presidente no recibe a los que están en funciones y lo hace reuniendo a tandas de nueve embajadores. ¿Cuándo cree que va estar en funciones?».
Amadeo da otro dato: «El pedido de plácet está dado y espero la resolución de esta Cámara. Creo que en 25 días voy a estar ya en Washington».
E. Menem: «Pero va a estar en funciones recién cuando lo reciba el Presidente. Eso puede ser en enero. ¿Cuánto tiempo va a ser embajador? ¿Dos meses? ¿Cómo acepta eso?».
Amadeo: «... Bueno, quizás un tiempo más, hasta mayo. Y (sonríe) espero que el nuevo presidente me confirme».
E. Menem: «¿Cómo que lo confirme? Usted conoce la Constitución, sale el Presidente, usted cesa. Lo que pase después es una nueva designación del nuevo presidente».
Escudero echó mano de lo que no resiste la lupa, lo que escribió Amadeo cuando era feliz e indocumentado. «Licenciado Amadeo -papeleó sobre la mesa la salteña-. ¿Usted escribió en este libro que tengo ante mis ojos que no había que pagar la deuda cuyo pago exige, como decía usted, el im-pe-ria-lis-mo?»
Amadeo cerró los ojos y coronó el número: «He dicho eso antes y lo digo ahora: no hay que pagar la deuda si eso arriesga el hambre de la gente». Les tapó la boca a todos de tan comprensivo que estuvo.
E. Menem: «Disculpe, licenciado. ¿Usted no está vinculado a los contratos con consultoras que firmó este gobierno y que fueron tan criticados?».
Amadeo: «Yo no tengo nada que ver con esas decisiones».
E. Menem: «Lo hicieron funcionarios de este gobierno».
Jorge Busti, presidente de la comisión, creyó que era suficiente y desalojó a los curiosos, y al examinado, que se retiró con sus acompañantes, el embajador Fernando Petrella y el lobbysta de la Cancillería, Fulvio Valerio Pompeo. El entrerriano explicó a la comisión que la prisa pedida por el Presidente obligaba a que se tratase el pliego de Amadeo sobre tablas en la sesión de hoy.
Raúl Usandizaga se apuró a dar la aprobación en nombre del bloque radical (no estaba presente su jefe, Carlos Maestro; tampoco el peronista José Luis Gioja). Su colega de bancada Jorge Agúndez planteó disidencia por creer que el cambio de embajador responde a internismos peronistas.




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