Anatomía de un fracaso (Kirchner igual insiste)
-
Reforma laboral: a pedido de un gremio minero, la Justicia volvió a frenar parte de la ley
-
Con la reforma electoral, el Gobierno busca prohibir la contratación de asesores extranjeros: qué hay detrás
Alvaro Uribe
En rigor, la lectura del gobierno argentino es que el fracaso «fue de Chávez». Sobre Uribe descargó, también, sus blasfemias. Lo culpó todo el tiempo de operar para que la misión se aborte.
Estalló cuando se enteró que el colombiano dijo saber desde hace tiempo que Emmanuel -hijo de Clara Rojas-, uno de los supuestos tres liberados, estaba en un hospicio oficial.
Incluso, la intervención del delegado de Uribe ante los comisarios, el titular del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, fue criticada con dureza por los extranjeros. Kirchner -escoltado por Jorge Taiana y Rafael Folonierno- estuvo al margen de esas quejas.
Con las FARC, a su vez, tampoco tuvo contemplaciones. De hecho, todo el tiempo recalcó la categoría de «misión humanitaria» para que no se le impute, ni ahora -ni lo haga la historia- aparecer en una mediación patrocinada por Chávez en línea con ese grupo guerrillero.
El origen de las FARC no genera ninguna fascinación en el patagónico. Tiene, en privado, definiciones graves sobre el movimiento que conduce el casi octogenario Manuel Marulanda Vélez, «Tirofijo», una mezcla de guerrilla, narcotráfico y vandalismo rural.
Es más, jaqueados por la confusión, los comisionados interpretaron que en las filas del grupo guerrillero habría problemas de conducción y que no todos los sectores responden al comando superior de las FARC. Eso, entendieron, pudo haber contribuido al fracaso.
El gobierno se esforzó en las últimas horas por inyectarle una cuota de expectativa a la Operación Emmanuel. Tras el fracaso temió que le endosen otra medalla negra y burlona como con el cuento chino -aquellos 20 mil millones de dólares que llegarían de Oriente- o el macondiano gasoducto del Sur.
Kirchner admitió el costo de aparecer, una vez más, abrazado a Chávez, en una aventura inconclusa, que, a diferencia de otras novelas que compartió con el bolivariano, estuvo en la agenda de todo el mundo y generó una esperanza a nivel global.
Tentado, con algo de ingenuidad, soñó con una foto suya junto a los rehenes liberados. Hubiese sido su gran debut en un plano que nunca le interesó -entendió la política exterior como un artilugio de la política interna- ni jamás pudo comprender en toda su dimensión.
De madrugada, regresó malhumorado desde Villavicencio directo a El Calafate. Y sin la foto deseada. Volverá, promete, a buscarla. De hecho, rescató la promesa de Uribe respecto de que habilitaría un « corredor seguro» para que se concrete la operación.
En ese marco, el ex presidente destacó que trabajará para «reunir todas las condiciones para garantizar la seguridad de todos y el éxito de la operación» y que volverá a Colombia cuando eso ocurra para avanzar en la liberación de «Clara, Consuelo y Emmanuel».




Dejá tu comentario