22 de enero 2002 - 00:00

Angulo refresca las nostalgias imperiales

No termina de entender el público a qué obedece el énfasis que quiere darle el gobierno a la llamada mesa de la concertación que lleva adelante la familia Cafiero con algunas estrellas invitadas. Por caso, qué claridad puede llevarle al avalista internacional, el diplomático español Carmelo Angulo, que lo fuercen a escuchar ayer por la tarde los lamentos de los piqueteros de Raúl Castells hoy por la mañana a delegados de la segunda línea del FMI del Banco Mundial. O que Eduardo Duhalde desaire a esa mesa reservando para sí las citas con estrellas del deporte como Julio Grondona o Mauricio Macri (un seguro para que la concertación atraiga a las cámaras de TV) mientras delega en los Cafiero ( Antonio y Juan Pablo), el delegado alfonsinista José Ignacio López, el duhaldista José María Díaz Bancalari y algunos obispos la tarea de escucharlos (también hoy) a Rubén Marín y a Eduardo Bauzá como enviados de Carlos Menem. Angulo tolera todo talante de conquistador: cree que cumple con la misión de mantener vivas las nostalgias imperiales de su madre patria.

Esa mesa de la concertación busca distraer quizás a la platea con la ilusión de mostrar a los dirigentes hablando sin espectáculo poco edificante de pelearse entre ellos en público. No logrará más que lo que lograba Chrystian Colombo atendiendo a los mismos protagonistas. Poco, casi nada, salvo algunos kilos de más porque al menos algunos empresarios (José Ignacio de Mendiguren) y sindicalistas («gordos» de variadas ligas gremiales) lo invitaban a comer.

• Otros horizontes

Es curiosa la confianza que los gobiernos argentinos han depositado en la personalidad de este español que representa en el país al pene-udé (PNUD, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) y que cumple ya un año y medio en el país. Carmelo Angulo Barturén es un diplomático profesional que viene de una trayectoria estelar con los gobiernos socialistas. Con la administración felipista fue nada menos que director general del Instituto de Cooperación Iberoamericana, la principal agencia que tiene España para atender políticamente a la sede principal de sus inversiones, América latina. También fue embajador en Colombia, una de las representaciones que tradicionalmente Madrid ha atendido con más mimo.

La llegada de la administración conservadora de José María Aznar lo movió hacia otros horizontes y reapareció como delegado del pene-udé en Nicaragua. Allí desarrolló con más libertad su pensamiento contra el llamado Consenso de Washington y las políticas del FMI hacia América latina. Le valió, por caso, una polémica en 1997 con el presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán. Este acusó a Angulo de haber filtrado a la prensa, presuntamente, un informe con críticas al FMI.

Esa práctica de representar gaseosos proyectos de gaseosas organizaciones como la ONU le hizo desarrollar un especial ingenio verbal para las frases con remate. Por ejemplo, ha dicho, «for the record», que «la integración es como un avión Jumbo en el que caben todos, vuela alto pero le cuesta aterrizar». Cuando inauguró el llamado Corredor Ecológico Mezoamericano lo describió así: «Busca construir lenguajes nuevos que desvanezcan en sentido positivo la trascendencia clásica de las fronteras, y más bien pongan al servicio del desarrollo humano las capilaridades y los filtros enriquecedores que son las regiones fronteri zas». Para rematar, cerró sus palabras con frase cervantina: «El Corredor ha emprendido su marcha, y yo les propongo que caminemos con él».

Ese talante, sumado a la vocación de
Angulo por las causas de protección ambiental, lo acercó apenas llegó a la Argentina (donde es también representante del pene-udé), irremediablemente, al ecologismo bonaerense que controlan los Cafiero; en efecto, Antonio por las de él y también a través de su hija Ana ( socióloga, está considerada por los peritos en esa etnia como el más solvente de todos los hijos del senador) el Informe Anual de Desarrollo Humano que paga el pene-udé. De paso, a través de Guillermo Ferraro, controlan nada menos que ese monumento al ambientalismo tercermundista que es el ente del Cinturón Ecológico (CEAMSE).

La militancia ideológica de
Angulo lo arrimó también al gobierno anterior. De hecho, algunos escuderos doctrinarios de la administración De la Rúa como el periodista José Ignacio López o el filósofo urbano Juan Carlos Portantiero pertenecen desde hace rato al staff local del pene-udé. No son los únicos, ya que desde hace años esa delegación de la ONU ha servido como «caja» auxiliar para pagar sueldos y sobresueldos de funcionarios públicos con cargo al porcentaje de los créditos internacionales que se lleva el pene-udé con la justificación de velar por su correcta administración.

Por eso
Angulo hizo flamear sus formidables bigotes junto a Aníbal Ibarra en los actos de lanzamiento en noviembre pasado del plan estratégico para el año 2010 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Angulo también fue el anfitrión de la memorable reunión en la sede porteña de Cáritas que se realizó el día antes de la renuncia de De la Rúa. El diplomático quería mostrarles algunos números del informe del pene-udé sobre la Argentina a un arco de dirigentes entre quienes estuvieron desde De la Rúa hasta Eduardo Duhalde, de José Manuel de la Sota a Chrystian Colombo, pasando por Rodolfo Daer, José de Mendiguren y Daniel Scioli. La cumbre sirvió nada más para palpar que al ex presidente radical apenas le quedaba ánimo para firmar horas más tarde su renuncia en una Argentina asolada aquel día por los saqueos y los cacerolazos. Colombo quedó registrado para la anécdota por la TV sitiado en la sede de Cáritas cuando el propio auto del ex presidente recibió algunos huevazos.

• Método

En esta oportunidad el hispánico Angulo espera tener mejor suerte. A los Duhalde, que han soñado desde hace mucho tiempo en la utopía pastoril de una Argentina sin máquinas, sin drogas, de una inspiración que roza con la cultura Amish o la observancia del Shabatt de la ultraortodoxia judía, les parece un personaje fascinante.

El diplomático ha convencido a todo el gobierno, incluyendo al socarrón
José María Díaz Bancalari, un duro que no es fácil de convencer, de que el método que dice haber aplicado para pacificar Centroamérica va a rendir algún fruto en la Argentina. Consiste en sentar al invitado a concertar a que llene un formulario (una «matriz» de datos, dice Angulo) con dos puntos. El primero pregunta sobre cuáles cree el causante que son los principales problemas del país. El segundo interroga sobre cuáles cree que son las soluciones. El entrecruzamiento de los diagnósticos con las propuestas, dice la doctrina Angulo, parirá las soluciones a la crisis nacional. Tan simple como eso, que a nadie se le ocurrió jamás ensayar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar