Aplaca Solá puja por la sucesión en Buenos Aires
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Felipe Solá
El lunes, Solá habló con su ministro y, por teléfono, lo convenció de que pacifique sus quejas. Resultado: Oporto resignó sus pretensiones de que el gobernador le otorgue una relevancia especial y, por otro lado, mude a Pérsicoa otro despacho.
No logró ni una cosa ni la otra. A pesar de eso, el jefe de Gabinete aceptó seguir siendo funcionario con lo que demoró por un tiempo -¿unos días; unas semanas?- el turno de convertirse en la primera víctima de la maratón por la herencia de Solá. Claro, no será la única.
En rigor, en la provincia hubo en las últimas semanas una carga extra de TNT. La amenaza de renuncia de Oporto fue, apenas, un round de una pelea larga y sangrienta. Un breve repaso permite detectar, por caso, los persistentes rumores de salida de Aníbal Fernández del Ministerio del Interior, ruidoque el fin de semana -luego de una visita del quilmeño a la quinta de Olivos- parece haberse moderado.
También deben computarse el presunto veto de un sector del gobierno (¿bajo el auspicio de la primera dama Cristina Fernández?) a uno de los principales candidatos bonaerenses -Randazzo- y las denuncias que se apilan sobre la gestión de otro anotado, Sergio Massa del ANSeS.
La aparición de verano de Jorge Taiana como candidato «modelo», la autopromoción sectorial de Nilda Garré y el renacer de José «Pepe» Pampuro deben incluirse en ese paquete de novedades, al igual que el reposicionamiento de Alberto Balestrini y la tarea, fina y sobria, que comenzó a desarrollar Carlos Mosse a pedido de Kirchner.
Es casi una obviedad machacar con las excursiones de la senadora Alicia Kirchner por el conurbano profundo promocionando candidatos «margaritos» y la ahora aplacada -aunque vigente- difusión de Cristina gobernadora que comanda Dante Dovena.
Semejante diversidad de actores está orientada a establecer como elector único y exclusivo del próximo candidato a gobernador a Néstor Kirchner aunque otros, como Solá, todavía se reservan un poder selectivo: pueden, al menos, desactivar las pretensiones de más de uno. Oporto es la prueba de ello.




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