Elisa Carrió trató de disimular el serio revés que sufrió su candidato en Santiago del Estero y ni siquiera tocó el tema ayer en la reunión semanal del Interbloque de diputados del ARI. Sólo se habló de los proyectos de ley de software y del reactor nuclear australiano como si fueran cuestiones que la desvelan.
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A pesar de la previsibilidad del revés provincial en una región dominada por el justicialismo de Carlos Juárez, la jefa espiritual del ARI confiaba en contribuir con su presencia física en la campaña previa para ayudar decisivamente a Mario Bonacina, aspirante del lilismo a la gobernación. No pudo ni siquiera con semejante despliegue en las calles santiagueñas.
En reuniones informales de las últimas 48 horas, sus lugartenientes acordaron algunas justificaciones públicas, por las dudas. Pivoteando sobre el alto índice de abstención (más de 40%), hablaron de «un relanzamiento del disgusto de la gente con la clase política» que apuntala, a criterio de los aristas, la proclama de Carrió y compañía de caducidad de los mandatos, adaptación técnica del «que se vayan todos».
Lo que todavía no logran explicar es por qué la gente todavía no considera al ARI una opción que evite el abstencionismo popular. «Somos conscientes de que nuestro mensaje no llega a sectores distantes», ensayó uno de los diputados nacionales de Carrió. «Esta situación desfavorable puede repetirse en otros distritos: parece que todavía no llegó nuestra hora», continuó el mismo legislador que no se atrevió a decir si este diagnóstico derivaría en el retiro de la nominación de la radical «rebelde» a la presidencia en 2003. «El problema es que existe rencor del interior hacia Buenos Aires y Lilita está identificada como una figura más porteña que chaqueña», concluyó, ensayando excusas que sonaran creíbles.
A puertas cerradas, y en ausencia de la dama que fundó el movimiento que reúne a socialistas y desencantados varios del peronismo, radicalismo y chachismo, salió a la luz la interna que separa a los seguidores de Alfredo Bravo del resto de los socios de Carrió. «En parte, la culpa del fracaso en Santiago lo tiene el socialismo que allá presentó fórmula propia a gobernador y le restó chances a Bonacina», denunciaron sotto voce algunos ex PJ que hoy abrazaron la cruz de Lilita.
Aunque los votos de la Unidad Socialista difícilmente hubieran logrado subir al candidato del ARI del cuarto al tercer puesto que consiguió Héctor «Chabay» Ruiz, sí podría haber resultado un espaldarazo que los discípulos de Alfredo Palacios que siempre se negaron a incorporarse al arismo hubieran fiscalizado el recuento de sufragios en sociedad con Bonacina y compañía.
En el radicalismo, en cambio, algunos dirigentes extra-provinciales exageraron el optimismo sobre el segundo puesto obtenido el domingo por José de Zavalía. El metro-politano José María García Arecha se atribuyó haber empujado la nominación del postulante de la UCR en su casa, durante una cena con Jorge Agúndez, Marcelo Stubrin, Luis Molinari Romero, Carlos Maestro y el propio Zavalía. «El resultado habilita un proceso por mala praxis para los que habían declarado la muerte del radicalismo, igual que en Capitán Bermúdez y Benito Juárez, el partido sigue estando entre las preferencias del electorado», se entusiasmó el senador mandato cumplido García Arecha.
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