Por segundo ciclo consecutivo, se cumplirá en el Congreso Nacional la ley de cupo femenino. La norma se impuso hace ocho años, pero recién efectivamente en 1999, con las renovaciones sucesivas, la Cámara baja alojó a 30% de mujeres, que piden la ley, un porcentaje que se mantiene con 75 bancas (tres más que hasta hoy) de 257 hasta 2003.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A algunas, representar el cupo, y sólo eso, las sonroja, mientras que a otras no las acobarda ser el porcentual y como plus esposas, hijas o hermanas de conocidos políticos, apellidos que portarán con más o menos gloria al fin.
Hoy juran nuevas legisladoras, por caso, que como debutantes se tendrán que poner a tono con las costumbres del «género», como gustan llamar las feministas a las cosas de mujeres.
Para empezar, conocerán que la asistencia a la peluquería de la planta baja es una rutina de la que no conviene escapar. Por allí pasan todas, y entre colores y esmalte de uñas, llegan incluso a conciliar articulados de leyes que no lograron resolver en las reuniones de bloque. Claro, es otra cosa. No es lo mismo iniciar una reunión mirando el techo mientras alguien masajea el cuero cabelludo con champú y hablando de hijos, escuela y muchacha, que dar el puntapié inicial con las diferencias sobre una norma. Además, hay temas que las unen.
La ley de procreación responsable es atribuida al impulso que dio el sector femenino en la Cámara a la norma. Por eso ahora, con cupo en el Senado, están seguras de sacar adelante otras legislaciones sobre adopción y familia, de las que son impulsoras ante el menor interés masculino por ellas. Son temas que les suelen tocar en el reparto de la comisiones. La de Salud la presidía la nosiglista Cristina Guevara y ahora pasará a conducirla la menemista Marta Alarcia.
Si, por ejemplo, la izquierdista Patricia Walsh, quien ingresará por primera vez en una banca, quiere simpatizar con el grupo femenino de los distintos partidos políticos, debería pensar en su color de pelo. En la Cámara, la tendencia es el rubio, aun para las morochas, y la colorista del Congreso lo aplica. Si hasta Elisa Carrió ha concurrido alguna vez a tonalizarse y lavarse el pelo. Eso sí, la cacique del ARI no es bueno que se cruce, ni con un baño de crema en proceso, con Alicia Castro, con tendencia más al colorado. La azafata y la radical protagonizan la peor de las peleas que pudieran adjudicarse a dos mujeres, desde que una partió junto al padre Farinello y la otra quedó a cargo del nuevo bloque protestante. El enfrentamiento evitará que el Polo Social de Castro se sume al inter-bloque que traman el ARI y el socialismo popular con frepasistas rebeldes.
• Diferencia
El vestuario no parece algo menor e, incluso, diferencia las afiliaciones políticas. No son lo mismo los trajecitos de las peronistas que el look «casual» que acostumbra la izquierda, que, como tendrá pocas representantes (tres en toda la Cámara), llamará la atención. Se destacó en la variedad la santacruceña Cris-tina Kirchner -huidiza de tertulias feministas y peluquería social-, a quien nadie pudo terminar de contar las docenas de camperas en conjunto con zapatos y carteras que cambió durante su mandato. Ahora puede repetir en el Senado, ya que allí las nuevas colegas no conocen esa pasarela, aunque saben que la esposa del gobernador de Santa Cruz gana el rating en el uso de cosméticos.
La radical Beatriz Nofal es otra de las más elegantes y destacada por ser una de las pocas mujeres que se ocupa de temas económicos, como la frustrada reforma al Impuesto a las Ganancias que piloteó. Pero el radicalismo se resiste: no tiene una sola mujer en la conducción del bloque y ni siquiera Nofal integra la Comisión de Presupuesto.
Del Frepaso, María América González es la que impone los gritos, como lo hace desde el PJ Graciela Camaño, la esposa de Luis Barrionuevo, que renovará su banca.
Entre las nuevas estará Irma Roy, que recupera el escaño después de haber sido legisladora de la Capital Federal. Del ARI llegará Laura Mussa, ex mujer del radical Oscar «Gallego» Vázquez, hombre de confianza de Jesús Rodríguez, Gracia Jaroslavsky -hija de César-, Mara Rico (hija de Aldo) y, entre otras, Margarita Harke, a quien recuerdan como ex secretaria de Alejandro Mosquera.
Dejá tu comentario