Aun con mayoría del PJ se desconfía del quórum propio
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Carlos Menem tuvo quórum propio en esa Cámara en 1995, pero el peronismo nunca pudo sentar a todos esos diputados en el recinto cuando los necesitó. Siempre hubo negociaciones de por medio, sobre todo, con los provinciales.
La situación de los santafesinos es la más descontrolada, si se habla por provincias. Los «lolistas» como Angel Baltuzi, María del Carmen Alarcón u Oscar Lamberto -este último se integra el 10 de diciembre- siguen fieles a Carlos Reutemann y se cuentan entre los más cuestionadores a las decisiones presidenciales dentro del bloque. Otros, los más cercanos a Jorge Obeid o el Talcahuano Julio Gutiérrez, son de los primeros defensores del Presidente.
• Más divisiones
Igualmente divididos llegan los sanjuaninos que tienen como jefe a Roberto Basualdo y, en otra vereda, a José Luis Gioja, el nuevo gobernador, cuyo hijo además se incorpora como diputado nacional, todos entonando el himno kirchnerista. O como los fueguinos, entre los que Daniel Gallo consiguió una banca apoyando a Kirchner, pero que tiene como compañera provincial a Roxana Bertone, que sigue en el grupo del menemismo nostálgico.
Los cordobeses son siempre un sector aparte. Son formalmente delasotistas (salvo Humberto Roggero que vuelve de Roma y es considerado un outsider de cualquier grupo), pero se cree que jugarán junto a Kirchner, por lo menos hasta que aparezca el primer cortocircuito político entre el gobierno y José Manuel de la Sota.
El oficialismo peronista no toma dentro del cálculo de su bloque a ningún diputado por San Luis. Los seguidores de Adolfo Rodríguez Saá -desde diciembre con su jefe sentado en el recinto- ya anunciaron que formarán bancada propia, por lo que el apoyo a las leyes de Kirchner dependerá de la negociación de cada caso. No debe tomarse este ejemplo como una tragedia especial para el Presidente, más bien deberá acostumbrase a esa mecánica con varios sectores de su bloque, realidad bastante distinta de la que vivió Kirchner con la obediencia que el Congreso le profesa hasta ahora.
El cuadro se completa con una serie de diputados que, en muchos casos, ni siquiera pueden ser catalogados oficialmente. ¿Cómo jugarán los pampeanos, que ya no pueden decirse menemistas, pero que tampoco tienen el corazón puesto en la Casa Rosada? ¿Qué instrucciones les dará el nuevo gobernador, Carlos Verna, cuando la disciplina partidaria les pida apoyar alguna idea del ministro Roberto Lavagna, archienemigo del nuevo jefe provincial?
Los interrogantes no terminan allí. Los «sin techo» mendocinos, que quedaron descolocados con la victoria en la gobernación del radical Julio Cobos, tienen una ubicación tan incierta como los rionegrinos Carlos Laregui -continúa mandato hasta 2005 y siempre jugó con el menemismo- y Osvaldo Nemirovsky, que tampoco es kirchnerista a ultranza. Hoy acompañan al gobierno, pero se mantienen dentro de la lógica que sigue el duhaldismo. ¿Qué hará el santiagueño antijuarista José Figueroa, si el gobierno continúa quitando apoyo a los Juárez en medio del escándalo político policial que vive su provincia? Por lo pronto, es otro de los que sigue reuniéndose junto al cordobés Oscar González que hoy agrupa a una suerte de menemismo sin Menem.




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