28 de julio 2005 - 00:00

Balestrini, ¿ausente por internismo?

Si el Diablo quería meter la cola, lo hizo por el lado más sensible. Una de las peores postales de la provincia de Buenos Aires apareció, la noche del martes, en los dos actos que el peronismo -el oficial y el paralelo- realizaron para recordar a Eva Perón: los pungas que, aprovechando el tumulto, engordan sus propias billeteras con dineros ajenos.

Dos ministros bonaerenses, el de Justicia -Eduardo Di Rocco- y el de Trabajo -Roberto Mouellerón- fueron víctimas del «bolsiqueo» en Berazategui. Lo mismo les ocurrió a algunos duhaldistas en Florencio Varela. Las «magos mágicas» de la inseguridad, en este caso en pequeña escala, estuvo presente por igual en los dos festejos evitistas.

• Menos anecdótica entre lo que quedó para contar de este acto fue la advertencia que, reservadamente, hacían algunos uniformados desplegados sobre la avenida Dardo Rocha que une Berazategui con Varela. «Estamos cortando porque hubo denuncias de que había micros con militantes que portaban armas y la orden es evitar que se crucen para que no haya problema», dijo un policía que se negó a revelar a qué grupo pertenecían los que andaban «calzados».

No fue ésa la única incertidumbre que dejó la noche. ¿Por qué no concurrió Alberto Balestrini? La versión oficial habló de una gripe que lo dejó afónico pero, al día siguiente, se conocieron otras teorías menos clínicas que sugieren que el jefe de La Matanza se bajó del acto molesto porque, a sus espaldas, Kirchner mandó a «negociar» el día después con el duhaldismo.

• Ese gesto de racionalidad política tendría de mal humor al matancero desde que se enteró que el viernes, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, creó, a pedido del Presidente, un enlace de diálogo con el diputado Jorge Villaverde para empezar a proyectar el futuro después del 23 de octubre y uno de los temas fue quién presidirá la Cámara de Diputados desde entonces.

Con ese sillón sueña Balestrini pero el duhaldismo, a modo de revancha, advierte que no lo quiere en ese lugar y, según parece, tampoco Kirchner se muestra demasiado exigente para reservarle el sitio. De todos modos, el intendente de La Matanza presume que el Congreso que viene no será fácil -Macri, Carrió, el PJ dividido, la UCR en llamas- y eso le quitará tiempo para abonar su proyecto mayor: pelear por la gobernación bonaerense en 2007.

• Quien por suerte para ella no irá a ese congreso es Graciela Ocaña que sintió el impacto de no aparecer en los carteles cuando quiso ingresar al acto de Berazategui pero la custodia presidencial le impidió el ingreso por lo cual, a pesar de ser candidata, la interventora del PAMI tuvo que esperar 20 minutos en la puerta antes de que llegue la visa oficial para subir al palco.

Para algunos funcionarios es tedioso concurrir a los mitines de campaña. Todo lo contrario piensan los dueños de empresas de colectivos que tuvieron un «martes dulce» producto de la simultaneidad de los actos del PJ. Desde ambos bandos se operó la misma estrategia: contratar micros a un precio mayor al de mercado -cuestan entre 80 y 100 pesos pero se pagó hasta 300- con la condición de que no le alquilen, al mismo tiempo, colectivos a los rivales.

• La logística de actos, característica histórica del duhaldismo -ahora traspasada al kirchnerismo- le sirvió a Ricardo López Murphy para sugerir que la Casa Rosada -o sus punteros aliados- «pagó» a los asistentes al acto de Berazategui. «Tomaron lista», dijo el candidato de Recrear dando a entender que el presente o el ausente de los concurrentes implicaba premios y castigos. Ayer justificaba el gobierno que a veces se toma lista de la gente de cada micro para no dejar a nadie abajo a la hora de regreso.

Sobre elogios y reproches, tiene que haber tomado nota Roberto Lavagna de las palabras -que no reflejaron los diarios- de Cristina Fernández respecto de los sueldos. «Los empresarios deben saber que la mayor rentabilidad se debe lograr con mayor inversión, no saqueando a los consumidores con los precios o a los trabajadores con los salarios.» Hugo Moyano dijo haber sentido que no sólo Kirchner lo vindica sino que hasta la primera dama repite los argumentos que él utiliza para criticar al ministro de Economía.

• El juego de los espejos también se activó en Varela, donde los capitostes del duhaldismo inquirían sobre lo que, cerca de allí, decía Cristina Kirchner desde el tablón. «¿Che, qué dijo la coronela?», interrogó un candidato a los periodistas y, ante una respuesta no demasiado grata -sobre el contenido del discurso, se entiende-, se retiró farfullando maldiciones.

La intriga se acumulaba desde la tarde, cuando Chiche, la anfitriona Graciela Giannettasio, José María Díaz Bancalari, Francisco de Narváez y Jorge Villaverde se reunieron en la casa que la vice tiene en Varela para, entre bocaditos y mate, ensayar un pronóstico sobre el nivel de virulencia que la primera dama le pondría a su discurso. Ninguno acertó.

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