La ausencia, al menos en persona, de los «gordos» en el asado que organizó días atrás en Mar del Plata no desalienta a Luis Barrionuevo en su operativo -a estas alturas casi una obsesión personal- para desplazar a Hugo Moyano de la jefatura de la CGT.
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El gastronómico trabaja para concretar una cumbre con los jefes del sector de los «gordos» para mostrar a una mesa amplia de dirigentes sindicales aliados, más allá de diferencias entre sí, en la pretensión de quedarse con el control de la central obrera.
A mediados de la semana pasada, Barrionuevo convocó a una ristra de caciques y caciquejos a la quinta familiar que tiene en Punta Mogotes. Asistieron todos sus leales, los llamados «Luisitos», que responden en bloque a las intenciones y jugadas del gastronómico.
Sin embargo, no concurrió ninguno de los pesados del sector «gordo» ni, tampoco, de los llamados independientes. La única salvedad fue la presencia de Juan José Zanola, titular de La Bancaria.
Estuvieron, en tanto, delegados de Carlos West Ocampo, de Rodolfo Daer, de Armando Cavalieri y de Oscar Lezcano. También participó Carlos Quintana, segundo de Andrés Rodríguez en UPCN. Rodríguez es, en paralelo a Barrionuevo, uno de los más activos promotores de «voltear» a Moyano.
«Le hicieron el vacío: lo dejaron pagando para cobrarle viejas jugadas de Barrionuevo», dijo, flagelante, un operador del gastronómico. La referencia al pasado es obvia: cuando Moyano decidió instaurar un unicato y los «gordos» dejaron la CGT, Barrionuevo no los acompañó.
Quizá convencido de que aquella maniobra se saldó con el faltazo masivo de los «gordos» al asado costero, el gastronómico insistirá ahora con el armado de una cumbre con dirigentes de los «gordos» e «independientes» para mediados del mes de febrero.
Incertidumbre
Para contribuir al éxito de la convocatoria, Barrionuevo expone números alentadores, pero en paralelo debe lidiar con un factor incierto: los barquinazos del gobierno en torno a su posición sobre la CGT.
Por un lado, para tentar a propios y extraños, el gastronómico difunde el resultado de un poroteo respecto de los congresales de la CGT ante un eventual congreso dividido para elegir a las nuevas autoridades. Dice, en confianza, luego de repasar números con los asistentes al asado marplatense, que el antimoyanismo reúne 913 congresales mientras que los seguidores del camionero sólo suman 328. Arguyen los barrionuevistas que salvo Camioneros, algo de UTA y de los Municipales, que en parte controla Amadeo Genta, el resto de los gremios aliados de Moyano no es de afiliados numerosos y, por tanto, tiene pocos congresales.
Por el otro, Barrionuevo -y sobre todo los demás grupos- quiere esperar cómo mueve la Casa Rosada en el ajedrez sindical. La recepción, tibia, de estudio, que Cristina de Kirchner le hizo a Moyano sugiere que se mantiene el «acuerdo implícito» -según la traducción del camionero en confianza- que existió entre el jefe gremial y Néstor Kirchner durante la presidencia del patagónico. Si, como suponen en Azopardo, esa sintonía persiste, a Barrionuevo podría complicársele la convocatoria porque más allá de su enemistad con Moyano, en caso de un aval siquiera indirecto del gobierno, muchos jefes sindicales evitarán moverse en contra de los intereses y la voluntad de la Casa Rosada.
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