14 de noviembre 2001 - 00:00

Bullrich advierte que "el sindicalismo va por más"

"Van por más. ¿A alguien le quedan dudas de que el sindicalismo va por más? Espero que lo entienda el gobierno.» Patricia Bullrich, con mucha calma pero con la mirada fija, repitió varias veces durante la entrevista la frase. La ahora ex ministra de Trabajo reconoce que gran parte de su decisión de renunciar fue influenciada por la marcha atrás en la obligación de presentar las declaraciones juradas de los sindicalistas y asume, veladamente, que el Presidente no hizo grandes esfuerzos para convencerla de que permanezca en el gobierno. Durante una entrevista con este diario, a horas de haber renunciado y mientras sus colaboradores desarmaban su despacho en el ex edificio de la ANSeS, donde tuvo su efímera oficina como ministra de Seguridad Social, le reclamó como último legado al Ejecutivo que ponga en marcha «el programa espectacular» que estaba a punto de llevar adelante y que aún no comenzó. Está visiblemente molesta, pero se cuida de no em-bestir contra Fernando de la Rúa. «El Presidente tiene todo el poder porque ser presidente de la Nación es tener todo el poder. El primero que debe darse cuenta de esto es el propio Presidente».

Mientras preparaba su salida del edificio de la calle Córdoba, recibía una catarata de llamadas y saludos personales. Uno de ellos fue el del secretario de Coordinación de Economía, Fede-rico Sturzenegger, que había llegado hasta allí para las consultas técnicas sobre el censo y al salir se topó con ella. Para los que la rodean la renuncia fue tan sorpresiva que uno de los hombres de seguridad que la custodiaban en el quinto piso del ministerio reflexionaba: «Renunció 'la Piba', qué pronto lograron voltearla los 'gordos'».

Periodista: ¿Por qué renunció?

Patricia Bullrich:
Medité mucho y me di cuenta de que si no tomaba esta decisión íbamos a convivir con otros ministros en una situación de problema permanente; y el país no está en condiciones de soportar algo así.

Ibamos a estar peleándonos por recursos, anunciando las mismas cosas, y nadie iba a solucionar nada.

P.: ¿Es el fin del programa de seguridad social?


P.B.:
Esto es un programa espectacular y yo me voy para que funcione. Espero que eso pase.

P.: Más allá de ese programa, si el gobierno no hubiera dado marcha atrás en la obligación de presentar bienes por parte de los sindicalistas, ¿hubiera renunciado igual?

P.B.:
No sé. Esa decisión me cayó muy mal. Realmente mal.

P.: ¿La desilusionó Fernando de la Rúa?


P.B.:
No. Pero en este capítulo sí. Me cayó mal que haya negociado esta medida con los sindicalistas. Es un paso atrás en la política de transparencia que defendimos siempre en la Alianza desde antes de llegar al gobierno.

P.: ¿Se equivocó en pelearse contra el sindicalismo dentro de este gobierno?


P.B.:
Yo no me propuse pelear contra el sindicalismo sino, en el lugar donde me designaron, buscar la ética y la transparencia. Quizás esta política de relacionarme con los sindicatos no era absolutamente compartida dentro del gobierno. Había otra idea sobre cómo relacionarse.

P.: ¿Cree que luego de su renuncia los sindicatos serán menos duros con el gobierno?


P.B.:
Al contrario. El sindicalismo argentino, lamentablemente, está acostumbrado a apretar y apretar cada vez más. Y cuanto mayor debilidad se muestre, peor. Y ahora van por más. Van por más. ¿A alguien le quedan dudas de que el sindicalismo va por más? Espero que lo entienda el gobierno.

P.: ¿El Presidente trató de convencerla para que se quede?


P.B.:
No. Pero repito, creo que el problema generado por la superposición de funciones entre ministros era una cuestión que había que resolver y se solucionó con mi renuncia.

P.: ¿Por qué parece que en el gobierno de De la Rúa casi ninguna iniciativa termina teniendo éxito?


P.B.:
No coincido. Quizás haya esa imagen porque este gobierno nació con una estructura política que rápidamente entró en crisis e impactó en el corazón de la gobernabilidad. Es un Ejecutivo al que le cuesta tener un bloque oficialista y eso hace que toda la gestión se dificulte.

P.: ¿Por qué parece entonces que casi ninguna funciona?


P.B.:
Creo que siempre se respondió después de que los acontecimientos se producen. Nos costó demasiado adelantarnos a los problemas y tener una respuesta anticipada. Ahora hay una gran oportunidad de enfrentar los problemas antes de que exploten. Nos podemos adelantar al default con el canje de deuda. Tenemos nuevas políticas de ingresos. Tenemos nuevas políticas sociales. Ahora tenemos que ejecutar todo esto.

P.: ¿Cree que como están las cosas el presidente De la Rúa completará su mandato?


P.B.:
Es evidente que hay sectores que juegan a que esto no ocurra. Parte del sindicalismo está claramente dentro de ese plan. Lo dicen públicamente. Con este marco hay que construir la llegada de Fernando de la Rúa a diciembre de 2003 todos los días. No hay que abandonar un día la pelea. Hay que demostrar que se pueden solucionar los problemas. El día que el gobierno se distraiga, no llega a diciembre de 2003.

P.: ¿Domingo Cavallo está firme?


P.B.:
Tiene mucho porvenir en este gobierno. Creo que el ministro de Economía planteó una estrategia que no sé si hay muchos que la pueden llevar a cabo.

P.: ¿Fernando de la Rúa tiene hoy el poder para soportar esa estrategia y los embates?


P.B.:
Tiene todo el poder. Ser presidente de la Nación es tener todo el poder, y el primero que debe darse cuenta es el propio Presidente. Le doy un ejemplo menor.

P.: ¿Vio los festejos de Hugo Moyano ante su renuncia?


P.B.:
Le digo a Moyano que ayer terminó el primer acto. Esta es como una obra de teatro y éste es el primer capítulo. La historia de la transparencia en la Argentina no terminó.

Entrevista de Carlos Burgueño

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