3 de septiembre 2001 - 00:00

Cena Moyano-Daer-De la rúa

Veinticuatro horas antes, nadie hubiera podido imaginar una mesa donde Fernando de la Rúa, Rodolfo Daer, Hugo Moyano, Eduardo Escasany e Ignacio de Mendiguren se sentaran para discutir un hipotético acuerdo de unidad nacional para reactivar la economía. Lo cierto es que el encuentro se dio, en estricto secreto, en la casa del presidente de la UIA el jueves pasado por la noche, un día después del acto de las dos CGT en Plaza de Mayo y pocas horas antes de que Raúl Alfonsín llegara a pedirle la renuncia a Domingo Cavallo. La reunión fue una prueba concluyente de la preocupación de De la Rúa por la marcha de la economía y el futuro de su poder político, sobre todo si se tiene en cuenta que Domingo Cavallo desconoció absolutamente el encuentro.

El jueves a la noche se sentaron a cenar los jefes de las dos CGT -Daer y Moyano-, el banquero Escasany, Chrystian Colombo y el anfitrión, sin el Presidente, cuya presencia no estaba prevista. Mientras discutían sobre la «extranjerización de las decisiones de Estado», según caracterizó Moyano aunque esta vez sin insultar y adoptando los modales de los presentes, y le pedían a Escasany que se definiera entre el frente productivo o los bancos extranjeros a la hora de pararse para la foto, sonó el timbre.

Eran las 24 cuando entró por sorpresa De la Rúa, en complicidad con el jefe de Gabinete, y se ubicó junto a los sindicalistas y el banquero. Sólo habían pasado 24 horas desde que Daer y Moyano, en la primera manifestación conjunta en la plaza, habían pedido la cabeza de medio gabinete nacional.

No hubo sustos ni reproches desde los gremialistas, hubiera sido demasiado descortesía. Todo era armonía. Y así comenzó la charla con el Presidente, donde hubo de todo. Las ausencias de Domingo Cavallo y Adalberto Rodríguez Giavarini no fueron casualidad y eso se comprobó en los diálogos de esa noche.

Pese a las diferencias que normalmente separan a De Mendiguren y Escasany, todos coincidieron en que, en esta etapa, era necesario un acuerdo nacional marco en el que los bancos estuvieran incluidos.

De la Rúa estuvo de acuerdo en la necesidad de un proyecto con fuerte apoyo de los empresarios y escuchó la crítica repetida a las decisiones sobre la economía nacional que son tomadas desde el exterior: «Cuando quisimos tantear el impuesto a las empresas privatizadas a Alfonso Cortina -titular de Repsol-YPF-lo buscamos por toda España y no lo pudimos encontrar», dijo uno de los presentes.

De Mendiguren fue uno de los que más insistió con los acuerdos internacionales, con el Mercosur, el NAFTA o la Unión Europea, seguido de Daer y Moyano: «Presidente, le repito lo que hemos hablado en varias ocasiones, sin mercado interno hoy no hay salida. Por eso le insistimos en que no se pueden seguir negociando acuerdos internacionales en este marco de endeblez económica».

El pedido del empresario en realidad viene de una pelea profunda que la UIA mantiene con la Cancillería y que en algún momento llevó a fuertes cruces verbales. El ejemplo más claro de esto fue la discusión mantenida hace unos días ante la intención del equipo de Rodríguez Giavarini de avanzar con el cronograma de negociaciones con la Unión Europea para una apertura comercial donde debía comenzar la discusión «producto por producto». El pedido de los empresarios fue congelar toda acción hasta después del 15 de octubre cuando, piensan, deberá trabajarse en una nueva estructura de poder político en el país.

«¿Cómo podemos modificar las expectativas?», preguntó el Presidente. «Usted no puede tomar ninguna medida ni firmar ningún acuerdo internacional que destruya empleo», respondieron con esta obviedad los presentes.

De la Rúa se quedó en la mesa de De Mendiguren escuchando los planteos de todos los sectores hasta las 3.30:

El miedo a un vacío de poder después del 14 de octubre obliga al gobierno a buscar consensos. «No hay ningún candidato de la UCR que pueda ganar por el Presidente en las elecciones. Sea quien sea, el triunfo se lo llevará un opositor al gobierno», se había dicho en la cena antes de la llegada de De la Rúa.

Daer y Moyano dieron un sí inicial a la posibilidad de sumarse a un acuerdo, incluso con la participación de los bancos.

También se exigió que la Iglesia participe como miembro activo de esta suerte de entente de unidad nacional de sectores.

Empresarios y sindicalistas no hablaron en ningún momento de la participación del canciller o el ministro de Economía en las negociaciones. En general fueron críticos los comentarios en la mesa sobre estos funcionarios.

Mas difícil, y casi sin posibilidad de respuesta, fue el momento en que empresarios y sindicalistas se quejaron de la actitud política del Congreso: «Es necesario un compromiso. Todos hablan en contra del modelo, pero cuando entran al recinto le votan a Cavallo todo lo que pide».

Hacia las 3.30, De la Rúa se levantó de la mesa y media hora después terminó la reunión. Hoy los empresarios, las dos CGT, la Iglesia y parte de los banqueros argentinos lo recibirán en la sede de la UIA para celebrar el Día de la Industria y comunicarle, una vez más, sus quejas.

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