Envalentonada, la CGT quiere emancipar al PJ del kirchnerismo

Política

Duras críticas de los sindicalistas al acto del 17 de octubre en la Plaza de Mayo en contraposición al que hizo al día siguiente la central obrera.

La CGT abandonó su habitual diplomacia para dejar asentadas sus diferencias con el ala política que responde a Cristina Kirchner. Fue a través de un pronunciamiento unánime de los dirigentes que participaron de la última reunión del Consejo Directivo de la organización antes del Congreso de renovación de autoridades que se hará el 11 de noviembre.

La sentencia, que promete repercutir en el futuro del vínculo entre los accionistas del Frente de Todos, es a su vez el fruto del empoderamiento que registró la central en los últimos tiempos y que tuvo como pico el acto masivo organizado por los gremios el 18 de octubre.

La declamación, que terminó por relegar otros temas de agenda como el cambio de estatuto interno para habilitar el cupo femenino desde noviembre, hizo eje en una cadena de episodios que los gremialistas le endilgan al kirchnerismo, en general, y a La Cámpora en particular. Desde los ofrecimientos unilaterales de renuncias al Presidente por parte de los ministros ligados a Cristina hasta los cortocircuitos públicos entre ese sector y el Gabinete económico. Y, sobre todo, el foco quedó puesto en las diferencias entre el resultado de la marcha a Plaza de Mayo del 17 de octubre, con impulso camporista, y la de la CGT del día siguiente.

En esa línea los discursos coincidieron en valorar la masividad, organización y ausencia de incidentes en la convocatoria del 18 al Monumento al Trabajo en contraposición con la del día anterior, signada –siempre a juicio de los gremialistas- por el impulso a cargo de dirigentes menos institucionalistas del oficialismo como Hebe de Bonafini o Amado Boudou y que dejó como resultados ante un sector de la opinión pública advertencias al Gobierno nacional por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el destrato hacia un homenaje con piedras a las víctimas fatales del coronavirus.

Por ser la última reunión del Consejo Directivo actual antes del recambio las intervenciones tuvieron un carácter de memoria y balance. En todos los casos hubo palabras elogiosas a la gestión de la CGT, su “mesa chica” y el dúo de líderes, Héctor Daer y Carlos Acuña. La secuencia que sobrevino a la derrota electoral del Frente de Todos no hizo sino revitalizar a la central obrera como factor de poder y escudero de Alberto Fernández, más aún con la llegada al Gabinete de Juan Manzur.

Pero el carácter más destacado fue la salida del armario de las posturas más antikirchneristas, que si bien son mayoritarias en la CGT se habían mantenido en reserva durante el primer bienio del Gobierno. Incluso antes de las PASO hubo gestiones de acercamiento con Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” de Pedro por parte de la “mesa chica” de la central pero la derrota en las PASO pareció cancelar esa tregua. La línea argumental de esta tarde dictaminó que la única salida virtuosa para el Frente de Todos será mediante el peronismo en sus versiones más tradicionales y con la reducción a su mínima expresión de poder del kirchnerismo en la gestión.

Este martes los sindicalistas, incluso, se presentaron como ejemplos de vocación unionista a seguir por los socios del Frente de Todos y en contraposición con los chispazos internos que quedaron al descubierto tras las primarias. La referencia en ese sentido es el proceso de cambio de conducción que volverá a contener a Hugo Moyano y a otros espacios que se habían automarginado del Consejo Directivo de la organización.

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