Sorpresa en la CGT: Gerardo Martínez, con chances para quedarse con nueva jefatura

Política

Dirigentes de peso impulsan al líder de Uocra para reemplazar al tándem Daer-Acuña y acercarse al kirchnerismo. Cumbre secreta entre Cavalieri y Barrionuevo.

De los laberintos se sale por arriba, sostienen los principales referentes de la CGT como estrategia para destrabar las negociaciones con vistas a un posible recambio de autoridades en octubre: bajo esa premisa comenzó a sonar el nombre de Gerardo Martínez como nuevo secretario general para reemplazar la dupla que integran Héctor Daer y Carlos Acuña. Se trata del plan sorpresa que apuesta a reformatear la central obrera con la participación de la mayor cantidad posible de sectores, incluso el de Hugo Moyano, y con un perfil más disociado de Alberto Fernández pero más conectado con otros espacios del peronismo, entre ellos el de Cristina de Kirchner.

La alternativa de Martínez, que fue jefe de la CGT entre 1995 y 1996 y desde entonces se apoltronó en la secretaría de Relaciones Internacionales de la organización, es alimentada por dirigentes de la máxima jerarquía en el sindicalismo tradicional como Armando Cavalieri (Comercio) o el grupo de los “independientes” que integra el propio líder de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra) junto con Andrés Rodríguez (estatales, UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias). El aludido, de momento, hizo saber que prefiere continuar en la “cancillería” de la central pero por primera vez en años desde su entorno admitieron como posible su salto en caso de ser una propuesta de consenso.

De fondo, la propuesta de recambio en favor del referente de Uocra pone sobre la superficie un sismo en la estructura de conducción de la CGT por la pérdida de apoyos de Daer, hasta ahora principal referente de los “gordos” de los grandes gremios de servicios. Al gremialista de Sanidad no le endilgan falta de llegada al Gobierno porque de hecho es uno de los dirigentes más cercanos a Alberto Fernández sino la escasa influencia sobre los círculos de poder real que, al menos en la CGT, identifican con la Vicepresidenta.

El propio Cavalieri, el más connotado de los “gordos”, les transmitió a sus colaboradores cierta desilusión frente a las limitaciones de la gestión de Daer para apurar las soluciones que la central tramita con el mandatario y que se dilatan en el tiempo. Alega que la CGT perdió influencia en el peronismo y se desconectó de algunos centros de influencia partidarios como los gobernadores y que el acceso al Jefe de Estado, a la quinta de Olivos y a su despacho en la Casa Rosada, no implica en modo alguno ver cristalizados los compromisos asumidos por Alberto. El “Gitano” fue decisivo para encumbrar al número dos de Sanidad en la cima de la CGT en 2016, entonces como integrante de un triunvirato junto a Acuña y Juan Carlos Schmid, en sintonía con Carlos West Ocampo, formador de Daer en el gremio.

Los cambios en el sistema interno de alianzas se tradujeron en los últimos contactos entre los principales referentes de la CGT. A mediados de la semana pasada Cavalieri concurrió a un almuerzo convocado por el gastronómico Luis Barrionuevo en la sede de Uthgra. Junto al anfitrión se encontraban Acuña, su delegado en la secretaría general de la central obrera, y otros tres dirigentes de peso: Roberto Fernández y Mario Caligari, de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), y Amadeo Genta, el poderoso líder de los municipales porteños de Sutecba. En la comida no se habló de candidatos por nombre y apellido pero sí de la necesidad de recuperar para la CGT del protagonismo perdido en los últimos años.

Para Cavalieri se trató de aceptar el convite de un dirigente con estructura propia aunque más acotada de la que tuvo años atrás, con la mirada puesta en buscar atajos para reunificar la CGT con una conducción más centralizada y capaz de dialogar con el kirchnerismo, una valla al parecer infranqueable por ahora para el tándem Daer-Acuña. Para Barrionuevo, en cambio, el objetivo era más pedestre y pasaba por convencer al “Gitano” de utilizar su caudal de congresales para tomar el control de la central sindical a través de dirigentes de la confianza de ambos. El principal obstáculo para impulsar la alternativa de Gerardo Martínez pasa más por el propio candidato que por sus eventuales rivales.

Desde su salida traumática de la jefatura de la CGT, en 1996 y tras un tiroteo entre la Uocra y Camioneros y un paro de actividades que terminó por enfrentarlo a Carlos Menem, el dirigente se dedicó a construir un perfil internacionalista que alimentó con cargos estratégicos en organismos como la OIT y como patrocinador de experiencias de diálogo social tripartito. En esa empresa sumó rodaje junto a otro recientemente encumbrado: el abogado laboralista Daniel Funes de Rioja, nuevo presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Aunque en su entorno alegan que para Martínez la principal alternativa para la CGT es un nuevo triunvirato, un “operativo clamor” de los principales sectores podría convencerlo de tomarse revancha en el principal sillón del modelo sindical argentino. En los planes de sus impulsores afirman que “Media Cuchara”, como lo mentan en la intimidad, allanará el camino para dos cambios históricos en la central: la reforma del estatuto para la incorporación de un cupo sostenido de mujeres en el Consejo Directivo, por un lado, y la asimilación de los movimientos sociales bajo el paraguas de Azopardo 802.

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