Con menos ruido que los hiperduhaldistas, la propia tropa de Felipe Solá reaccionó ante el diseño del gabinete bonaerense. Hubo, con pocas horas de diferencia, dos manifestaciones inocultables de malestar: una renuncia y un ofrecimiento rechazado.
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La dimisión se produjo el jueves al mediodía, pero trascendió el viernes. La presentó, con carácter indeclinable, la secretaria de Turismo, María Teresa García, dama de San Isidro, poco grata al matrimonio Duhalde y que hace años se enroló en el entonces incipiente felipismo.
El rechazo partió de Hugo Corvatta, vicegobernador virtual en los dos años de mandato heredado de Solá. Corvatta, hombre del Sur, peleó -y perdiócontra el duhaldismo para retener la vice del Senado. Solá le ofreció un cargo en el Banco Provincia, pero el sureño lo rechazó.
Se pueden leer, en los dos movimientos, reproches no tan velados al criterio que eligió Solá a la hora de definir el gabinete que el próximo miércoles asumirá en la provincia, un rato después de que el gobernador asuma su primer mandato natural. Veamos los detalles:
García pertenece al grupo que comanda Federico Scarabino, ministro de Gobierno que dejará su cargo para asumir como senador y será reemplazado por Rafael Magnanini, ex jefe de Benito Juárez, ex ministro de Producción y rival de Scarabino, en alianza con Florencio Randazzo, en la mesa chica del felipismo. García padeció su estadía en Producción cuando su jefe ascendió a Gobierno y esa cartera quedó en manos del juarense. Luego, logró un alivio: Solá creó una Secretaría de Turismo y Deporte, la ascendió a ese rango y, además, la sacó de la línea de fuego de Magnanini. Ahora, con éste en Gobierno, García quedaba otra vez some-tida. No lo soportó y el jueves pegó el portazo adujendo razones personales, frase que, como se sabe, siempre esconde motivos políticos. Contribuyó a esa decisión el hecho de que Solá, en el armado global, premiara a los rivales de Scarabino. García, igualmente, no quedará desempleada: tiene un destino grato, en un despacho colorido.
En el caso Corvatta, pasó algo parecido. El senador, escolta de Solá en la transición, se puso de punta con Eduardo Duhalde cuando quedó -junto con otros, por ejemplo, Horacio Román-al frente de una embestida para retener, para un delegado del felipismo, la vice de la Cámara de Senadores, que el duhaldismo quería para sí a través de Antonio Arcuri. Pero, tras un despliegue feroz de los duhaldistas, que incluyeron hasta la intervención personal de Duhalde, perdió la pulseada. Y Solá intentó pagar ese gesto -que algunos calificaron de suicidaofreciéndole un sillón en el Banco Provincia. En el ranking de la política, puede calificarse como un premio menor tras semejante exposición: y así, parece, lo entendió Corvatta, que rechazó ceremoniosamente el convite y decidió quedarse, casi como senador raso, en La Plata. Unas horas después, el Senado votó los pliegos de Jorge Sarghini, para presidir el BAPRO en lugar de Ricardo Gutiérrez, y de Zunilda López, Francisco Eggers y Dante Giallombardo, para integrar el directorio de la entidad.
Tendrá un destino menos ácido Juan Amondarain, aliado de Corvatta, al menos hasta que Haroldo Lebed comenzó a amenazar con que lo correría de la jefatura del bloque del PJ. El platense logró la semana pasada la promesa de que continuará al frente de los senadores del peronismo, a partir de la asunción de Graciela Giannettasio como vicegobernadora y mandamás del Senado. Hubo quienes facturaron todavía mejor: Mónica Pellegata, primero, apostó a Corvatta en el forcejeo con Arcuri, pero, al final, terminó --se-gún el acta que circula-poniendo la firma para apoyar al duhaldista. Igual, Solá la premió como delegada por Buenos Aires en el Consejo Federal de la Mujer.
Antes de los reproches, Solá había escrito otro capítulo de la novela de premios y castigos. De todos modos, habrá que esperar un retoque parlamentario a la Ley de Ministerios: creará la cartera de Trabajo, escindida de Desarrollo Humano y ahí proclamará a Roberto Mouillerón, que sumó para el gobernador por fuera del PJ oficial, lo que le valió más de una queja. También dividirá Producción y Asuntos Agrarios: en la primera, como ya informó, asumirá Indalecio Oroguieta; en Agro, incorporará a otro ingeniero agrónomo -ya hay dos: Solá y Raúl Rivara, en Seguridad-al gabinete provincial: Eduardo Griguoli, histórico amigo y ladero del gobernador, por ejemplo, como secretario legislativo del Senado, cuando Solá era jefe de esa cámara.