Culpas nuevas, enojos viejos
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El segundo elemento es que sus errores en esta tragedia los reflejó, sorpresivamente, el órgano oficial por excelencia, «Clarín». ¿Por qué este cambio? Porque el monopolio «Clarín» se envilece siempre que lo amenazan con competencia y considera, precisamente, una amenaza la reciente unión comercial de Raúl Moneta, Daniel Hadad y Marcelo Tinelli, todos en «Canal 9». Héctor Magnetto, del monopolio, considera hoy que el gobierno ayudó o, por lo menos, no hizo nada para impedir esta unión que amenaza a «Canal 13» con enviarlo al tercer lugar en rating. Es cierto que necesitará tiempo «Canal 9» para consolidarse con la incorporación del exitoso animador que dejó «Telefé». Es cierto también que Claudio Villarruel en este canal de Telefónica de España queda más expuesto en sus muchas carencias cuando se le aleja un Tinelli que por sí solo le daba los mejores ratings. Pero igual Magnetto sabe que «Canal 13» puede pasar al tercer lugar porque nunca acompañó la calidad a ninguno de sus medios -sobre todo calidad periodística y artística-sino el sustento fue el dinero, el endeudamiento y la posterior salvación acordando con gobiernos militares o civiles, indistintamente. Por eso «Clarín» hundirá los dientes más seguido en el elenco oficial, como ahora lo hizo con Kirchner y sus desventuras en la tragedia aunque la crítica fue justa y coincidente con el resto de los medios. Hasta de Tinelli en «Canal 9» no era así.
Tuvo una falla el Presidente, le agregó una faceta dubitativa y actitud introspectiva peligrosa a su imagen que lo afecta -más cuando la oposición lo use-pero el mismo cargo presidencial lo hará zafar pronto aunque haya quedado algo malo acumulado, como el penoso caso de la médica cubana y el temor a ofender a Fidel Castro.
Para Aníbal Ibarra será mucho más deteriorante la tragedia. No sólo ocupa el cargo más responsable para descarga del dolor e ira natural de los deudos sino que cometió errores políticos que se ocultan «mientras no ocurra nada». Por caso el secretario de Seguridad, Juan José López, era su amigo personal para designarlo y que haya renunciado no le excusa a ninguno de los dos. Al contrario, da idea de cobardía en López. Aparte de eso la jefa de los inspectores, Fabiana Fiszbin, desde mayo del año pasado no asumió por concurso o carrera sino por amistad con Vilma Ibarra, hermana del jefe de la Ciudad y novia actual del ministro Alberto Fernández. Nuestros hombres públicos no terminan de entender que en cargos de la administración decisivos hay que recurrir al más experto y no al amiguismo. Del CELS de Horacio Verbitsky y del progresismo criollo en la defensa de los derechos humanos es sabido que no hablan porque hoy están sólo preocupados por seguir usufructuando el enriquecimiento que agradablemente los sorprende sumándose a cargos públicos. Además nunca sirvieron para tragedias donde los que mueren no votan ni se encolumnan con Marx y los deudos se encolerizan demasiado como para coparles sus marchas de protesta.




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