Marzo siempre fue un mes donde la realidad se impone. El gobierno de Javier Milei tuvo su verano en sentido literal y figurado, logrando aprobar reformas clave en extraordinarias. Ahora, el comienzo de las sesiones ordinarias funciona como una frontera simbólica: termina la épica parlamentaria y empieza el examen social. Para el oficialismo, ese momento llega luego de triunfos políticos relevantes, aliados fortalecidos y una oposición fragmentada. Sin embargo, también marca el inicio de un trimestre donde la economía tendrá más peso que cualquier votación en el Congreso.
Del verano legislativo al termómetro social: el desafío que enfrenta Javier Milei en marzo
Tras un verano de triunfos legislativos, el Gobierno busca acelerar su agenda reformista en 2026. Sin embargo, el inicio de las sesiones ordinarias coincide con un trimestre donde la economía y el clima social pondrán a prueba el capital político acumulado.
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Javier Milei encara marco luego d eun verano favorable a nivel legislativo.
La Libertad Avanza llega a esta época del año con argumentos para celebrar. Logró consolidar una red de apoyos que hasta hace un año parecía imposible. En la Casa Rosada repiten que el 2026 será “el año más reformista de la historia”, con proyectos en carpeta que abarcan desde cambios tributarios hasta reformas penales y electorales. La idea es acelerar antes de que el calendario electoral complique los acuerdos políticos.
El vocero presidencial, Manuel Adorni, fue el encargado de ponerle número -confiesan puertas adentro que fue "poco ambicioso" anunciar 50 iniciativas- y volumen a la ambición oficial. Sin embargo, hay un listado que incluye reformas tributarias, cambios en el sistema penal, modificaciones electorales y nuevas desregulaciones económicas. En la Casa Rosada lo presentan como una segunda etapa del programa libertario, más profunda y estructural, con la idea de consolidar un nuevo marco normativo antes de que el clima electoral complique la gobernabilidad.
Con más respaldo político pero bajo presión económica, el Gobierno acelera reformas antes del calendario electoral
El propio presidente Javier Milei viene insistiendo en privado en que 2026 debe ser el año de las transformaciones irreversibles. No se trata solo de aprobar leyes, sino de cambiar reglas de juego que sobrevivan a cualquier alternancia política futura. El problema, claro, es el timing: cuanto más reformas se acumulen en simultáneo, mayor será la presión económica y social en el corto plazo. Y ahí aparece el riesgo que inquieta incluso a aliados oficialistas: que la velocidad reformista choque contra la resistencia de una sociedad que todavía no siente la mejora prometida.
Marzo llega con inflación todavía sensible, consumo deprimido y tensiones sociales acumuladas. A esto se suma una caída en la imagen del Gobierno -aunque todavía evidencia un apoyo sostenido-, según distintos relevamientos. En el Gobierno saben que el capital político obtenido en el Congreso puede evaporarse rápido si los indicadores económicos no acompañan.
Por eso el discurso presidencial del 1° de marzo tendrá un doble objetivo. Por un lado, recuperar la épica libertaria y reafirmar el rumbo reformista. Por otro, ordenar expectativas y sostener la confianza de los mercados y de los sectores productivos. El mensaje estará dirigido tanto a la sociedad como a los inversores, con promesas de nuevas transformaciones estructurales.
Después del discurso vendrá la política real. Milei planea una cena con diputados y senadores propios en la quinta de Olivos, un gesto de cohesión interna tras las batallas legislativas del verano. La reunión busca consolidar el núcleo duro del oficialismo y agradecer el acompañamiento en leyes clave, en un momento donde la unidad es un activo estratégico.
Sin embargo, el desafío central no está dentro del bloque libertario sino en los aliados. Gobernadores y bloques dialoguistas acompañaron reformas importantes, pero lo hicieron con la expectativa de resultados económicos. Ese equilibrio delicado es el que comienza ahora: sostener acuerdos políticos sin resignar el programa ideológico ni el posicionamiento electoral.
En paralelo, la economía entra en una etapa donde las decisiones empiezan a sentirse en la vida cotidiana. El ajuste fiscal, la recomposición de tarifas y el proceso de desregulación generan efectos que no siempre son lineales. En la Casa Rosada creen que el orden macro terminará imponiéndose, pero admiten que el tránsito puede ser áspero. Marzo, abril y mayo serán meses de termómetro social.
Reforma electoral
También aparece un factor temporal que preocupa: el calendario electoral de 2027. Cuanto más se acerquen las elecciones, más difícil será aprobar reformas estructurales profundas. Por eso el Gobierno quiere avanzar rápido en 2026, incluso con medidas que puedan generar costos políticos inmediatos, apostando a que los beneficios se vean después.
El oficialismo trabaja en una reforma electoral que podría ser anunciada por Milei durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Entre los ejes principales aparece la eliminación definitiva de las PASO, bajo el argumento oficial de reducir costos y simplificar el calendario electoral, además de profundizar el sistema de boleta única de papel que ya fue aprobado para los comicios nacionales.
La iniciativa también incluiría cambios en el financiamiento de las campañas, la regulación de los partidos políticos y posibles modificaciones en los tiempos del cronograma electoral, con el objetivo de concentrar la competencia en la elección general. En la Casa Rosada sostienen que el esquema actual genera gastos innecesarios y distorsiones en la oferta política, mientras que la oposición advierte que la eliminación de las primarias podría afectar la competencia interna y favorecer a las estructuras partidarias más consolidadas.
La oposición, mientras tanto, entra en una fase de reorganización. La fragmentación del peronismo y las tensiones internas le dieron aire al oficialismo en el Congreso, pero eso no garantiza tranquilidad en la calle. Los conflictos sindicales y las protestas sociales pueden convertirse en el principal canal de presión política en los próximos meses.
En este contexto, el Gobierno enfrenta una paradoja clásica del poder: tiene más fortaleza política que hace un año, pero menos margen económico. La legitimidad parlamentaria creció, pero la tolerancia social al ajuste tiene límites. Y esos límites suelen aparecer cuando termina el verano, aunque episodios como la reforma laboral o los despidos en Fate hayan anunciado un final anticipado de la temporada estival. Después del 1° de marzo se verá si las victorias legislativas fueron el comienzo de una transformación duradera o apenas un capítulo exitoso en una historia todavía abierta.








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