2 de septiembre 2005 - 00:00

Domina en listas la portación de apellido

Alicia Kirchner
Alicia Kirchner
La hipótesis, tan difícil de comprobar como de refutar, sostiene que el alto índice de aceptación de Cristina y Alicia Kirchner responde, en gran medida, a que son -citando a la primera dama- «portadoras de apellido», virtud o martirio que también usufructúa o arrastra Chiche Duhalde.

Sea o no cierta esa especulación, en los municipios el ejercicio de recurrir al apellido del cacique local -que suele ser una «marca» registrada- es un recurso que duhaldistas, kirchneristas y vecinalistas utilizarán para influir en los votantes de octubre.

La ecuación es sencilla: frente a una elección «nacionalizada», los jefes locales -especialmente los leales a Eduardo Duhalde- decidieron apostar sus propios apellidos para intentar bloquear el efecto arrastre que, advierten, genera Cristina y amenaza con dañarlos seriamente.

Hay varios casos. El hiperduhaldista intendente de Berazategui, Juan José Mussi, colocó a su hijo Juan Patricio al tope de la boleta de concejales del peronismo oficial. A su vez, el metalúrgico Hugo Curto, coronel de Tres de Febrero, recurrió a su esposa, Marta Burgos.

• Riesgo

En San Miguel, Aldo Rico hizo una pirueta similar: su hija, María del Carmen, encabeza la lista de concejales a pesar de que al mismo tiempo ocupa el sexto casillero de la boleta de diputados nacionales del PJ. En diciembre deberá decidir con qué banca se queda.

Alejandro Granados
, en Ezeiza, es más arriesgado y dual: ubicó a su esposa, Dulce, como candidata a diputada provincial por el Frente para la Victoria y, además, instaló a su herman a,Leonor, al frente de la lista de concejales del peronismo. Tiene el festejo garantizado.

Un ejemplo intermedio es el del duhaldista
Alfredo Atanasof, que inscribió a su hijo Gonzalo como primer edil del PJ en La Plata. Está en observación cómo actuará el apellido en este caso, pero con eso el ex jefe de Gabinete de Duhalde consigue un conchabo para su heredero.

Pero esta mecánica no es exclusiva de los peronistas. También el ex frepasista
Martín Sabbatella, jefe comunal de Morón, anotó a su hermano Hernán como postulante -va en segundo lugar, detrás de Adrián Grana, casi un clon del intendente- para una banca en el Concejo Deliberante.

Es un dato inocultable: el hecho de inscribir su « marca» política en las listas cumple el rol de
identificar cuál es la lista que respalda el jefe local, hecho que en medio de la confusión generada por la ruptura del PJ aparece como un elemento determinante.

Veamos el caso de
Mussi. Su hijo, Patricio, abrirá la lista de concejales del PJ para confrontar con Mario Giacobbe, el candidato del FpV. Mussi puede ostentar un alto nivel de adhesión y jugando su «nombre» busca contrarrestar el contagio de arriba hacia abajo que genera Cristina Kirchner.

Lo mismo intentan Rico en San Miguel y Curto en Tres de Febrero:
poner en juego su propia marca política contra la marca política Kirchner para evitar que la ola oficialista los arrase en sus propios territorios.

Es, todavía, más urgente para Sabbatella. El moronense sólo juega en el plano local, sin candidatos provinciales. Debe, por tanto,
incentivar el corte de boleta y, para eso, poner en letra grande su apellido en las boletas del Encuentro -su partido- para fortalecer su espacio.

Esto no implica, sin embargo, restar méritos a los postulantes que portan, honrosa o culposamente, apellidos con peso político.

En menor medida, más que por ventaja política, por pertenencia a un «clan», en las boletas de octubre sobresalen otros «portadores».
Roque Cariglino -hermano de Jesús, intendente de Malvinas Argentinas- es candidato a senador por la Primera Sección por el PJ.

Luis Patti
, quizá buscando el apoyo divino, cedió un hueco en la nómina de candidatos a diputados nacionales a Patricio Caselli, hijo de Esteban «Cacho» Caselli, ex embajador en el Vaticano, de Carlos Menem, y luego mano derecha de Carlos Ruckauf en la provincia.

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