30 de enero 2003 - 00:00

Duhalde comenzó a negociar con Menem un pacto en serio

Eduardo Duhalde tomó dos decisiones importantes en las últimas 24 horas. La primera se refiere a la sucesión presidencial: el Presidente les encargó a dos de sus principales operadores que negocien con Carlos Menem un acuerdo sencillo, mínimo. Sabe Duhalde que sin elecciones se encamina a un nuevo default por el miniacuerdo con el Fondo de difícil cumplimiento. Se trata de certificar el calendario electoral por vía judicial, a través de una «acción declarativa de certeza» llevada ante el tribunal de María Servini de Cubría. Se le solicitará a la magistrada que despeje cualquier duda sobre la realización de elecciones generales el 27 de abril. A cambio, el menemismo les restaría énfasis a sus impugnaciones judiciales. Es decir, admitiría de hecho, aunque siga litigando en la Justicia, que los tres candidatos del PJ vayan a esos comicios generales con sus propios partidos y utilizando las imágenes de Juan y Eva Perón en las boletas. Este convenio, que negocian desde el sector de Menem Alberto Kohan y Juan Carlos Romero, sería el núcleo de un pacto más general y etéreo: el que suscribirían todos los candidatos presidenciales, peronistas o no, para expresar delante de la jueza su voluntad de que se realicen los comicios en la fecha fijada por ley, cualquiera sea la peripecia judicial de las internas. La otra determinación importante de Duhalde fue postular a su esposa Chiche como candidata a vicegobernadora con Felipe Solá. Al gobernador se le concede desde Olivos lo que no se le ofreció a Néstor Kirchner, es decir que el apellido presidencial asocie su suerte a la del oficialismo. Eso sí, Solá no cuenta con una garantía definitiva acerca de si no será finalmente un Duhalde el que encabece la fórmula en las elecciones provinciales. Es la incógnita que lo carcome.

Eduardo Duhalde abrió una negociación secreta con Carlos Menem. No se la encargó a ninguno de sus gerentes habituales, como Eduardo Camaño, Juan Carlos Mazzón o Jorge Matzkin, a quienes ha manifestado su desdén desautorizando una y otra vez los compromisos asumidos. El nexo habilitado ahora es Miguel Angel Toma, a quien el Presidente envió hace dos semanas a hablar con Menem para informarlo sobre cómo, en nuevas declaraciones, el testigo iraní del caso AMIA desmentía a «The New York Times» al desacreditar cualquier maniobra de encubrimiento de ese atentado. Del otro lado de la línea, Alberto Kohan, eterno ladero del ex mandatario y compañero de aventuras de caza con el jefe de la SIDE, y Juan Carlos Romero, quien recibió el martes por la noche un primer informe sobre la cuestión a través de un emisario de Toma. También José Pampuro se mueve entre una y otra trinchera. ¿Qué contenidos circulan por esos canales? Un acuerdo mínimo, que Kohan expuso delante de Menem con alguna probabilidad de éxito: garantizar la fecha de las elecciones generales del 27 de abril a cambio de que se reduzca el énfasis de las impugnaciones judiciales que planteó el menemismo en distintos tribunales.

La ecuación imaginada por el gobierno no sería presentada como un acuerdo crudo entre Menem y Duhalde. Se disimularía esa operación en una liturgia institucional más sofisticada y meritoria: un acuerdo político en el que todos los candidatos manifiesten su interés en la ratificación del calendario electoral vigente (urnas el 27 de abril, cambio de gobierno el 25 de mayo).

Menem viajó anoche hacia Miami con una propuesta concreta, de la que fue informado en sucesivas comunicaciones a Chile a lo largo del día. La Presidencia de la Nación impulsará una «acción declarativa de certeza» en el juzgado de María Servini de Cubría, solicitando a la magistrada que despeje cualquier incógnita sobre la realización de esos comicios, una exigencia explícita del FMI para que se cumplan los acuerdos suscriptos con la Argentina De Servini se espera que emita un pronunciamiento diciendo que no existe motivo alguno que impida el cumplimiento de la ley que fijó la compulsa para el 27 de abril. La presentación ante la jueza le fue entregada y explicada anoche a Duhalde en Olivos.

• Terminante

El menemismo había enviado durante el fin de semana un mensaje terminante a Olivos, a través de Eduardo Bauzá y el propio Kohan: «Todo es negociable menos la fecha de la elección; de eso no nos bajamos». Duhalde percibió ese interés y también quedó impresionado por el modo en que el Fondo Monetario Internacional condicionó todo el acuerdo con su administración a que ésta terminará el 25 de mayo próximo con elecciones en abril. Por eso el martes les comentó a sus funcionarios de mayor confianza que «hay que encontrar una forma de darle certidumbre a la decisión que tomamos para que se vuelva creíble». Fue por eso que se ideó la estrategia judicial frente a Servini.

Desde el punto de vista del duhaldismo, la propuesta que se le acercó a Menem tiene otra ventaja. Además de ratificar que el cronograma electoral se cumplirá inexorablemente, pretende conseguir la aceptación por parte del adversario de las disposiciones que se adoptaron en el congreso peronista de Lanús. Es decir, que se modifique la carta orgánica del partido, se suspendan las internas del 23 de febrero y cada candidato concurra a los comicios generales con su propia formación y con derecho a utilizar las efigies de Juan y Eva Perón en las boletas. Este es el modo elegido por Duhalde para asegurarse de que el PJ no se impondrá en primera vuelta (las encuestas le dicen que si lo hace el ganador sería Menem) para que, en una segunda vuelta, el riojano caiga derrotado, si fuera posible delante de Néstor Kirchner.

Menem sabe que tiene margen jurídico para torcer estos designios: podría conseguir que se impugne el congreso peronista, que se realicen las internas de febrero y que, al presentarse en ellas como único candidato, la Justicia le haga único beneficiario de la «marca» PJ. Pero ese derrotero podría hacer peligrar la fecha de las elecciones generales, por lo que el costo sería altísimo ya que sin un calendario estable es imposible llevar adelante una campaña electoral.

El acuerdo que comenzó a tejerse en contactos entre Buenos Aires y Santiago es el más promisorio de la serie ensayada en varios acercamientos recientes. Esconde, eso sí, una dinámica invisible: podría ser el comienzo de un pacto implícito, silencioso, con Menem que serviría a Duhalde para replegarse en la provincia de Buenos Aires si el experimento del gobernador de Santa Cruz termina por frustrarse. Esta alternativa aparece cada día con más probabilidad en el duhaldismo, a tal punto que uno de sus principales ejecutores confesó ayer: «Hacer campaña por Kirchner es como pasear a un perro muerto».

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