8 de noviembre 2005 - 00:00

Duhalde elude autocrítica pero cuenta su vida

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Como metáfora del claroscuro político, será crudamente gráfica: el 9 de diciembre, en Uruguay, Eduardo Duhalde se despedirá de su última trinchera -la secretaría general del Mercosur- mientras, cerca suyo, Néstor Kirchner asumirá la presidencia pro témpore del bloque regional.

Hace dos años, en otro diciembre y en un Montevideo con Jorge Batlle en retirada, el patagónico juraba en el cargo que retomará el 9 mientras relojeaba cómo el bonaerense -asistido por Lula da Silva- copaba una oficina desde donde podría monitorear la Casa Rosada.

El efecto del 23/10 modificó aquel tablero. En 30 días, Kirchner reasumirá el mando formal de un Mercosur que tras la IV Cumbre intenta volver a caminar sin muletas. Y Duhalde empezará un repliegue -¿definitivo?- que usará para comenzar el boceto de sus memorias políticas.

• Foto

Eso sí: salvo que el Presidente se obstine una vez más en desafiar el protocolo y las formas, la cumbre del Mercosur podría regalar la foto más buscada de los últimos meses: Kirchner y Duhalde. Algo así como una postal de vencedores y vencidos.

Es más. Suena probable, incluso, que el santacruceño se permita un reconocimiento «póstumo» al caudillode Lomas por su aporte a la integración regional. En definitiva: le guste o no, fue un argentino el primero en quedar al frente del naciente comando del Mercosur.

Como gesto,
Duhalde al redactar las memorias de su interinato de año y medio como presidente podría ser menos puntilloso en los episodios donde actuó Kirchner: su negativa a ser jefe de Gabinete y, sobre todo, sus pataleos por las retenciones a las petroleras.

• Pulseada

Así y todo, hasta último momento Duhalde seguirá pulseando con su ex socio, en este caso para bloquear que Chacho Alvarez sea el próximo inquilino del ex Hotel Parque, donde están las oficinas del Mercosur. El lomense tiene un argumento: el cargo es rotativo y ahora le corresponde a Brasil.

En rigor, es una cuestión de recursos: el acuerdo de creación de la secretaría general incluyó una cláusula según la cual el país que designa al titular debe hacerse cargo de los gastos que demanda esa función. Ahora, por caso, las facturas llegan al despacho de
Rafael Bielsa.

Por ese motivo, ni Uruguay ni Paraguay pujan para designar a uno de los suyos. Entonces, sólo queda Brasil, que, por ahora, ni siquiera tiene un nombre firme: podría, en principio, quedar interinamente
Luiz Bernando Pericás, embajador brasileño ante la ALADI.

En esos escarceos -irrelevantes para las urgencias de los duhaldistas del conurbano-,
el informe que leerá cuando deje su butaca y la redacción final de un libro sobre la Comunidad Sudamericana que presentará en su cumbre de despedida dedica sus horas el bonaerense.

• Paternalismo

Entre sus soldados, que todavía esperan una jornada de autocrítica poselección, sólo reparte mensajes paternales, pero desinteresados de sus angustias. «Ya está. Hay que aceptar el resultado. Mi etapa concluyó: ustedes sigan», les dice sin señalarles para dónde correr.

Como nadie tiene hoja de ruta, ante el silencio del jefe, los duhaldistas decidieron postergar el retiro que harían el 12 de noviembre en las arenas de Necochea. Nada saludable, entendieron, podría surgir de un encuentro donde todos se recelan.

Con agenda completa,
Duhalde no quiere agotar sus horas en ese juego sin sentido. Por eso, hasta el día de entrega del mando pasará sus semanas en Montevideo -su última actividad será en Brasilia, el 21 y el 22 de este mes- con visitas de week end a su familia.

Quizá sus amigos, los que transitan la «carpa chica», puedan abordarlo en el verano. Pero entonces habrá otras urgencias: hace tres semanas firmó el contrato con una editorial (Sudamericana) y en marzo debe entregar los originales para mandar sus memorias a imprenta.

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