Duhalde vs. Kirchner por crisis policial
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La reunión entre Kirchner y Duhalde, ayer, cobijó en sus comentarios, pero especialmente en sus silencios y ausencias, todos los matices de una relación compleja, en la que se acumula -no hay quien no lo suponga- una tensión explosiva. Sólo el Presidente y quien fuera su padrino electoral saben qué profundidad alcanzó la charla (Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, fue testigo de la misma pero sólo estuvo un momento en el despacho, apenas para un saludo). Sin embargo, hay que descartar casi de plano cualquier tipo de intimidad en el diálogo: es difícil que Duhalde se sincere, sobre todo con Kirchner. Teme siempre por el temperamento de su sucesor, quien casi lo enfrenta a golpes de puño durante una reunión de gobernadores, cuando él ejercía la Presidencia.
Más allá de estos límites, el bonaerense comentó las expresiones de Béliz: «Es un muchacho que hace declaraciones altisonantes, que después generan problemas». Duhalde ya se había quejado del ministro de Justicia cuando comió con Kirchner en Lomas de Zamora, hace tres semanas, antes de partir de vacaciones hacia Italia y el Caribe. Es cierto, el Presidente también se molestó en aquel momento por la presencia de Juan José Alvarez en el área de Seguridad de la provincia, designación que precipitó la caída de Giacomino, a quien Kirchner identifica con el ex ministro de Justicia de Duhalde.
En el encuentro de ayer, que se produjo al cabo de una larga amansadora introducida por el Presidente (llegó a la cita casi una hora tarde), se trató de coincidir en la necesidad de no levantar la presión pública sobre un problema que ya de por sí es complicado: «Es todo muy sospechoso, hasta hay secuestradores que se niegan a cobrar el rescate», razonó Duhalde, con habilidades de experto en materia policial.
• Presa
Béliz fue la única presa de Duhalde en su visita a la Casa Rosada. No hubo, en cambio, palabras de censura para los dichos de Alberto Fernández (atribuyó a la relación con la Policía Bonaerense el enriquecimiento de muchos políticos del distrito; al parecer tiene datos desde su paso por el grupo Bapro durante la gobernación del propio Duhalde) ni de Aníbal Fernández, quien acusó a la dirigencia bonaerense, de la que él forma la parte más vocinglera, por los vicios de la fuerza de seguridad.
En cambio para Béliz la carga fue pesada: «No puedo aceptar que un señor que fue designado por decreto y que viajó en el tren de Cavallo después de haber viajado con Menem y se ponga a hablar mal de los políticos como que nosotros estamos haciendo la política con la plata mal habida de la corrupción y la delincuencia policial». (Un chistoso comentó al lado de Duhalde: «¿No sería mejor que no siga explicando de qué se queja Béliz?».) Seguía Quindimil: «Mañana le estoy pidiendo que dé nombres para que intervenga la Justicia o de lo contrario que el compañero Kirchner sea solidario con los dirigentes de la provincia que nos jugamos por él, porque es momento de que él se juegue por nosotros». Más explícito, imposible: Quindimil (Duhalde) le puso precio a la amistad del PJ bonaerense con Kirchner y ese precio es la cabeza de un ministro. Hay que consignar otro detalle. El intendente de Lanús y jefe del PJ bonaerense no creyó necesario pronunciar una palabra en defensa de Solá, el responsable último de la política de seguridad del distrito.
Sin embargo hasta anoche, en las inmediaciones del gobierno nacional, se daba por sentado que fue Kirchner quien hablaba por boca de Béliz. Sobre todo porque el miércoles de la semana pasada, delante del jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, y del procurador general de la Nación, Nicolás Becerra, el Presidente se quejó del gobierno bonaerense, a cuya abulia imputó el malestar de la clase media: «Solá no hace nada ni con la seguridad ni con los piqueteros y la cuenta la termino pagando yo», dijo Kirchner. Claro, el mandatario bonaerense también tiene a quien echarle la culpa. Deprimido y solitario, se queja de Alvarez, diciendo que «Duhalde me lo puso en el gobierno sabiendo que no tengo buena relación con él. Sólo espero que llegue el 10 de diciembre, a ver si asume como diputado y me deja las manos libres en el ministerio». La cadena de reproches sigue extendiéndose, igual que la de los e.mail que anoche volvían a convocar a un cacerolazo por la desprotección de la población ante el delito.




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