Duhaldismo sin Duhalde sueña con Lavagna 2007
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• Más objetiva, todavía, la decodificación de un dirigente que dijo, autocrítico, pero racional: «A Lavagna no le convendría demasiado pegarse a nosotros: necesita algo más amplio». De todos modos, como muchos otros, de esa boca floreció una sonrisa cuando Lavagna se despidió por cadena nacional vindicando la figura de Eduardo Duhalde que es, de algún modo, vindicarlos a todos ellos. Por allí, justamente, asoma la ilusión mayor emitida en forma de pregunta: «¿Y si Roberto y Macri terminan juntos? ¿Y si Duhalde está trabajando para que eso ocurra?». Esa expectativa se sostiene, con broches, sobre algunos datos: Duhalde siempre mantuvo buenos vínculos con los dos, y entre éstos no hubo, a pesar del nivel de exposición de ambos, cortocircuitos. Es más: Kirchner pujó hasta último momento para que Lavagna se pliegue a la campaña porteña para sostener a Rafael Bielsa, pero el ministro siempre le corrió el cuerpo.
• Charlas cerradas, casi secretas, porque en la casa merodeaban los «otros», dirigentes que ahora actúan como los promotores de la unidad total del peronismo con la condición, claro, de que los perdedores se arrodillen ante el ganador, Kirchner, y acepten sin chistar sus retos y sus castigos como si fuese un celador de colegio. En rigor, el Consejo del PJ lo preside José María Díaz Bancalari, el más activo promotor del reciclado de duhaldistas en kirchneristas. También otros hombres con esa tendencia como Hugo Curto.
• Otros, en cambio, no ocultan su desprecio por la Casa Rosada y sus formas. Revoloteaba, por allí, Mabel Müller y se regodeaba en un festejo íntimo Chicho Basile. Ambos figuran en la lista negra de Kirchner y hasta, haciendo revisionismo de folletín, algunos duhaldistas culpan a «la Müller» de haber sido la que incentivó a Chiche Duhalde para anotarse como senadora porque de otro modo, consciente de la negativa del patagónico a que la senadora vaya en las listas nacionales, ella no podría resistir -como resistirá- por cuatro años más en una banca del Congreso.
• Actuaron casi como un ejercicio de reanimación sobre un cuerpo desfalleciente las esperanzas que sembró Lavagna entre el duhaldismo sin destino posible con Kirchner.Y un resquicio para imaginar que podría, además, frenar el desbande de legisladores e intendentes -tan fluido que anteayer se sugirió «escrachar» en los medios a los que mudan de partido-. «Antes de pensar en para dónde ir, tenemos que saber cuántos somos. Estamos en dispersión y es, claramente, un problema dirigencial», comentó, anoche, un diputado escupiendo bilis contra Duhalde. Por lo pronto, reunidos por Bancalari, ayer se alinearon 18 de los 23 intendentes que consideran del lado del PJ. Cinco ausencias; sólo dos justificadas. Es decir: cinco bajas y el riesgo de que ese torrente sea incontrolable.




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