Duhaldistas pro K piden que Kirchner asuma jefatura PJ
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Néstor Kirchner, José María Díaz Bancalari y Mabel Müller
«El Presidente es el conductor natural del peronismo y, como tal, debería convertirse en presidente del partido», dijo el diseñador del artificio legal que le permitió a Kirchner gambetear, en 2003, una interna con Carlos Menem que, posiblemente, hubiese perdido.
Conlleva, además, un topetazo con sus vecinos de bloque Eduardo Camaño, Juan José Alvarez, Jorge Sarghini y Francisco de Narváez, que diez días atrás presentaron en sociedad el grupo El General como espacio crítico, fronteras adentra del peronismo, al patagónico.
De allí surgió un reproche a Bancalari que, 48 horas después, aprovecharon los duhaldistas K para respaldar al jefe del bloque, y además presidente del PJ bonaerense, y en la volteada manifestar su neokirchnerismo. Osvaldo Mércuri y Julián Domínguez jugaron esa carta.
Ayer se sumó Landau, que planteó que el peronismo de Buenos Aires debe « acompañar al gobierno nacional y, también, al provincial» de Felipe Solá. Un rato más tarde publicitó su realineamiento con Olivos otro ex duhaldista: el senador bonaerense Patricio García.
En todos los casos subyace una diferencia con Kirchner: hijos de la estructura del duhaldismo conciben al partido como el centro de su universo político y, por tanto, reclaman a los gritos que Kirchner sea coronado como jefe del PJ. Es lo mismo que dicen los gobernadores.
El patagónico, por lo pronto, deja actuar. Incluso, en su primera cita con Bancalari -luego de la elección del 23 de octubrele aseguró al titular de Peronismo Federal que se haría «cargo» del partido. Es decir: aceptaría el pedido para ser jefe del PJ.
• Guiño
Como un vendedor puerta a puerta, Kirchner suele decir lo que el otro quiere oír. Los peronistas le suplican que se haga cargo del partido (intervenido desde fines de 2005 por orden de María Servini de Cubría) y el Presidente les responde con un guiño: «¡Todo OK!».
Pero cuando eso no alcanza, el Presidente recurre a otras fórmulas. En persona se abocó a definir las comisiones claves del Congreso y en ese ejercicio minucioso tomó una decisión: ubicó a Oscar Rodríguez como vice de la Comisión de Seguimientos de Organismos de Inteligencia.
Rodríguez fue «Señor Ocho» de la SIDE durante el interinato de Eduardo Duhalde. Fue el segundo del rionegrino Carlos Soria, en aquellos días en que los Kirchner -Néstor y Cristina- denunciaron a «la casa» por presunto espionaje.
Es, además, un íntimo de Duhalde y esposo de la diputada chichista Mabel Müller, que ostenta el récord de haber registrado la mayor cantidad de críticas y las más agudas contra la postulación de Cristina Fernández como senadora nacional por Buenos Aires.
A pesar de eso, Kirchner sentó a Rodríguez como escolta de la tucumana Stella Maris Córdoba. ¿Logró, con eso, el Presidente que Rodríguez y Müller, ambos diputados, moderen sus críticas al gobierno y, puntualmente, guarden las uñas ante la ley Cristina? En febrero se sabrá.
Otro dato: en diciembre, el intendente de Presidente Perón (municipio de Rodríguez-Müller), Aníbal Regueiro, se presentó ante Oscar Parrilli para declararse kirchnerista. Fue, en teoría, un desafío a 0su ex jefe que, vueltas de la vida, ahora ocupará un cargo hipersensible en Diputados.



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