Néstor Kirchner arrancó anoche con un discurso que intentaba capturar el voto propio del peronismo como el de la ex Alianza. Aprovechó para pronunciarse en contra de la guerra de Irak -ya parte de las campañas- y aludir a la recuperación de las islas Malvinas en el aniversario que se conmemoraba.
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El candidato dijo que «los hombres que no aman a sus hijos y no están a la altura de la historia, nunca más tienen que representar a la Argentina» y que se sentía « cansado de los discursos tribuneros que hablan de Perón y de Evita y cuando llegan al gobierno se olvidan de los conceptos que nos dejaron Perón y Evita».
El gobernador dijo que venía «con la fuerza de los vientos del Sur» y que se sentía «con toda la capacidad para conducir el país» y que por eso «no se van a encontrar con un presidente que ante el primer problema renuncia y se escapa en helicóptero». Esta inflamación se vio por televisión con un detalle inoportuno. Esas gesticulaciones asustan al voto moderado que ve estos actos desde su hogar. Resultó más agradable la alocución de Daniel Scioli, quien fundamentó sus ideas con un tono tranquilo, que le valió ser felicitado por sus pares cuando concluyó el mismo. También anoche, a la misma hora, otro canal transmitía un pausado reportaje a Carlos Menem.
Sobre la guerra en Irak, Kirchner sostuvo que «los argentinos no queremos hacer buenos negocios con las manos llenas de sangre», en relación con a la postura con los Estados Unidos durante la primera Guerra del Golfo y que «queremos ser solidarios con los pueblos del mundo. Queremos el respeto a las Naciones Unidas y a la autodeterminación de los pueblos».
Para terminar, criticó la convertibilidad al estilo de una publicidad de campaña sobre que «con el uno a uno nos fuimos quedando uno a uno sin trabajo...».
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