7 de abril 2003 - 00:00

El duhaldismo, cruel, pide ahora un milagro

"Yo le pido a Dios, que hace milagros...", arrancó la frase Manuel Quindimil con un balbuceo áspero, y el pánico se adueñó del auditorio que, en malón, sonrió nervioso al imaginar un trágico blooper verbal del veterano peronista suplicando a las alturas el triunfo de Néstor Kirchner.

Pero no; Quindimil sorteó el papelón. «Yo le pido a Dios, que hace milagros... -carraspeó por segunda vez y completó-, que saque a la Argentina de la crisis.» Fue un instante de angustia para la selectiva audiencia de caciques bonaerenses reunida por Eduardo Duhalde el viernes último en San Vicente.

Más que los toreos del presidente a Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá (al primero lo castigó con el slogan «Menem lo hizo», al segundo lo tildó de «fugitivo»), la anécdota Quindimil fue el registro más cruel del ánimo que reina en el PJ bonaerense en torno a Kirchner, el candidato designado.

La cumbre que Duhalde pensó como retiro espiritual para insuflar a su peronismo de la mística Kirchner mostró, sin embargo, hasta qué punto el duhaldismo sospecha de las chances del santacruceño.

¿Qué otro motivo que ese pensamiento único pudo llevar a los presentes en San Vicente a imaginar ese comentario en boca de Quindimil? La versión optimista la dio, risueño, un PJ histórico: «Que nadie diga que el duhaldismo no tiene unidad de concepciones».

Fue el secretario general de la Presidencia, José Pampuro quien le advirtió la semana pasada a Duhalde sobre esa presunción oscura: lo convenció de armar un encuentro antes de su gira internacional y hasta perfiló la áspera línea discursiva que el Presidente desplegó en San Vicente.

Pampuro
, que agitó la candidatura «natural» de Kirchner cuando ese mote pesaba todavía sobre José Manuel de la Sota, suele mostrar signos de realismo político, a veces escasos en otros despachos duhaldistas. «Los muchachos están muy quietos, hay que moverlos para garantizar la provincia», le dijo a Duhalde.

El miércoles,
Pampuro logró el OK presidencial y convocó al encuentro de San Vicente. La concurrencia menor que la esperada en River -que forzó una queja de Daniel Scioli a Olivos- y ausencias notorias en ese acto como la del matancero Alberto Balestrini (que el viernes seguía de descanso en Villa Gesell) terminaron de convencer a Duhalde.

Por eso, el Presidente supuró su imparcialidad, se convirtió en el jefe de campaña del santacruceño y rogó a los jefes del PJ bonaerense que
peleen «voto a voto» para que Kirchner saque, en la provincia, 6 puntos de ventaja.

• Apoyo

Duhalde ansía que, a pesar del recelo que caciques y caciquejos tienen hacia Kirchner, en el último tramo de la campaña apoyarán a su candidato. «Si pierde Kirchner, todos perdemos», fue el argumento firme, casi amenazante, que circuló el viernes entre los asistentes a San Vicente.

En Mar del Plata, el sábado a la noche,
Felipe Solá explicitó la demanda. «Lo que se está pidiendo (a los jefes del PJ bonaerense) es una actitud militante que permita definir lo que las encuestas dicen, que Kirchner va primero en las encuestas», se confesó el gobernador.

Conoce bien Solá esa angustia: los 6 puntos que reclama Duhalde representan unos 400 mil votos, cifra que en 1999 le permitió a
Carlos Ruckauf -con Solá de vice- derrotar a Graciela Fernández Meijide en la lucha por la gobernación.

«Con eso, más los 15 puntos que sacamos de diferencia en Capital Federal, estamos primeros en el ballottage»,
se embalan, confiados, los hombres del Presidente.

Pero ahora -siempre según los cálculos duhaldistas-, esa virtual diferencia bonaerense sólo serviría para compensar la baja performance de Kirchner en el país interior:
el Norte bendice a Menem; y la región cuyana -excepto Mendoza-, más el sur de Córdoba, a Rodríguez Saá.

Surgió, además, un problema extra:
el santacruceño tuvo que retocar su agenda en desmedro del conurbano -suspendió un acto en Ensenada- para caminar la Patagonia, territorio que considera propio, pero que se complicó en los últimos días. Por eso, hoy estará en Chubut.

Algo similar ocurre con Santiago del Estero.
Carlos Juárez prometió arrastrar sus votos hacia el candidato oficial. Pero, esta semana, Kirchner recorrerá tierras santiagueñas quizá para despejar el rumor de un entendimiento entre Juárez y el menemismo.

Recién a mitad de semana, el santacruceño volverá a caminar el conurbano. El miércoles encabezará dos actos en territorios hoy gobernados por la oposición: Morón y Quilmes. En este mitin, además de
Aníbal Fernández, ganador de la última interna PJ, estará Quindimil. Quizá no lo dejen hablar.

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