3 de septiembre 2001 - 00:00

El gobierno atribuye la ira de Alfonsín a su riesgo electoral

Fernando de la Rúa intentó este fin de semana despejar las dudas que se vienen estableciendo sobre su capacidad para conducir el proceso político. Esa incertidumbre tiene una usina principal en la casa de Raúl Alfonsín: a la novela del «gobierno de unidad nacional» se le agrega allí un capítulo cada día y el ex presidente parece haber entrado ya en el terreno operativo, manteniendo reuniones con peronistas proclives a convivir con el gobierno, tipo Carlos Corach -el ex ministro sigue alimentando con su oficialismo la versión que difunden los senadores que no lo quieren: que premiarán sus oficios con la embajada en París-y pidiendo la renuncia del ministro de Economía. Esos movimientos se observaron ayer minuciosamente en la casa presidencial: colaboró con la tarea de los estrategas la visita de Anatoli Karpov y Victor Korchnoi, a quienes el primer mandatario recibió en su calidad de ajedrecista y, por lo tanto, colega.

De la Rúa analizó durante el mediodía del sábado cuál sería la estrategia más adecuada para manejar los arrebatos de disidencia de Alfonsín. Concluyó en que lo mejor que podía hacer era tratar al jefe de su partido con tono terapéutico, casi misericorde, es decir, con el temperamento que se tiene con alguien que está peleando a brazo partido por no perder una elección demasiado comprometida. El Presidente lo sugirió en un reportaje que se publicó el domingo: atribuyó las posturas muy duras respecto del gobierno a que se ha ingresado en el período proselitista dirigido a los comicios del 14 de octubre.

Cariño

Por lo demás, trató a su adversario interno casi con cariño, acaso siguiendo la táctica de Juan Pablo Baylac, quien se extrañó de que «Alfonsín colabore tan poco con gente a la que quiere, como es mi caso». Baylac sabe de sobra que no cuenta con el afecto del ex presidente, otrora su jefe político.

Consciente de que las quejas de Alfonsín y de otros bonaerenses como Leopoldo Moreau o Raúl Alconada pueden ser interpretadas como un síntoma de su propia debilidad, De la Rúa se encargó de desmentir dos de las principales propuestas de ese bloque interno: habrá plebiscito (desautorizó así a Ramón Mestre) y no será convocado Duhalde al gobierno.

Por detrás de las palabras de De la Rúa, en Olivos se elaboraron ayer distintas explicaciones y réplicas a las quejas de Alfonsín. La primera es electoral: los principales contertulios del Presidente explican que «Raúl está muy preocupado y hay que comprenderlo, porque no le va bien en la campaña. Hay lugares del conurbano donde (el padre Luis) Farinello ya lo superó». Aun así, nada indica que el viejo caudillo de Chascomús sepa cuidar sus propios intereses: ¿le sirve alimentar la crisis económica para captar votos del electorado independiente? Seguramente no.

El otro argumento que se escuchó ayer en la presidencia tiene que ver con la historia. Un memorioso -sobran en la UCR-que pasó la tarde en la residencia presidencial comentó ante este diario: «En 1983 Alfonsín hizo toda la campaña electoral apuntando a los gremialistas, a los que identificaba con la dictadura con aquello del pacto sindical-militar. Pero tres años después los incorporó al gobierno con Carlos Alderete, sin pedir autorización ni siquiera consultar al partido.

Más allá de estos reproches retroactivos, en el gobierno se analizaba ayer la movida de Alfonsín como un ejemplo de su desactualización. Para el delarruismo, la idea de desembarcar con Duhalde en el gobierno podría ser una hipótesis razonable si no se alcanzaba un acuerdo con el Fondo (como supuso más de un radical bonaerense). Para Alfonsín, Moreau, el propio Duhalde, esa dificultad lo obligaría a Cavallo a devaluar y, una vez hecho ese «trabajo sucio», se lo desplazaría para que el PJ bonaerense tome el poder. «Ahora, cuando acabamos de cerrar un entendimiento con los organismos de crédito, todo ese grupo quedó desenfocado y parece seguir con su planteo sólo por reflejo condicionado», concluyó uno de los funcionarios que más frecuentan al Presidente.

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