El menú que el duhaldismo evalúa para "el día después"
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Cristina Kirchner
• Entre 20 y 25 puntos. No es lo mismo 21 que 24, pero dentro de ese rango, el PJ bonaerense lograría soportar el huracán K y perdurar como un bloque con identidad e independencia, con fuerte incidencia en la Legislatura bonaerense y presencia en la Cámara de Diputados nacional, y allí para pelear por la jefatura del cuerpo. Igual, forzaría una «evolución» porque obligaría a modificar algunas reglas de funcionamiento. Otra consecuencia sería el surgimiento de una conducción colegiada -Eduardo Camaño, Cacho Alvarez, Jorge Sarghini, Julián Domínguez, Juan José Alvarez, Jorge Villaverde, entre otros- sin el control que impone Duhalde, para iniciar la reconstrucción del «espacio». En boca de un duhaldista: «Con ese resultado, queda bien el duhaldismo, pero no Duhalde, que deberá reconocer a los que peleamos la elección». Es decir: un duhaldismo sin Duhalde. ¿El vínculo con el gobierno? Mantener un rol opositor, pero un vínculo institucional. En voz alta, nadie concibe la alternativa de una negociación posterior, aunque en el peronismo existe «la verdad número 21» según la cual «los perdedores corren en auxilio de los ganadores».
• Más de 25 puntos. En este caso, además de un revés para Néstor Kirchner, el resultado arrojaría una «victoria» cuya propiedad sería de Duhalde -que continuaría como jefe único del PJ bonaerense- y de Chiche Duhalde, que podría aspirar a convertirse, la noche misma del 23, en aspirante a gobernadora para suceder a Felipe Solá en 2007. Ese resultado, según entienden operadores del PJ, supondría un éxito electoral (al menos comparado con lo que proyecta el gobierno), aunque algunos duhaldistas -no para todos, claro- le ven un costado resbaloso: la elección no habrá servido como alerta sobre la necesidad de un « aggiornamiento» en el peronismo de Buenos Aires que se advirtió con las tres derrotas de Duhalde: la de 1997, con su esposa contra Graciela Fernández Meijide; la de 1999, de él mismo contra Fernando de la Rúa; y ésta de 2005, con Chiche contra Cristina Fernández.
Como anexo a estas proyecciones, a los escenarios 2 y 3 hay que agregarle un factor adicional: la incidencia de Luis Patti. El ex intendente de Escobar, según estiman los duhaldistas, terminaría aportando entre 30% y 40% de los votos que obtiene la ex primera dama.
Eso lo convierte, confiesan, en un «asunto» para analizar el día después. Salvo ante una derrota estruendosa, Patti debería ser parte de la mesa grande del posduhaldismo como segmento de ese espacio a pesar de la resistencia que genera el ex subcomisario en sectores dirigentes del PJ. Pero, propietario de semejante caudal de votos -y de los diputados que implique ese caudal de votos-, Patti no podría ser ignorado por el duhaldismo, con Duhalde o sin él, según admiten los que trabajan en la campaña con un ojo puesto en la mañana del 24 de octubre.




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