9 de noviembre 2004 - 00:00

En 60 días reforma en gabinete, dicen

A Néstor Kirchner no le gustan mucho los cambios. Prefiere malo de confianza que bueno por catar. Pero se cree que hacia el 10 de diciembre haría cambios en el gabinete nacional. Muy pocos. Se habla de un solo ministro, el canciller Rafael Bielsa, si lo necesitan como candidato en la Capital Federal (Bielsa se resiste porque en encuestas -en las serias-mide poco). El resto sería a nivel secretarías. Se trataría de Cultura (hoy Torcuato Di Tella), Energía ( Daniel Cameron) y la Secretaría General (Oscar Parrilli). Habría una cuarta. Siempre en versión, los reemplazos se dispondrían entre diputados que "actuaron bien"; obvio, con el oficialismo.

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Las presiones del kirchnerismo para cambiar la conducción de la Cámara de Diputados en diciembre ya dejaron lugar a otro juego político: saben que Néstor Kirchner analiza cambios en el gabinete nacional y algunos pueden acceder, al menos, a alguna Secretaría de Estado. Los peronistas más cercanos a la Casa Rosada ya no hablan de una salida de Eduardo Camaño de su puesto -ahora se consideran bien representados, aunque declaran que «puede haber algún kirchnerista que en su afán de ocupar ese lugar lo quiere afuera»- y menos aún de José María Díaz Bancalari: «Se ha demostrado que el bloque defiende al gobierno y por eso bajó la presión. Nosotros mostramos fuerte identificación de grupo sólo cuando había que mostrarla», dicen. Por el contrario, ahora esperan que si hay cambios en el Congreso será porque alguno de ellos suba al Poder Ejecutivo.

Las expectativas del kirchnerismo legislativo están ya puestas en ese lugar y momento: los cambios del gabinete nacional que esperan para el 9 de diciembre. Siempre en privado, como les gusta hablar a los funcionarios y legisladores del actual gobierno, lanzaron la nueva consigna de la presidencia Kirchner: mejorar la calidad institucional de algunos cargos actuales en el gabinete. Eso significa en lenguaje llano: un cambio de caras en áreas que el Presidente considera que no funcionan y la esperanza de que sean ocupadas por algún diputado actualmente en mandato. Ese es el principal trabajo hoy del kirchnerismo en el Congreso.

• Rebelión

Ante semejante tarea no llamó la atención de que, incluso, fuera disimulado el conflicto que se generó el miércoles pasado, cuando parte del duhaldismo y otros peronistas independientes se negaron a votarle el artículo de superpoderes al gobierno. Uno de los más cercanos del Presidente en Diputados lo resumió a este diario: «Después del otro día todo quedó bien. Hay un duhaldismo extremo que votó en contra, un duhaldismo respetuoso que se abstuvo y otro colaborador. Pero estaba acordado cada tercio que componía este duhaldismo. De manera que la votación nunca estuvo comprometida. De hecho tienen razón en algunas cosas. Reconozco que hay que tener fe ciega en el gobierno para votar ese artículo». Es decir, para el oficialismo hasta fue una rebelión justificada.

Con una gimnasia internista salvaje, que comienza a parecerse demasiado al menemismo, los cargos sujetos a recambio ya se están jugando. «Hay áreas que no andan del todo bien. Areas vinculadas a la cultura o a la energía. Ahí el Presidente ve baja calidad institucional de funcionarios», pontifican.

Es claro que esos cambios, sumados a dos ministerios que consideran en danza, más la Secretaría General de la Presidencia, podrían terminar produciendo sobresaltos en el Congreso si Kirchner, como sus diputados aspiran, usa su bloque como cantera de funcionarios. Pero hoy esos posibles enroques parecen ser lo de menos.

En el juego de las incógnitas -en este punto todavía les falta algo de ejercicio a los kirchneristas para emular a otras líneas del PJ-dan por sustituido a
Oscar Parrilli de la Secretaría General: «Por la seguridad del Presidente están echando a todos los jefes militares, es lógico que se hable también del que les da la orden», dicen apelando a un razonamiento que ya lleva un mes en la calle.

Otro acertijo:
«Algún ministro importante puede reemplazar a alguien que va a ser diputado», dicen jugando con las elecciones de la Capital Federal.

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