• Con Putin, Kirchner tiene que enmendar otra anécdota antipática: cuando lo dejó plantado en un aeropuerto donde había una escala en el viaje a China del mandatario argentino. Kirchner y quienes lo asesoran se lamentan del desaire; sin necesidad, el país quedó mal con un gobierno principal, gobernado además por un hombre que administra con un estilo muy parecido al del santacruceño.
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Heredero de los zares y de la nomenklatura (de la que formó parte, como Kirchner del peronismo de los últimos 25 años), Putin tiene modos imperiales, viaja con dos aviones llenos de gente y de guardaespaldas, y tiene una manera de acumulación de fuerza que no extrañaría en la Argentina (es el único que hace política y al que no le guste que se atenga a las consecuencias. ¿Negocios? Los que quieran, pero no se metan en política, es el mensaje de Putin). ¿Qué pide Putin? Que la Argentina les abra las puertas a inversiones rusas porque la balanza comercial es muy desfavorable para Moscú. Rusia es consumidor de productos argentinos, pero quiere intervenir en negocios de petróleo e infraestructura, y compensar el desequilibro que llega a los u$s 400 millones anuales. Putin no quiere tanto que le compren productos rusos como que se abran las carpetas de De Vido a sus intereses.
• Lo de Chávez es para cumplir. El bolivariano va a Buenos Aires cuando quiere, usa el Salón Blanco, agarra micrófono, le da lecciones en público al gabinete y lo hace transmitir por TV, lo compromete al Presidente más allá de lo que le gusta a éste y encima lanza imágenes al mundo que no gustan en despachos de este país. Chávez más se te mete que otra cosa, es el comentario de la delegación. Porque para hablar no hay mucho, el fueloil que vende Venezuela es caro, el sueño de la asociación petrolerase ha traducido hasta ahora en dos estaciones de servicio. Lo demás, que son las compras y canjes de productos, no hacen necesario perder tiempo, que es carísimo, en Nueva York.
• Como el cargo del presidente Eduardo Rodríguez es sólo para terminar un mandato, todo lo que la Argentina tiene con Bolivia, y es mucho, depende del próximo gobierno. La amenaza de una crisis energética, por más que se sueñe con fuentes alternativas o soluciones ingeniosas pero a largo plazo (como terminar Atucha II), sólo se disipa si se puede acceder de manera rápida a los yacimientos gasíferos de ese país. Una inversión que puede llegar a los 4 o 5 mil millones de dólares en el mediano plazo sólo puede emprenderla el club de petróleo, que está instalado en ese país con una base jurídica y política que hoy no existe. Baqueanos en entenderse con árabes, chavistas y caciques euroasiáticos, los petroleros no se amilanan ante un Evo Morales, el líder cocalero, que ha impedido los planes de Bolivia de exportar petróleo según protocolos como los que rigen hoy allí, anteriores a la era del nacionalismo petrolero que vivió en el siglo pasado el resto del continente. Pero se entusiasman más cuando ven encuestas que dicen que el centrista «Tuto» Quiroga está por encima de Evo en las encuestas.
• Con el mismo entusiasmo de esos petroleros llegan a la reunión de mañana Kirchner y De Vido. En la carpeta llevan otro preacuerdo -un tratado definitivo se haría con un nuevo gobierno-para que la actual administración trate de adelantar algún compromiso de los candidatos para respetar las actuales conversaciones con la Argentina. El gobierno cree que con eso se adelantaría casi un año la concreción del demorado gasoducto que pagaran Techint, Repsol y el Estado a un valor de cerca de 700 millones de dólares y que en 2008 podría resolver los problemas energéticos que tiene hoy la Argentina a la vista. Es decir que con una agenda más chica, las cuestiones que hablarán hoy Kirchner y Rodríguez están en el centro de las preocupaciones de los dos mandatarios.
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